Volver a vender a quien ya se fue.
Reactivar es traer de vuelta al cliente que dejó de comprar. Ya tienes su dato, su permiso y la prueba de que te compró una vez: por eso sale más barato que captar, y por eso casi nadie lo tiene montado como campaña fija.
La reactivación es la campaña que vuelve a traer a un cliente que ya compró y dejó de hacerlo. Se dispara sobre una ventana medida contra el ciclo de compra propio, no contra un calendario fijo, y se decide por el motivo por el que ese cliente se fue.
También: win-back · reactivación de clientes inactivos · reengagement
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
El canal más barato que tienes ya te compró una vez.
Reactivar es volver a vender a alguien que ya te compró y dejó de hacerlo. No es captación con otro nombre: en captación pagas por que alguien te conozca, y aquí ya te conoce, ya te dio su dato, ya te dio permiso para escribirle y ya pasó por tu checkout una vez. Cada recompra sale más barata que un cliente nuevo por ads, y esa diferencia no viene de una técnica: viene de todo lo que no tienes que volver a pagar.
El malentendido más común es meterlo en el mismo saco que la recompra y que el carrito abandonado. Son tres cosas distintas y se disparan en tres momentos distintos. El carrito se recupera en horas, sobre alguien que estaba comprando hace un rato. La recompra trabaja sobre quien sigue dentro de su ciclo. La reactivación empieza justo donde las otras dos ya han fallado: el cliente lleva fuera lo suficiente como para que nadie en tu empresa se acuerde de él.
Ahí está la razón de que casi nadie la tenga montada. Un cliente que se va no avisa. No hay una baja, no hay un correo de cancelación, no hay una alerta. Simplemente deja de aparecer, y como el churn silencioso no hace ruido, la conversación de dirección se queda entera en la parte de arriba del embudo. La retención se defiende con producto y con servicio; la reactivación es lo que se hace cuando esa defensa ya no llegó a tiempo.
Y no es un envío: es una campaña con lista, con criterio de entrada y con responsable. Lo que decide si funciona no es el asunto del correo, es a quién le llega y con qué motivo.
Primero la lista. El mensaje va después.
Se monta en dos cortes: cuánto hace que no compra y cuánto vale. Los dos salen de datos que ya tienes, y ninguno de los dos es una fecha redonda del calendario.
El primer corte es la frecuencia de compra. Coge la mediana de días entre pedidos de tus clientes que han comprado más de una vez —la mediana, no la media, porque cuatro clientes raros te desplazan la media y no te desplazan la mediana— y esa es tu unidad. Todo lo demás se mide en múltiplos de ella. Si tu ciclo son 60 días, alguien que lleva 70 no está perdido: va tarde. Alguien que lleva 180 lleva tres ciclos sin aparecer, y eso ya no se arregla con un recordatorio.
Los múltiplos los fijas tú y no hay una ley: lo que no vale es la ventana de 90 días que usa todo el mundo, porque para un negocio con ciclo de 15 días llega seis ciclos tarde y para uno con ciclo anual llega antes de que el cliente haya hecho nada raro. Lo que sí es exigible cada semana es el porcentaje de recompra a 30-90 días, y una recompra por debajo del 20% a 90 días pide revisión. Tu categoría manda sobre ese número, pero si no lo tienes delante no sabes ni cuánta gente hay dentro de la ventana.
El segundo corte es el valor. Un cliente que gastaba el triple de tu ticket medio y otro que compró una vez el producto de entrada no son el mismo problema, aunque los dos lleven 200 días sin aparecer. Cruzar los dos cortes te deja cuatro cajas, y cada caja tiene una respuesta distinta —incluida la de no hacer nada.
Es la lista corta y la que paga la campaña entera. Aquí no va una plantilla: va un correo de una persona con nombre preguntando qué pasó.
Está comprando. Meterlo en una campaña de reactivación es recordarle que podría dejar de hacerlo, y encima con un descuento delante.
Volumen suficiente para que un flujo se pague solo y valor por cabeza demasiado bajo para dedicarle horas. Aquí sí es una secuencia.
El trabajo aquí es subir la frecuencia o el ticket, no recuperar a nadie. Es otra campaña, con otro mensaje y otro responsable.
Esto no es teoría de segmentación. En un cliente de suscripción sustituimos el envío masivo único por decenas de campañas cortadas por nivel de cliente —activos, nuevos, inactivos y de alto valor— y el mes en que se hizo fue el mejor de la historia de la marca, con aperturas por encima del 45%. La misma base de datos, el mismo producto y el mismo mes: lo único que cambió fue que dejó de haber una lista y pasó a haber cuatro.
Antes de escribir el correo, por qué se fue.
Una lista bien cortada te dice a quién escribes. El motivo de baja te dice si tienes algo que decirle, y es lo que separa una campaña de reactivación de un correo pesado.
Hay tres motivos y solo tres respuestas. Si se fue por inercia —se le pasó, se cambió de rutina, se le acabó y no lo repuso— basta con aparecer: ese es el cliente que la campaña recupera y el que justifica montarla. Si se fue por algo que sigue roto —un pedido que llegó tarde, un cobro que no entendió, un soporte que no contestó— escribirle antes de arreglarlo no lo recupera, lo confirma en su decisión. Y si se fue porque nunca fue tu cliente, porque entró con un descuento agresivo y compró una vez el producto de entrada, recuperarlo cuesta más de lo que va a dejar. Ese no se reactiva: se deja ir.
De ahí sale la trampa que se traga casi todo el mundo, que es abrir con un cupón. El cupón no es gratis: alguien lo paga, tarde o temprano, con margen, con posicionamiento, o con clientes que ya no saben comprarte sin él. Y sobre el margen bruto la cuenta es brutal, porque el descuento no se come una parte del precio, se come una parte de lo único que te queda del precio.
Con un margen bruto del 40%, una venta de 100 € te deja 40 €. Un descuento del 10% te deja 30 de esos 40; uno del 20%, 20; uno del 30%, 10. Es decir: el 30% de descuento se lleva tres cuartas partes del margen. Puede seguir compensando —un cliente recuperado no es una venta, es un ciclo entero por delante— pero eso es una decisión de dirección, no del último correo que salió. La pregunta que hay que responder antes de la campaña es qué política de descuento tiene la marca y quién la aprueba, porque si no está escrita la acaba fijando quien toca la herramienta ese día.
Y el número que cierra la discusión no es el descuento, es la comparación: lo que te cuesta recuperar a uno frente a lo que te cuesta traer a uno nuevo. Esa cuenta se hace con tu CAC delante. Si recuperar sale por una fracción de captar —y normalmente sale— la reactivación deja de ser una campaña de temporada y se convierte en algo que corre todos los meses.
Cuatro formas de llamarlo reactivación y no estar reactivando.
Mandar a toda la base
Un envío a los 40.000 contactos con el asunto “te echamos de menos” no es una campaña de reactivación: es una newsletter con culpa. Le llega igual al que compró ayer, que no se ha ido a ninguna parte, y al que se fue enfadado, que ahora tiene un motivo para darse de baja. La lista es el trabajo; el correo es la parte fácil.
Empezar por el descuento
Abrir con el cupón te quita la única pregunta que de verdad recupera clientes, que es qué pasó. Además enseña a la base a esperar: el que aprende que desaparecer dos meses le trae un 20% aprende a desaparecer dos meses. El cupón, si entra, entra al final y nunca en el correo de agradecimiento inmediato —ahí le estás diciendo a quien acaba de pagar que ha pagado de más.
Darlo por montado sin verlo salir
Todo el mundo dice que tiene los flujos montados. Pocos han comprobado que de verdad mandan algo. En una reunión de email marketing, pide ver el último correo que salió, con su fecha y su destinatario, no la pantalla de configuración. Una automatización que lleva cuatro meses en borrador se ve igual de bien en la captura de pantalla que una que funciona.
Reactivar sin arreglar la fuga
Si el motivo por el que se fueron sigue en pie, la reactivación es un cubo debajo de una gotera: recuperas a unos cuantos y vuelven a salir por el mismo sitio dos meses después. Un buen resultado de reactivación con la fuga abierta es la señal más cara del cuadro, porque parece que va bien y lo que hace es pagarte el silencio unos meses más.
Lo que se pregunta sobre reactivación.
¿Cuándo se considera que un cliente está inactivo?
Cuando lleva sin comprar bastante más que su ciclo normal, medido en múltiplos de tu propia frecuencia de compra y no en días de calendario. Con un ciclo de 60 días, a los 90 va tarde y a los 180 lleva tres ciclos fuera. La ventana de 90 días que usa todo el mundo llega seis ciclos tarde si vendes cada quince días.
¿Por qué sale más barato reactivar que captar un cliente nuevo?
Porque ya no pagas por que te conozca. Tienes el dato, el permiso para escribirle y la prueba de que tu checkout le funcionó una vez. Cada recompra sale más barata que un cliente nuevo por ads, y la diferencia no viene de una técnica sino de todo lo que no hay que volver a pagar.
¿Hay que ofrecer un descuento para reactivar?
No de entrada. El cupón no es gratis: lo paga alguien, tarde o temprano, con margen, con posicionamiento o con clientes que ya no saben comprarte sin él. Con un margen bruto del 40%, un descuento del 30% se lleva tres cuartas partes del margen de esa venta. Si entra, entra al final y con una política escrita detrás.
¿A quién se escribe primero en una campaña de reactivación?
A los clientes que estaban por encima de tu ticket medio y llevan fuera más de un ciclo y medio. Es la lista corta, la que paga la campaña entera y la única que merece un correo escrito por una persona en vez de una plantilla. Los de valor bajo van a un flujo automático.
Los que hacen falta para usar este.
Si los clientes se quedan o se van, y cómo se mide eso sin engañarse.
El porcentaje de clientes que sigue contigo al final de un periodo. La otra cara del churn, y lo que decide si lo que captas se acumula o se evapora.
Porcentaje de clientes que se van cada mes. La fuga que decide si un SaaS compone o se vacía.
El único canal donde la audiencia es tuya y no la alquilas a una plataforma. Su valor no está en enviar más, sino en a quién y cuándo.
Coste de adquirir un cliente (inversión ÷ clientes nuevos). Se mira por canal, nunca solo el global.
La parte de la facturación recurrente que se va cada mes, no la de los clientes. Perder al 5% de la cartera duele muy distinto según quién estuviera dentro de ese 5%.
Cuánta de tu facturación depende de tus mayores clientes. Con tres que pesen la mitad, una baja no es churn: es un agujero.