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Lista de espera.

El registro de quienes se apuntan antes de que el producto salga. Vale lo que compren el día que abres, no lo que ocupe: una lista de 2.000 puede valer diez veces otra del mismo tamaño.

Una lista de espera, o waitlist, es el registro de personas que dejan su correo para que se les avise cuando un producto salga. Sirve como prueba de demanda antes de construir, y se mide por la conversión en la apertura: compradores dentro de una ventana fijada ÷ apuntados.

También: waitlist · prelanzamiento

Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el

La definición

Gente que se apunta antes de que exista, y que no es lo mismo que gente que compra.

Una lista de espera es el registro de personas que dejan su correo para que les avises cuando el producto salga. Se monta antes del lanzamiento, a veces meses antes, y sirve para dos cosas: medir si hay demanda sin haber construido nada y llegar al día de apertura con gente esperando en vez de con una tienda vacía.

El malentendido que resuelve, o que crea si se mide mal, es el del tamaño. “Tenemos 5.000 personas en la lista” suena a tracción y se presenta en los comités como si fueran 5.000 clientes. No lo son. Un apuntado es alguien a quien apuntarse le ha costado diez segundos. Un cliente es alguien que ha pagado. Entre uno y otro hay una distancia que no se ve hasta el día que abres.

Lo que decide esa distancia no es cuánta gente se apuntó, sino qué le costó apuntarse y qué sabía cuando lo hizo. Quien se apunta habiendo visto la oferta y el precio ya ha hecho la mitad de la decisión. Quien se apunta para entrar en un sorteo no ha decidido nada sobre tu producto. Las dos listas pueden tener el mismo tamaño y no parecerse en nada.

Por eso una lista de espera se mide en compradores, no en apuntados: cuántos compran cuando abres, sobre cuántos se apuntaron. Es una prueba barata de demanda con una condición: que el número que mires al final sea ese.

Lista ASe apuntaron viendo el precio

Página con la oferta, el precio y la fecha prevista. Para entrar, el correo.

Apuntados2000
Compran en la apertura200 10%
Lista BSe apuntaron por un sorteo

Sin precio y con premio por apuntarse y por invitar a otros.

Apuntados2000
Compran en la apertura20 1%

Ejemplo para la cuenta. En el panel de control las dos listas valen lo mismo; en caja, una vale diez veces la otra.

El cálculo

Compradores entre apuntados, con una ventana y una fecha.

Conversión de la lista = compradores en la ventana de apertura ÷ apuntados. Es una tasa de conversión como cualquier otra, con dos decisiones que hay que tomar antes de abrir y no después.

La ventana. Qué cuenta como compra de la lista: las que entran en los primeros 7, 14 o 30 días desde que mandas el correo de apertura. Fíjala antes. Si la dejas abierta, cada semana la cifra sube un poco y nunca sabes si es la lista la que compra o es la campaña que lanzaste después.

El denominador entero. Entran todos los apuntados, también los que ya no abren tus correos. Sacar a los dormidos para que la tasa salga mejor es medir la lista que te gustaría tener, no la que tienes. Lo que sí se quita son los duplicados y la gente de casa: equipo, socios, amigos.

El canal de alta. Apunta de dónde llegó cada persona: la web, un anuncio, una mención en prensa, un socio que la recomendó. La conversión de la lista es una media, y una media esconde que un canal te trae compradores y otro te trae curiosos. Si no guardas el origen el día que se apuntan, el día que abres ya no lo puedes reconstruir, y la siguiente vez vuelves a pagar por los dos canales igual.

La fecha de alta. No es lo mismo apuntarse la semana pasada que hace ocho meses. Mide la lista por cohorte de alta, porque una lista envejece. El interés con el que alguien se apuntó se va gastando cada mes que pasa sin noticias tuyas, y nadie se da de baja para avisarte: simplemente deja de abrir.

25%50%75%100%024681012MESES EN LA LISTASIGUE INTERESADO61%38%14%86%74%54%con un correo al messin contacto
Dos supuestos, no un dato: una lista que pierde un 15% de interés cada mes que pasa sin noticias tuyas y otra que pierde un 5% porque recibe un correo al mes con avances. Pon tus números; la forma de la curva no cambia.

Con el supuesto de perder un 15% al mes sin contacto, a los tres meses queda el 61% de la lista con interés, a los seis el 38% y a los doce el 14%. Con un correo al mes y una pérdida del 5%, a los tres meses queda el 86%, a los seis el 74% y a los doce el 54%. Los porcentajes son supuestos; lo que no lo es es la forma: la lista no se pierde de golpe, se pierde un poco cada mes, y ese goteo no aparece en ningún panel porque el número de apuntados no baja nunca.

Mantenerla caliente no es mandar promociones. Es contar avances reales, enseñar el producto a medio hacer y pedir opinión a quien quiera darla. Es email marketing con un objetivo único: que el día que abras se acuerden de por qué se apuntaron.

La decisión

Empieza por las ventas que necesitas y calcula la lista hacia atrás.

Lista necesaria = ventas que necesitas en la apertura ÷ conversión esperada de la lista. Con esa división delante, el tamaño de la lista deja de ser un trofeo y pasa a ser un objetivo.

convierte 1%10.000 apuntadosconvierte 2%5000 apuntadosconvierte 5%2000 apuntadosconvierte 10%1000 apuntadosconvierte 20%500 apuntadosLISTA NECESARIA PARA 100 VENTAS
Ejemplo para la cuenta: el mismo objetivo de 100 ventas pide una lista veinte veces más grande si convierte al 1% que si convierte al 20%.

Si necesitas 100 ventas el día que abres, una lista que convierte al 1% te pide 10.000 apuntados; al 2%, 5.000; al 5%, 2.000; al 10%, 1.000; y al 20%, 500. La conversión que pongas en la cuenta es la parte difícil. Si no tienes ninguna, consíguela antes de abrir: una prueba de humo con reserva pagada te da una pista mucho mejor que cualquier media de un sector que no es el tuyo.

Con eso, la lista se usa en tres decisiones. La primera es qué pedir para entrar. Cuanto más le cueste al visitante, más pequeña y más fiable: correo y nada más da volumen; precio visible y una fecha dan intención; una reserva pequeña y reembolsable da compradores. Si la lista se llena por un descargable, trátala como leads de lead magnet, no como demanda del producto.

La segunda es cómo abrir. Abrir a toda la lista el mismo día parece lo natural y suele ser lo peor: el soporte se satura, el onboarding no da abasto y los primeros usuarios se llevan la peor versión de ti. Abrir por tandas, empezando por los apuntados más antiguos o los que más han respondido, te deja medir la conversión de cada tanda y arreglar entre una y otra. Y lo que importa de esos primeros no es que paguen, es que lleguen a usarlo: la activación de las primeras tandas dice más del producto que el tamaño de la lista.

La tercera es qué concluir. Una lista que compra bien demuestra que la promesa vende. No demuestra el product-market fit, que se ve después, cuando esos compradores se quedan y repiten. Y una lista que compra mal no siempre condena la idea: mira antes si se enfrió por meses de silencio, si llegó por un canal que no tenía nada que ver o si el precio de apertura no era el que vieron al apuntarse.

Hay una última decisión que se toma sin darse cuenta: cuánto esperar. Cada mes de retraso sobre la fecha que prometiste cuesta dos veces. Cuesta el interés que se gasta, como enseña la curva de arriba, y cuesta credibilidad: quien se apuntó a una fecha y la ve pasar sin noticias aprende que tus fechas no se cumplen. Si vas a llegar tarde, dilo antes de que llegue la fecha, con la nueva y con el motivo. Una lista que sabe por qué espera aguanta bastante más que una que solo espera.

Los errores

Cuatro formas de tener una lista larga y una apertura vacía.

Presentar apuntados como clientes

El número de apuntados solo sube y no cuesta nada conseguir que suba. Es una métrica de vanidad mientras no se compare con compradores. Si va a una presentación o a un plan de ventas, que vaya con la conversión esperada al lado y con de dónde sale esa conversión.

Inflarla con premios por invitar

Los sorteos y los “sube puestos en la cola invitando a tus amigos” hacen crecer la lista deprisa con gente que viene por el premio. El tamaño mejora y la conversión se hunde, y como las dos se miran por separado, parece que la campaña ha funcionado.

Tenerla meses sin hablarle

Una lista que solo recibe dos correos, el de bienvenida y el de apertura, llega fría. Ocho meses después, mucha gente ya no recuerda haberse apuntado y parte de los correos van directos a la carpeta de no deseado. Lo que se pierde ahí no se recupera con un descuento el día de abrir.

Cambiar la oferta sin decirlo

Si la gente se apuntó a un precio, a unas funciones o a una fecha y abres con otros, la lista que tienes ya no es la de esa oferta. Cuéntalo antes de abrir, y mide la conversión sabiendo que estás probando una oferta nueva con gente que se apuntó a la vieja.

Preguntas

Lo que se pregunta sobre lista de espera.

¿Para qué sirve una lista de espera antes de lanzar?

Para dos cosas: medir si hay demanda antes de construir y llegar al día de apertura con gente esperando. Las dos dependen de lo mismo: de cuántos apuntados compran cuando abres, no de cuántos se apuntaron.

¿Cómo se mide si una lista de espera funciona?

Con la conversión en la apertura: compradores dentro de una ventana fijada antes, por ejemplo los 14 días siguientes al correo de apertura, dividido entre todos los apuntados, incluidos los que ya no abren. Se quitan los duplicados y la gente de casa, y se mira por fecha de alta.

¿Cuántas personas necesito en la lista de espera?

Las ventas que necesitas en la apertura divididas entre la conversión que esperas de la lista. Para 100 ventas, al 2% necesitas 5.000 apuntados y al 10%, 1.000. La conversión es la parte difícil: sácala de una prueba con reserva pagada, no de una media de otro sector.

¿Conviene abrir a toda la lista de espera a la vez?

Casi nunca. Abrir por tandas evita que el soporte y el onboarding se saturen, deja medir la conversión de cada tanda y da tiempo a arreglar entre una y otra. Se suele empezar por los apuntados más antiguos o los que más han respondido a tus correos.

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