Ficha de producto.
La página donde se decide la compra y la que menos se trabaja. Una ficha que vende no describe el producto: contesta, con información real, las dudas que frenan la tarjeta antes de que lleguen al botón.
La ficha de producto es la página de una tienda online dedicada a un solo producto, con sus fotos, su precio, su descripción, el envío y las opiniones. Es donde el comprador decide si compra, y vende cuando contesta con información real qué es el producto, para qué sirve, cómo queda puesto y cuánto cuesta que llegue.
También: página de producto · descripción de producto
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
La página donde se decide la compra, y la que menos se trabaja.
La ficha de producto es la página de un solo producto: fotos, precio, descripción, envío, opiniones y un botón. En un ecommerce es el sitio exacto donde alguien que ha llegado con curiosidad decide si saca la tarjeta. Y casi siempre es la página menos cuidada de la tienda: se rellena el día que se da de alta la referencia, con lo que manda el proveedor, y nadie la vuelve a abrir.
El malentendido es pensar que la ficha describe el producto. No lo describe: contesta dudas. Qué es, para qué sirve, cómo queda puesto, cuánto cuesta que llegue y qué pasa si no va bien. Cada duda que la ficha no contesta la resuelve el cliente por su cuenta, y por su cuenta quiere decir en otra pestaña, en la tienda de al lado.
Por eso una ficha completa no es un texto largo para el buscador. Es información que aporta, la que contesta a un “explícame de verdad qué es esto que me quieres vender”. Y lo que te devuelve depende del precio. Si el producto es barato y la ficha es muy completa, es branding: nadie la necesitaba para comprar, pero se acuerdan de quién se lo explicó. Si el producto es caro y la ficha es muy completa, son ventas, porque con un precio alto cada duda sin contestar pesa más que el botón.
La columna de la derecha es donde la ficha deja de ser un trámite. Un precio más alto que el de la competencia sin explicar en ningún sitio por qué es una fuga de confianza, y la tentación es arreglarla con un descuento. No es un problema de precio. Es que nadie le ha dicho al cliente por qué merece la pena pagarlo.
Y conviene saber cómo se llega a ella, porque casi nunca es en línea recta. Quien viene de un anuncio suele aterrizar en una página de categoría, no en la ficha, mira un producto y se va; vuelve días después por un correo o por retargeting, y entonces sí entra. La ficha recibe a alguien que ya ha estado, que ya ha comparado y que viene con una duda concreta. Si esa duda no está contestada en la página, la segunda visita acaba igual que la primera.
Ocho piezas, y cada una cierra una duda.
Una ficha que vende se construye al revés de como se suele hacer. No se empieza por lo que quieres contar del producto: se empieza por lo que el comprador necesita saber para pagar sin salir de la página. Ocho dudas, ocho piezas.
- 2 de 8 en la ficha: se va sin añadir nada
- 4 de 8 en el checkout: abandona ya decidido
- 2 de 8 en devoluciones: compra, y el pedido vuelve
Lo que enseña la última columna es que 4 de las 8 piezas, si faltan, se pagan en el checkout, aunque se decidieran en la ficha. Los gastos de envío que aparecen de sorpresa al final, la política de devoluciones que hay que ir a buscar, las reseñas que no se ven en ningún sitio: se cuentan como fugas del pago, pero se cierran enseñándolas desde la ficha. En un ecommerce que trabajamos, las ventas se doblaron sin tocar el presupuesto de medios, y una de las tres cosas que cambiaron fue poner el envío visible desde el principio. El coste logístico que escondes hasta el último paso no desaparece: se convierte en un carrito abandonado con el cliente ya decidido.
Tres piezas merecen una nota. Las fotos: el producto puesto y en uso, no solo sobre fondo blanco. La guía de tallas, que tiene que servir para elegir: es la pieza que decide si el pedido vuelve, y las devoluciones te cobran dos veces, la venta que se va y la logística de vuelta. Y la prueba social, mejor en vídeo que en estrellitas, porque las dudas de confianza no frenan el clic: frenan la tarjeta.
Hay una pieza que no es contenido sino recorrido. Si la mayoría de tus clientes compra un solo producto, el botón de comprar lleva directo al pago, sin carrito en medio. Cada pantalla entre la decisión y la tarjeta es una ocasión más de pensárselo. Y una cosa que no se ve pero se paga: los datos de la ficha son los mismos que alimentan el feed de producto de tus anuncios. Un título interno y una descripción vacía se pagan dos veces, en la ficha y en cada clic que la trae.
No se arreglan todas. Se empieza por la que más vale.
Con un catálogo de cientos de referencias, reescribir todas las fichas a la vez es la manera más segura de no terminar ninguna. El orden sale de una cuenta: lo que vale un punto de conversión en cada ficha.
Un punto es pasar, por ejemplo, del 3,5% al 4,5% de quienes ven la ficha. En facturación vale visitas al mes × precio ÷ 100, si cada pedido lleva una unidad; si suelen llevar varias, usa el ticket medio de quien compra esa referencia. La cuenta es de primaria y casi nadie la hace, porque casi nadie mide la conversión de cada ficha. Se mira la de la tienda entera, que es una media de todas y no dice cuál falla. Estos seis números son un ejemplo, no una referencia del mercado.
Facturación al mes por cada punto de conversión que gana la ficha, con una unidad por pedido. Las tres primeras suman 9.005 € de los 10.920 € del catálogo.
La ficha más visitada no es la primera de la lista: queda en el puesto 2. La Ficha B, con 3.500 visitas a 95 €, vale 3.325 € por punto, y la Ficha A, con 6.000 visitas a 48 €, vale 2.880 €. La Ficha C, con un tercio de las visitas, vale casi lo mismo: 2.800 €. Es la regla del precio otra vez, ahora en euros: donde el producto es caro, la ficha completa son ventas.
Dos ajustes antes de fiarte del orden. Si tienes el margen de cada referencia, multiplícalo también: un producto que vende mucho y deja migajas no merece ni una hora más de la que ya tiene. Y mira el Pareto de tu catálogo: si tres referencias sostienen la caja, sus fichas van primero, porque son las que reciben el tráfico que pagas.
Para tener el orden hacen falta tres respuestas que pocas direcciones tienen a mano: qué conversión tienen tus fichas en conjunto, si hay diferencias entre productos o todos venden más o menos igual, y cuáles son tus productos estrella y por qué. La tercera es la que más enseña. Mira qué tiene la ficha que mejor convierte que no tengan las demás: esa diferencia es la plantilla para reescribir el resto.
El mismo orden vale entre la ficha y los anuncios. Nos encontramos con una empresa con facturación seria que había metido casi todo el presupuesto en paid, y paid no vendía. El problema no estaba en la puja: estaba en la ficha y en el checkout. La conclusión fue literal, “para que estos anuncios funcionen, hay que cambiar esto de las fichas de producto y añadir esto en el checkout”, y los anuncios no se volvieron a tocar hasta que la ficha aguantó el tráfico que ya se estaba pagando.
A veces la palanca es una sola pieza. En un marketplace que trabajamos, las reservas no subían y en la sala se hablaba de bajar la comisión o de meter más presupuesto. Se mejoraron las fotos de las fichas de oferta, lo mismo que Airbnb había validado años antes mandando fotógrafos profesionales. Las reservas se multiplicaron por cuatro, con la misma comisión y sin un euro más de anuncios.
Cuatro formas de tener la ficha y que no venda.
Escribirla para el buscador
Palabras clave repetidas y frases que valen para cualquier producto. El buscador puede traer la visita, pero ese texto no contesta ninguna duda y la visita se va igual que ha llegado. Lo que compra es la información real: qué es, para qué sirve y cómo queda puesto.
Dejar el envío para el final
Los gastos de envío que solo aparecen en el último paso son la fuga más vieja del comercio online, y siguen ahí. Esconderlos no los abarata: los convierte en un abandono con el cliente ya decidido. Coste, plazo y devolución se ven desde la ficha.
Bajar el precio en vez de explicarlo
Si vendes más caro que la competencia y no dices en ningún sitio por qué, el problema no es el precio: es que nadie sabe por qué merece la pena pagarlo. El precio se defiende explicando, no bajando. El descuento es lo más rápido y lo que más margen se lleva.
Pedirle a la ficha lo que no puede dar
Una ficha perfecta no vende un producto que la gente no quiere ni convierte tráfico que no venía a comprar. Si está bien hecha y no convierte, mira el producto y la calidad del tráfico que le mandas antes de reescribirla por tercera vez. La solución no siempre es el CRO.
Lo que se pregunta sobre ficha de producto.
¿Qué tiene que llevar una ficha de producto?
Lo que necesita saber quien compra para pagar sin salir de la página: qué es y para qué sirve, fotos del producto puesto o en uso, una guía de tallas que sirva para elegir, el precio y por qué cuesta eso, el coste y el plazo del envío, la política de devolución a la vista, prueba social, mejor en vídeo, y un botón que lleve al pago sin pasos de más.
¿Una descripción de producto más larga vende más?
Vende más una descripción útil, no una larga. Un texto pensado para el buscador, con frases que valen para cualquier producto, no contesta ninguna duda. Lo que cuenta es la información que aporta, y su efecto depende del precio: en un producto barato una ficha muy completa es branding; en uno caro, son ventas.
¿Por qué ficha de producto empiezo a mejorar?
Por la que más vale un punto de conversión: visitas al mes por precio, dividido entre cien. No suele ser la más visitada, porque las fichas de productos caros con menos tráfico pesan más de lo que parece. Si tienes el margen de cada referencia, multiplícalo también, y da prioridad a las pocas referencias que sostienen la caja.
¿Cómo sé si mi ficha de producto funciona?
Midiendo su conversión propia, la de quienes llegan a esa ficha, y no la conversión global de la tienda, que es una media de todas. Compara cada ficha con las demás de tu catálogo y consigo misma antes y después de cada cambio. Si está bien hecha y no convierte, revisa el producto y la calidad del tráfico antes de reescribirla.
Los que hacen falta para usar este.
Los números propios de vender producto: catálogo, cesta, devoluciones y recurrencia.
Vender producto por internet con catálogo, cesta y checkout. Los números que lo gobiernan no son los del embudo B2B: mandan el ticket, el margen por referencia y cuántas veces vuelve el mismo cliente.
Cuántos de los que llegan hacen lo que tenían que hacer, en porcentaje. Se mide por etapa: la global resume el problema pero no dice dónde está.
El fichero con el que tu catálogo llega a Google, Meta o un marketplace: un producto por fila, con precio, stock e imagen. Casi todo lo que falla en Shopping falla aquí, no en la campaña.
Ofrecer un producto distinto que acompaña al que el cliente ya se lleva. No compite con la compra: la completa.
El porcentaje de pedidos que vuelve, y lo que cuesta que vuelva. Se resta del margen, no de la facturación: por eso una tienda con buen ROAS puede estar perdiendo dinero.
Las formas de pagar que ofreces en el checkout. Cada una que falta es un porcentaje de gente que llega hasta el final y no puede pagar.