Frecuencia de compra.
Cuántas veces te compra un cliente en un periodo. Es el multiplicador del LTV que casi nadie tiene calculado, y el único número de retención que se convierte directamente en una fecha del calendario.
La frecuencia de compra es el número de veces que un cliente compra en un periodo dado. Se calcula dividiendo los pedidos del periodo entre los clientes distintos que compraron en ese mismo periodo: 2.200 pedidos entre 1.000 clientes son 2,20 pedidos por cliente y año.
También: purchase frequency · frecuencia de pedido · pedidos por cliente
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
Vuelven, vale. ¿Cuántas veces?
La recompra contesta una pregunta binaria: de los que te compraron una vez, cuántos volvieron. Sí o no. La frecuencia de compra contesta la siguiente, que es la que mueve la caja: cuántas veces vuelven.
Se saca dividiendo los pedidos de un periodo entre los clientes distintos que compraron en ese mismo periodo. Si en doce meses cerraste 2.200 pedidos entre 1.000 clientes, tu frecuencia es de 2,20 pedidos por cliente y año. No es un porcentaje ni un ratio de conversión: es un contador.
Existe porque sin ella no hay LTV. En un negocio transaccional el valor de un cliente es ticket medio por frecuencia por años de vida, y esos tres números se multiplican, no se suman. Si te falta el del medio estás valorando al cliente por la primera compra, que es justo la más cara de todas: es la única que has pagado entera en captación.
Y el malentendido que crea es el de cualquier media. Dos ecommerce con exactamente la misma frecuencia de 2,20 pueden tener negocios opuestos por dentro. En uno, casi todo el mundo compra dos o tres veces. En el otro, siete de cada diez compran una sola vez y un puñado de fanáticos levanta el número de toda la empresa.
220 pedidos entre 100 clientes que compraron. La mayoría vuelve al menos una vez y nadie sostiene la media solo.
220 pedidos entre 100 clientes que compraron. Siete personas levantan el número de toda la empresa.
Los dos repartos son inventados a propósito para que salga la misma media, y por eso se ven bien las consecuencias: a la izquierda repite el 66% de los clientes; a la derecha, el 29%, y el 7% más fiel aporta el 42% de los pedidos. El de la izquierda tiene un negocio de clientes. El de la derecha tiene siete clientes y una lista de correo, y una sola baja de ese grupo se le nota en la cuenta de resultados del mes siguiente.
Dos números, y la ventana correcta.
Frecuencia de compra = pedidos del periodo ÷ clientes distintos que compraron en ese periodo. La discusión nunca está en la división: está en qué metes arriba y a quién cuentas abajo.
Arriba van pedidos cerrados. Fuera se quedan los cancelados, los devueltos enteros y los pedidos de prueba de tu propio equipo. Si vendes por suscripción, cada cargo cuenta como un pedido; si cuentas un contrato como una sola compra no estás midiendo frecuencia, estás midiendo altas.
Abajo van los clientes que compraron en esa ventana, no los que tienes en la base de datos. Es el fallo que más veces pone la métrica del revés: dividir 2.200 pedidos entre los 9.000 registros del CRM da 0,24, y eso no es una frecuencia, es un porcentaje de activación disfrazado. Cualquier resultado por debajo de 1,00 es la señal de que el denominador está mal.
La ventana manda sobre el resultado más que ninguna otra decisión. Doce meses es el estándar porque absorbe la estacionalidad entera. Pero si tu ciclo natural de compra es de nueve meses —un colchón, una revisión, un recambio—, medir a 90 días te va a devolver un 1,00 clavado y la conclusión falsa de que aquí no repite nadie. La ventana tiene que ser más larga que el ciclo, nunca más corta.
Y hay un matiz que cambia el número: medido por periodo, cada cliente nuevo que entra en diciembre entra con un pedido y tira la media hacia abajo justo cuando mejor te está yendo la captación. Medido por cohorte —los que compraron por primera vez en enero, seguidos doce meses—, cuesta más de sacar y es mucho más difícil de discutir en una reunión.
Lo que enseña el dibujo es por qué esta métrica se pelea antes que casi ninguna otra: es un multiplicador. Con un ticket medio de 48 € y un cliente que dura dos años, pasar de 1,2 a 2,2 pedidos al año no sube el valor del cliente un poco, lo sube de 115,20 € a 211,20 €. Y como el techo de lo que puedes pagar por captarlo es un tercio de ese valor, tu CAC máximo pasa de 38,40 € a 70,40 €. A 3,0 pedidos, el cliente vale 288,00 € y el techo son 96,00 €.
Ahí está el premio de verdad, y no es ganar más por cliente: es poder pujar más caro que tu competencia por el mismo clic y seguir siendo rentable. De los otros dos factores, los años de vida media del cliente los decide el churn y se mueven despacio. La frecuencia es la que se trabaja este trimestre.
Un número que se convierte en una fecha.
La frecuencia no se mira, se divide. 365 entre tu frecuencia anual da el hueco medio entre dos pedidos del mismo cliente, y ese hueco es lo que pone el aviso en el calendario.
Con 2,2 pedidos al año, tu cliente medio vuelve cada 166 días. Eso significa que el correo tiene que salir sobre el día 124 y no el 200: si esperas a pasar el hueco medio, ya has perdido a la mitad de los que iban a volver solos y estás pagando un cupón por gente que no lo necesitaba. A 1,2 pedidos el hueco es de 304 días y el aviso cae el día 228. A 4,0, el hueco baja a 91 y el aviso al 68. Tres cuartos del hueco no es una ley: es la forma de llegar antes de la duda, que es cuando la compra todavía es natural.
Ese es el trabajo entero de la reactivación. No es un descuento genérico a toda la base: es un mensaje que sale en la ventana correcta. Y es la vía barata, porque cada recompra sale más barata que un cliente nuevo por anuncios. Hemos visto un ecommerce basar su modelo de crecimiento entero en el email y crecer x2 mensual sin depender de subir presupuesto.
¿Y qué frecuencia es buena? Depende de tu categoría y no hay tabla que valga: no se compra un colchón como se compra café. La referencia que sí se puede usar es la de la puerta de entrada, la recompra: por debajo de un 20% a 90 días, el número pide revisión. Tu categoría manda sobre eso. Pero si hoy no puedes decir el tuyo con un número real y no a ojo, esa es la primera tarea, y va antes que cualquier campaña.
Una última advertencia sobre la palanca de al lado. Subir el ticket medio con un order bump es más rápido que subir la frecuencia, y por eso es lo primero que propone todo el mundo. Pero el upsell aumenta el valor de la compra, no el valor de la venta: el objetivo sigue siendo vender bien y que esa persona vuelva. Y una frecuencia que sube a base de cupón no es un cliente más fiel, es el mismo cliente comprando antes y con menos margen — lo que empeora tu payback mientras el informe mejora.
Se calcula en tu navegador. No se guarda ni se envía nada.
Cuatro formas de tener el número y usarlo mal.
Leer la media y no el reparto
Un 2,20 puede ser un negocio en el que dos de cada tres clientes vuelven o uno en el que siete de cada diez compran una sola vez. La media es la misma y la empresa no. El número solo sirve acompañado del reparto: cuántos compraron una vez, cuántos dos, cuántos tres o más. Sin eso estás dirigiendo una foto de grupo.
Dividir entre la base de datos entera
Abajo van los clientes que compraron en la ventana, no los registros del CRM ni los suscriptores de la newsletter. Meter a los que no compraron convierte la frecuencia en otra métrica distinta, la mezcla con la activación y deja un número menor que 1,00 que ya no significa nada.
Comprarla a golpe de cupón
El descuento sube la frecuencia el primer trimestre y luego te pasa la factura. Nos hemos encontrado una marca premium que levantaba ventas con descuentos del 70-90%: sin cupón activo, la gente dejaba de comprar directamente. Se arregló cerrando los cupones grandes con un comunicado y dejándolos en un 5-10% puntual. La política de descuento la decide dirección, no el que toca el CRM ese día.
Una sola frecuencia para todo el catálogo
Un catálogo mezcla consumibles con productos que se compran una vez cada tres años. Promediarlos da un número que no describe a ningún cliente real y que nadie puede usar para decidir cuándo escribirle. Se parte por familia de producto o por segmento, igual que la retención: una media de dos comportamientos distintos no es un dato, es un promedio.
Lo que se pregunta sobre frecuencia de compra.
¿Cómo se calcula la frecuencia de compra?
Frecuencia de compra = pedidos del periodo ÷ clientes distintos que compraron en ese mismo periodo. La ventana estándar son doce meses, porque absorbe la estacionalidad. Con 2.200 pedidos y 1.000 clientes salen 2,20 pedidos por cliente y año. Si el resultado baja de 1,00 es que abajo has puesto la base de datos entera en vez de los clientes que compraron.
¿Qué diferencia hay entre frecuencia de compra y tasa de recompra?
La tasa de recompra es binaria: qué porcentaje de tus clientes vuelve a comprar al menos una vez. La frecuencia de compra es un contador: cuántas veces vuelve el que vuelve. Puedes tener una recompra del 30% y una frecuencia de 1,4 o de 3,8, y son dos negocios distintos con la misma tasa de recompra.
¿Qué frecuencia de compra es buena?
Depende de la categoría y no hay tabla que sirva: no se compra un colchón como se compra café. La referencia utilizable está en la puerta de entrada: una recompra por debajo del 20% a 90 días pide revisión, y tu categoría manda sobre ese número. Lo que no es aceptable en ninguna categoría es no saber el tuyo con un dato real.
¿Cada cuánto tengo que mandar el correo de recompra?
Divide 365 entre tu frecuencia anual y tienes el hueco medio entre dos pedidos. Con 2,2 pedidos al año son 166 días, así que el correo sale sobre el día 124: tres cuartos del hueco. Si esperas a pasar el hueco medio, ya has perdido a la mitad de los que iban a volver solos y acabas pagando un descuento por gente que no lo necesitaba.
Los que hacen falta para usar este.
Si los clientes se quedan o se van, y cómo se mide eso sin engañarse.
El porcentaje de compradores que vuelve a comprar. Separa un negocio con LTV de una máquina de captar desconocidos una y otra vez.
Porcentaje de clientes que se van cada mes. La fuga que decide si un SaaS compone o se vacía.
Facturación ÷ número de pedidos o clientes. Junto al margen, fija tus umbrales de inversión.
Vender producto por internet con catálogo, cesta y checkout. Los números que lo gobiernan no son los del embudo B2B: mandan el ticket, el margen por referencia y cuántas veces vuelve el mismo cliente.
La parte de la facturación recurrente que se va cada mes, no la de los clientes. Perder al 5% de la cartera duele muy distinto según quién estuviera dentro de ese 5%.
Cuánta de tu facturación depende de tus mayores clientes. Con tres que pesen la mitad, una baja no es churn: es un agujero.