El checkout.
El último tramo de la compra, cuando el cliente ya ha dicho que sí. Es el único sitio del embudo donde se pierden ventas que ya estaban ganadas y pagadas.
El checkout es el tramo final de una compra online: los pasos que van desde que alguien decide pagar hasta que la tienda le confirma el pedido. Es el mega-cuello de botella del negocio, porque ahí se pierden ventas ya ganadas.
También: checkout process · proceso de pago · proceso de compra
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
El último metro, y donde se pierde lo ya ganado.
El checkout es el tramo final de la compra: desde que alguien ya ha decidido pagar hasta que la tienda le confirma el pedido. Datos, dirección, envío, pago, confirmación. Es el último tramo del embudo de conversión y, en un eCommerce, el único donde la persona que está delante ya te ha dicho que sí.
Eso es lo que lo convierte en el punto más caro de todo el negocio. Puedes tener la mejor campaña, el copy más afilado y el producto más deseable del catálogo: si el checkout no convierte, nada de lo anterior importa. Cuando auditamos una tienda siempre empezamos ahí, y no por gusto: es el único sitio donde se pierden ventas que ya estaban ganadas y pagadas.
El malentendido que resuelve la palabra es el de la conversión única. Casi todas las direcciones tienen un porcentaje de conversión y ninguna tiene tres. Pero el viaje real se mide, como mínimo, en tres etapas —ficha de producto, carrito, checkout— y cada una tiene la suya. La global es el producto de las tres, y una media no dice en cuál de los tres saltos se está yendo el dinero.
Gente que llega a ver algo concreto.
Ha decidido que le interesa.
Ha decidido comprarlo. Ya es una venta ganada.
Lo que llega a caja. Aquí es donde se pierde lo ya ganado.
Conversión global: 20% × 60% × 60% = 7,2%. Es la cifra que se enseña el lunes, y no dice en cuál de los tres saltos se está yendo el dinero.
Un porcentaje que casi nadie tiene, y una lista de once.
Conversión del checkout = pedidos pagados ÷ checkouts abiertos. Abiertos, no sesiones: el denominador son las personas que ya habían decidido comprar.
Con ese denominador el número duele, y por eso sirve. Como referencia orientativa, un checkout que convierta menos del 60% de quien lo abre es un cuello de botella; tu categoría manda sobre ese número, pero si estás lejos por debajo no hace falta discutir el matiz. En el ejemplo de arriba, con esos mil visitantes de ficha, pasar del 60% al 30% en ese último salto se lleva 36 pedidos por delante sin que cambie ni una línea de la campaña.
Para tener ese porcentaje hace falta que el paso esté medido, que es la parte que se salta todo el mundo. Sin tracking y atribución por etapa no hay conversión del checkout: hay una conversión global y una discusión sobre creatividades. Si tu analítica solo distingue visita y venta, el trabajo empieza ahí y no en la tienda.
El segundo número no es un porcentaje, es un inventario. El checkout no se diagnostica con una métrica: se diagnostica sentándose media hora a recorrerlo paso a paso, como cliente, con el móvil. Son siempre las mismas once fugas, las que aparecen auditoría tras auditoría, y cada una pesa distinto: grave 3, media 2, leve 1.
El checkout carga lento.
GraveCostes de envío que aparecen sorpresa, solo al final del proceso.
GraveCheckout con pasos y campos de más: el DNI que no hace ninguna falta.
GraveCostes de envío o de gestión difíciles de calcular antes de llegar al pago.
MediaCero pruebas de confianza a la vista: sin logos, sin reseñas, sin forma fácil de contactar.
MediaPrecio más alto que la competencia sin explicar en ningún sitio por qué.
MediaObligar a crear una cuenta antes de pagar, en vez de proponerlo después.
MediaUna o dos opciones de envío, y encima lentas.
MediaPolítica de devoluciones que hay que ir a buscar, o que da miedo leer.
LeveEl cupón que existe, pero solo lo encuentra quien sale de tu web a buscarlo.
LeveUpsells por todas partes antes de pagar, hasta que nadie termina de pagar nada.
LeveMarca las que tengas hoy, suma sus puntos y réstalos: score = 100 − (puntos ÷ 22) × 100. Solo las tres graves ya son 9 puntos y dejan el checkout en 59 sobre 100.
El score no sirve para presumir de nota. Sirve para que la conversación deje de ser una opinión sobre el diseño y pase a ser una lista ordenada con puntos. Un checkout con las tres graves marcadas está en 59 sobre 100; con solo la carga lenta, en 86. La diferencia entre esos dos números es trabajo de una semana, no un rediseño.
Tres fugas este mes, con dueño y con fecha.
El orden no es libre. Primero lo técnico, después el peso. Si el checkout tarda en cargar, no sigas con la lista: arréglalo antes. Una fuga técnica anula cualquier otra cosa que hagas bien en el resto del proceso.
Con lo técnico resuelto, el reparto dice por dónde seguir. De los 22 puntos, 3 son técnicos, 8 son de fricción y 11 —la mitad exacta— son de confianza. La fricción es la que todo el mundo mira: campos de más, pasos de más, la cuenta obligatoria que se arregla con compra como invitado. El checkout tiene que ser lo más sencillo del mundo mundial, pimpampum, y cualquier campo que no necesites es fricción gratis. Pero la confianza pesa más: costes que aparecen tarde, precio sin explicar, cero prueba social. Esas no frenan el clic, frenan la tarjeta.
Y ahí está la buena noticia: logos, reseñas, un wasap visible o un “llama ahora y te atendemos” cuestan una tarde de trabajo, no un rediseño. La política de devoluciones donde se ve, y el precio explicado —si vendes más caro que la competencia y no lo cuentas en ningún sitio, el problema no es el precio, es que nadie sabe por qué merece la pena pagarlo. El precio se defiende explicando, no bajando.
Con las fugas cerradas hay media docena de medidas que llevamos años viendo mover la aguja y que no piden un euro más de inversión en medios. Si la mayoría compra un solo producto, que el botón de comprar vaya directo al checkout y no a un carrito intermedio. Un order bump dentro del pago, que Woocommerce y Shopify traen de serie, para subir el ticket medio sin tocar el tráfico. Los métodos de pago ordenados por los que tu cliente usa de verdad, no por el orden por defecto de la plataforma. Prueba social durante todo el proceso, mejor en vídeo que en estrellitas. Y el cupón nunca en el email de agradecimiento inmediato: le estás diciendo a quien acaba de pagar que ha pagado de más.
Lo que se gana con esto no se queda en la tienda. Cada punto de conversión del checkout baja tu CAC y sube tu ROAS sin tocar la puja, porque el tráfico ya está pagado. Un cliente de eCommerce dobló sus ventas sin mover el presupuesto de medios: menos pasos, gastos de envío visibles desde el principio y la navegación fuera del proceso de pago. En un marketplace, quitar elementos clicables que generaban fugas dobló las ventas —un x2 que se sostuvo en el tiempo— sin tocar una sola campaña. Y en un tercer caso, con casi todo el presupuesto anual metido en paid y paid sin vender, el problema no estaba en la puja: estaba en la ficha de producto y en el checkout. Los anuncios no se volvieron a tocar hasta que la ficha y el checkout aguantaron el tráfico que ya se estaba pagando.
La decisión, entonces, cabe en una línea: las tres fugas de más peso que hayas marcado son tu lista de este mes, con dueño y con fecha. No las once. Tres.
Cuatro formas de mirar el checkout y no ver nada.
Mirar solo la conversión global
Un 2% global no se arregla en ningún sitio, porque no señala ningún sitio. La conversión de ficha, la de carrito y la de checkout se mueven con palancas distintas y cuestan dinero distinto. La del checkout es la más barata de subir y casi siempre la que nadie tiene medida.
Confundir arreglarlo con rediseñarlo
Nueve de las once fugas se cierran sin tocar el diseño: enseñar los portes antes, quitar un campo, poner las reseñas donde se ven, ofrecer un envío rápido. Un rediseño tarda un trimestre y mete variables nuevas. La auditoría se hace en media hora y se ejecuta por partes, que es justo lo que permite saber cuál de los cambios fue el que movió el número. Eso es CRO, no maquetación.
Dar por hecha la recuperación de carritos
Todo el mundo dice que la tiene montada. Muy pocos han comprobado que de verdad sale el email. Pide ver el último que se envió, con fecha y con asunto, no la pantalla de configuración donde el interruptor está en verde.
Tapar la fuga con descuento
Un cupón grande convierte un checkout roto, y por eso es tan peligroso: esconde el problema y lo cobra en margen bruto. El descuento no es un regalo al cliente, es deuda de marca que alguien paga tarde o temprano, con margen, con posicionamiento o con clientes que ya no saben comprarte sin él. Y el upsell no es la solución contraria: aumenta el valor de la compra, no el valor de la venta.
Lo que se pregunta sobre checkout.
¿Qué es exactamente el checkout de una tienda online?
El checkout es el tramo que va desde que alguien pulsa comprar hasta que recibe la confirmación del pedido: datos, dirección, envío, pago y confirmación. No es la pasarela de pago, que es solo una pieza de dentro. Es el último tramo del embudo y el único donde la persona ya ha decidido comprar.
¿Cuánto debería convertir mi checkout?
Como referencia orientativa, un checkout que convierta menos del 60% de quien lo abre es un cuello de botella. El denominador son los checkouts abiertos, no las sesiones de la web. Tu categoría manda sobre ese número, pero si estás muy por debajo no hace falta discutir el matiz.
¿Cuáles son las fugas más habituales de un checkout?
Son once y se repiten auditoría tras auditoría. Las tres graves: que el checkout cargue lento, que los costes de envío aparezcan sorpresa al final y que haya pasos y campos de más. Después vienen los portes difíciles de calcular, la falta de pruebas de confianza, el precio sin explicar, la cuenta obligatoria, los envíos lentos, las devoluciones escondidas, el cupón que hay que buscar fuera y los upsells por todas partes.
¿Por dónde se empieza a arreglar un checkout?
Por la velocidad: si carga lento, una fuga técnica anula cualquier otra cosa que hagas bien. Después, por peso. De los 22 puntos de severidad de la lista, 3 son técnicos, 8 son de fricción y 11 son de confianza. Se ejecutan las tres fugas de más peso este mes, con dueño y con fecha, no las once a la vez.
Los que hacen falta para usar este.
Arreglar lo que pierde ventas entre que alguien llega y que paga.
Los pasos que hay entre llegar y pagar, con cuánta gente se cae en cada uno. Sirve para localizar la fuga, no para dibujar el proceso.
Dejar pagar sin obligar a crear cuenta. Pedir el registro antes de cobrar es cambiar una venta por un dato.
La oferta que aparece dentro del checkout, a un clic de aceptarla. Sube el ticket medio sin tocar el tráfico ni la inversión.
Optimización de la conversión. Casi siempre es lo que hay que mirar ANTES de tocar los anuncios.
Vender producto por internet con catálogo, cesta y checkout. Los números que lo gobiernan no son los del embudo B2B: mandan el ticket, el margen por referencia y cuántas veces vuelve el mismo cliente.
El tráfico por el que pagas de forma directa. Su precio lo fija una subasta contra tu competencia, así que se encarece solo cuando lo usas más.