Concentración de clientes.
Tres clientes que pesan la mitad de la caja no son tres clientes: son tres apuestas. La concentración mide cuánta de tu facturación depende de tus mayores nombres, y su umbral lo fija tu margen.
La concentración de clientes es la parte de tu facturación que depende de tus mayores clientes. Se mide sumando lo que facturaron los n primeros —normalmente el top 1, el top 3 y el top 5— y dividiéndolo entre la facturación total del periodo.
También: customer concentration · dependencia de clientes · riesgo de cartera
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
Dos carteras que facturan lo mismo y no valen lo mismo.
La concentración de clientes contesta a una pregunta que casi ningún comité tiene por escrito: qué parte de tu facturación depende de un puñado de nombres. No es un ratio para el banco ni una diapositiva de gobierno corporativo. Es la diferencia entre una baja y un agujero.
Pon dos empresas al lado. Las dos facturan 2.400.000 € al año con doce clientes. La primera tiene un nº1 de 720.000 €: el 30,0% de todo. La segunda tiene un nº1 de 288.000 €: el 12,0%. En el informe mensual las dos ponen exactamente el mismo número arriba. Dejan de parecerse el día en que una de las dos recibe un correo que empieza por “hemos decidido no renovar”.
El malentendido que resuelve es tratar la marcha de un cliente grande como churn. El churn es una tasa: mide el ritmo al que se te van los clientes, se compara con el mes pasado y se corrige con producto, con servicio y con tiempo. La concentración no es un ritmo, es una forma. Con tres clientes que pesan la mitad de la caja, la baja de uno no es una tasa que sube dos décimas: es un roto en la cuenta de resultados que no se tapa reteniendo mejor a los pequeños.
Es el mismo razonamiento que se le aplica a un catálogo, y por eso no hace falta inventarse nada nuevo para el lado comercial. El Pareto de catálogo no es un ejercicio académico: es la pregunta de qué pasa si mañana ese producto falta, de stock, de proveedor, de lo que sea. Cambia producto por cliente y la pregunta no se mueve un milímetro. Si el 80% de tu caja depende de tres nombres, no tienes una cartera: tienes tres apuestas y una lista de relleno alrededor. Y eso también es una decisión, aunque no la hayas tomado a propósito.
Beneficio que queda si mañana no renueva el nº1. Antes de la baja eran 288.000 €.
Misma facturación, mismo margen, misma baja. El nº1 se lleva 252.000 € de margen bruto.
Tres divisiones, y la facturación correcta.
Ordena a tus clientes por lo que te facturaron el último ejercicio cerrado, de mayor a menor. Suma los n primeros y divide entre el total. Eso es el peso del top n, y se calcula tres veces: top 1, top 3 y top 5.
Se miran tres cortes y no uno porque cada uno responde a un riesgo distinto. El top 1 mide el riesgo de un solo correo. El top 3 mide el riesgo de una decisión de sector: tres clientes del mismo sector, del mismo grupo o del mismo tipo de comprador no se caen de uno en uno, se caen juntos. Y el top 5 dibuja la forma de la curva, que es lo que dice si tu problema es un nombre o es un bloque. Una cartera puede tener un nº1 modesto y estar igual de concentrada por debajo.
Lo que entra en el numerador es facturación emitida, no contratada. Un contrato firmado a tres años que todavía no ha facturado nada no baja tu concentración: la sube, porque ya te ha comprometido capacidad. Del pipeline y del forecast se habla en otra reunión; aquí solo entra lo cobrado o cobrable de un periodo ya cerrado.
Y lo que hay que agregar antes de dividir es el grupo. Tres filiales del mismo holding con el mismo director de compras son un cliente, no tres: firman juntas y cancelan juntas. Lo mismo con el distribuidor que te compra para tres marcas o con la central de compras que negocia por sus asociados. Si esas líneas no se suman, el número que sale es más bonito y es mentira.
El cálculo se hace dos veces: sobre facturación y sobre margen bruto. No dan lo mismo casi nunca, porque el cliente grande suele venir con descuento por volumen, con condiciones de pago peores y con un coste de servir más alto —más reuniones, más informes, más gente dedicada—. Un cliente que pesa el 30% de las ventas y el 15% del margen es un riesgo distinto al que pesa el 15% de las ventas y el 40% del margen. Por último, la ventana: doce meses móviles, no el último trimestre. Si tu negocio tiene estacionalidad, un trimestre suelto te enseñará una concentración que no existe. Y se revisa con la misma frecuencia con la que miras la facturación, no una vez al año cuando ya se ha roto algo.
El umbral no es una opinión: lo fija tu margen.
La pregunta útil no es si un 30,0% es mucho. Es qué pasa con tu cuenta de resultados el año en que ese 30,0% no está.
La cuenta es corta y se hace de cabeza. Con un margen bruto del 35%, un nº1 que pesa el 30,0% de las ventas se lleva al marcharse 10,5 puntos de facturación convertidos en margen: 252.000 € sobre 2.400.000 €. Si tu margen neto sobre ventas es del 12%, el beneficio del año era 288.000 € y ahora es 36.000 €. Sigues en verde por los pelos. Con un margen neto del 8%, cierras en pérdidas.
De ahí sale la frontera, y no de una convención de sector: el peso máximo que aguanta tu nº1 es tu margen neto dividido entre tu margen bruto. 12 entre 35 es 34,3%. Por encima de ese punto, la baja de un solo cliente se lleva más margen del que ibas a ganar en todo el ejercicio. Y la trampa está en la otra mitad de la frase: la estructura no se va con él. El equipo, las licencias, la nave y las nóminas siguen ahí el mes siguiente, con la misma factura y con un 30,0% menos de ingresos para pagarlas.
Su baja se lleva menos de la mitad del beneficio del año. Duele en el comité y no en la caja.
Entre la mitad y todo el beneficio se va con un solo nombre. Sigues en verde, pero sin margen para nada más.
La baja se lleva más margen del que ibas a ganar en todo el ejercicio, y la estructura se queda entera.
Con el veredicto delante, la decisión cambia según la zona. En rojo, la prioridad del trimestre deja de ser crecer y pasa a ser repartir: el presupuesto de captación deja de perseguir cuentas que se parecen al nº1 y empieza a perseguir el tramo medio, porque la concentración no se corrige restándole facturación al grande —esa es la versión cara— sino sumando denominador. Ahí hay dos palancas: subir el ticket medio del resto de la cartera, que no cuesta captación nueva, y meter clientes medianos con un CAC que aguante la cuenta. En ámbar, la decisión es contractual antes que comercial: plazo, preaviso largo y una segunda persona metida en la cuenta, para que la relación no viva en un solo teléfono. En verde no se toca nada, pero se sigue mirando.
Hay una segunda concentración que casi siempre viaja con esta y que conviene mirar en la misma hoja: la del canal por el que entran esos clientes. Un growth model que depende de un solo canal no es un growth model, es un canal con un PDF bonito alrededor. Si además de tener tres clientes que pesan la mitad, los tres entraron por el mismo sitio, no tienes un riesgo: tienes dos multiplicándose. La cuenta de esa otra mitad está en la concentración de canal.
Se calcula en tu navegador. No se guarda ni se envía nada.
Cuatro formas de tener el número y usarlo mal.
Medirla solo sobre facturación
El peso sobre ventas es el titular; el peso sobre margen es el que decide. Un cliente grande que llegó con un 20% de descuento y se lleva a media empresa en reuniones pesa mucho menos en el beneficio de lo que parece en la factura —y a veces pesa más, si es el único que paga a treinta días. Calcula los dos y guarda el peor.
Contar como cinco lo que es uno
Filiales del mismo grupo, marcas del mismo distribuidor, asociados de la misma central: en el ERP son cinco cuentas y en la realidad son una firma. La concentración se calcula sobre quien decide, no sobre quien recibe la factura. Es el error que convierte un 62,0% real en un 30,0% de informe.
Esperar que la retención lo arregle
Retener mejor baja el churn; no baja la concentración. Son dos preguntas distintas y conviven sin contradecirse: un cliente con un LTV altísimo y un peso del 40% es a la vez tu mejor cliente y tu mayor riesgo. Trabajar la relación es obligatorio y no es una respuesta: el riesgo se corrige con la forma de la cartera, no con el trato.
Calcularla en enero y darla por buena
Una cartera cambia de forma sin avisar: un cliente mediano crece un 60%, otro recorta alcance, entra uno nuevo grande. El número de enero describe la empresa de enero. Se recalcula cada trimestre sobre doce meses móviles y se pone al lado de la facturación, que es donde alguien lo va a mirar.
Lo que se pregunta sobre concentración de clientes.
¿Cómo se mide la concentración de clientes?
Ordena a tus clientes por facturación del último ejercicio cerrado, suma los n primeros y divide entre la facturación total. Se calcula tres veces: peso del top 1, del top 3 y del top 5. Las filiales de un mismo grupo van sumadas como un solo cliente, porque firman y cancelan juntas.
¿Cuánta concentración de clientes es demasiada?
El umbral lo fija tu margen, no una convención de sector: el peso máximo que aguanta tu mayor cliente es tu margen neto dividido entre tu margen bruto. Con un margen neto del 12% y un bruto del 35%, la frontera está en el 34,3%: por encima de ese peso, la baja de un solo cliente se lleva más margen del que ibas a ganar en todo el año.
¿La concentración de clientes es lo mismo que el churn?
No. El churn es una tasa que mide el ritmo al que se te van los clientes y se corrige con producto, servicio y tiempo. La concentración es una forma de la cartera: describe qué pasa cuando se va uno concreto. Retener mejor baja el churn y no baja la concentración.
¿Se mide sobre facturación o sobre margen?
Sobre las dos, y te quedas con el peor de los dos números. El cliente grande suele venir con descuento por volumen y con un coste de servir más alto, así que su peso sobre el margen y su peso sobre las ventas rara vez coinciden.
¿Cómo se baja la concentración de clientes?
Por el denominador, no por el numerador. Renunciar a facturación del cliente grande es la versión cara; lo que funciona es sumar tramo medio: subir el ticket medio del resto de la cartera y captar clientes medianos con un CAC que aguante la cuenta.
Los que hacen falta para usar este.
Si los clientes se quedan o se van, y cómo se mide eso sin engañarse.
Porcentaje de clientes que se van cada mes. La fuga que decide si un SaaS compone o se vacía.
El porcentaje de la facturación que entra por un solo canal. Pasado cierto peso, un cambio de algoritmo o de puja te toca la caja entera.
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La parte de la facturación recurrente que se va cada mes, no la de los clientes. Perder al 5% de la cartera duele muy distinto según quién estuviera dentro de ese 5%.
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Cuántas veces compra un cliente en un periodo. Por ticket medio y por vida del cliente, es el LTV de un ecommerce.