Conversión de gratis a pago.
El porcentaje de usuarios gratuitos que acaban pagando. Se mide por cohorte de alta y con una ventana de tiempo cerrada: sobre el total de la base, el número sube y baja con el ritmo de altas y deja de decir nada.
La conversión de gratis a pago es el porcentaje de usuarios que entran gratis en un producto —plan freemium o prueba gratuita— y acaban pagando. Se calcula por cohorte de alta y en una ventana de tiempo fija: pagos de la cohorte entre altas de la cohorte, nunca sobre el total de la base.
También: free to paid conversion · conversión de free a pago · paso de gratis a pago
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
El número que separa una base de usuarios de un negocio.
Todo producto que se prueba gratis tiene dos negocios encajados uno dentro del otro. Uno reparte acceso: registros, altas, usuarios. El otro cobra. La conversión de gratis a pago es el único número que dice cuánta gente pasa del primero al segundo, y sin él el primero se confunde con tracción todos los lunes.
Es el porcentaje de usuarios que entran gratis —en un plan freemium o en una prueba gratuita— y acaban pagando. En un modelo de crecimiento impulsado por producto es la métrica que decide si el producto vende de verdad o solo se reparte, y va en la misma mesa que el ritmo de altas, la activación, el churn limpio, el LTV:CAC y el payback.
Y es la que más se manipula sin querer, porque se manipula sola con el denominador. Usuarios registrados acumulados es una métrica de vanidad: solo suma, nunca resta y no dirige nada. Si divides los que pagan entre esa base acumulada, lo que sale no mide tu producto: mide el ritmo al que has captado en los últimos meses. Un negocio que crece parece peor de lo que es, porque sus cohortes recientes todavía no han tenido tiempo de convertir. Uno que se ha parado parece mejor.
Cinco meses de altas creciendo, y todas las cohortes convirtiendo exactamente al mismo 5,0% cuando maduran. Ese negocio, medido sobre el total de su base, declara un 3,1%. La distancia entera entre los dos números no es producto: es aritmética del crecimiento.
172 pagos entre 5.600 registros acumulados. Es el número que sale del panel por defecto.
Lo que de verdad convierte este producto. Las tres cohortes con recorrido dan exactamente lo mismo.
Por eso se mide por cohorte de alta: agrupas a los que entraron el mismo mes, esperas la misma ventana para todos y comparas mes contra mes. En cuanto el denominador se mueve, el número deja de decir lo que pasa y empieza a decir lo que apetece oír.
Una división sencilla y una ventana que no se mueve.
Conversión de gratis a pago = usuarios de la cohorte que han pagado ÷ usuarios que entraron en esa cohorte, dentro de una ventana de tiempo cerrada. Lo difícil no es la división. Es cerrar la ventana y no volver a tocarla.
Qué entra: el alta real, la que llega por tu embudo gratuito. Qué no entra: las cuentas internas y de prueba del equipo, y los usuarios que ha invitado alguien que ya paga —esos no vienen de tu embudo, vienen de tu cliente, y meterlos infla las dos partes de la fracción a distinta velocidad—. Tampoco entra el que paga fuera de la ventana. Si el corte está a 30 días, se lee a 30 días; si está a 90, a 90. Las dos cifras son legítimas y no se pueden comparar entre sí.
Elegir entre freemium y prueba no es una cuestión de gusto: depende de si tu producto se disfruta con el hábito repetido —cuantas más veces lo abres más lo quieres— o se entiende de un vistazo en los primeros diez minutos. El modelo no cambia la fórmula, cambia la ventana y el umbral. Un plan gratis sin fecha de caducidad convierte más despacio y tolera paybacks más largos a cambio de un CAC más bajo: pagas activación lenta y te la devuelven en coste de captación. Una prueba con fecha comprime la decisión, así que el corte natural va pegado al final de la prueba y no tres meses después.
El número solo es útil partido en dos, porque es el producto de dos porcentajes. De 1.000 altas gratuitas, 350 llegan a la acción que engancha —un 35% de activación— y de esas 350 acaban pagando 42, un 12% de cierre.42 sobre 1.000 es un 4,2%.
35% × 12%. Los dos porcentajes se multiplican, y por eso el resultado siempre parece pequeño al lado de cualquiera de los dos.
Nada de esto se mide con analítica web sola. Hace falta eventos de producto —qué hace el usuario dentro de la aplicación, no qué páginas visitó antes de registrarse— y cohortes mensuales, no un acumulado desde el día uno. Sin eso puedes saber cuántos pagan, pero no en cuál de las dos etapas se te caen los que no.
Y la primera etapa exige una definición que casi ninguna empresa tiene escrita: LA acción, en singular, la que convierte a un registrado en usuario activado. Enviar tres mensajes la primera semana. Emitir la primera factura antes de salir del propio registro, sin que el producto te suelte en un panel vacío. Si nadie en tu empresa puede nombrarla en una frase, no tienes onboarding: tienes una demo sin acompañar, y te falta la mitad de la fórmula.
El mismo porcentaje puede pedir dos arreglos opuestos.
La conversión de gratis a pago no es una nota. Es una coordenada: dice en qué punto de un plano de dos ejes está tu producto, y cada cuadrante se arregla con un equipo distinto.
Tres negocios pueden declarar el mismo 4,2% y no tener el mismo problema. Uno con un 20% de activación y un 21% de cierre. Otro con un 35% y un 12%. Otro con un 60% y un 7%. Los tres multiplican lo mismo. Ninguno de los tres hace lo mismo el lunes por la mañana.
Quien llega al valor paga sin discutir. El techo lo pone cuánta gente llega, no el precio.
Las dos etapas aguantan. El siguiente punto de crecimiento ya no está aquí dentro, está arriba del embudo.
Ni llegan ni pagan. Tocar el pricing aquí es cambiar la etiqueta de algo que el usuario todavía no ha visto funcionar.
Ven el valor y no pagan: el plan gratis les resuelve el trabajo entero. El muro está en el sitio equivocado.
El orden de los arreglos es casi siempre el mismo: primero enseñar el valor, después cobrarlo. Apretar el precio o capar funcionalidades cuando la activación está baja sube el cierre de los pocos que llegan y hunde todo lo demás, porque el producto se queda sin poder demostrarse. Cuando la activación está alta y el cierre es bajo el diagnóstico es el contrario, y es el más incómodo de aceptar: tu plan gratis resuelve el trabajo entero y el muro está en el sitio equivocado.
Antes de mover nada, un aviso sobre el dato. Para sacar conclusiones fiables de la activación hace falta volumen: a partir de 10.000 usuarios al mes pasando por el registro. Por debajo de esa cifra no fuerces la analítica. Siéntate delante de gente usando el producto, o grábala. Vale más lo que ves que lo que crees que ves.
Y una advertencia de dirección: esto es una métrica de diagnóstico, no una north star. Se puede subir mañana estrechando el plan gratis, y el precio de esa subida no aparece en esta cifra sino tres meses después, en las altas y en el LTV. Como objetivo de mando funciona mejor el número absoluto que sale de multiplicarla por las altas del mes: clientes de pago nuevos. Ese no se puede maquillar recortando por arriba.
Se calcula en tu navegador. No se guarda ni se envía nada.
Cuatro formas de tener el número y usarlo mal.
Comparar cohortes de distinta edad
Una cohorte de hace seis meses ha tenido seis meses para convertir. La del mes pasado ha tenido uno. Ponerlas en la misma tabla y leer una tendencia es leer la edad de las cohortes, no el producto. Se compara siempre en el mismo punto de su vida: día 30 de una contra día 30 de la otra, aunque eso obligue a esperar un mes para saber cómo fue el mes pasado.
Dividir entre usuarios activos
El denominador es la cohorte de alta, no el MAU ni el DAU. Dividir los que pagan entre los que siguen activos infla el número justo cuando el producto va peor, porque los que se aburrieron y se fueron desaparecen del denominador y no del numerador. Es el error que hace que una métrica suba el trimestre en que se hunde el negocio.
Confundir uso con disposición a pagar
La stickiness mide hábito. Hay productos con un uso diario altísimo y una conversión ridícula, precisamente porque lo que el usuario ya hace gratis le resuelve el trabajo entero. Que vuelva cada día es una buena noticia sobre el producto y no dice absolutamente nada sobre el precio.
Subirla estrechando el plan gratis
Capar funcionalidades sube el porcentaje en la siguiente cohorte, y es la forma más rápida que existe de enseñar una mejora en una reunión de consejo. Lo que baja —altas, recomendación, la parte del embudo que traía usuarios sin coste— tarda dos o tres meses en aparecer, y cuando aparece ya nadie lo relaciona con aquella decisión. La conversión se mira siempre junto al volumen de altas, nunca sola.
Lo que se pregunta sobre conversión de gratis a pago.
¿Cómo se calcula la conversión de gratis a pago?
Usuarios de una cohorte de alta que han pagado, divididos entre los usuarios que entraron en esa cohorte, dentro de una ventana de tiempo fija: 30, 60 o 90 días desde el alta, pero siempre la misma. Fuera se quedan las cuentas internas del equipo y los usuarios invitados por alguien que ya paga, porque esos no vienen del embudo gratuito.
¿Se mide sobre el total de usuarios o por cohorte?
Por cohorte de alta, siempre. Sobre el total de la base acumulada el número mide el ritmo al que has captado, no lo que convierte tu producto: un negocio que crece sale peor de lo que es, porque sus cohortes recientes aún no han tenido tiempo de pagar, y uno que se ha estancado sale mejor. Usuarios registrados acumulados es una métrica de vanidad: solo suma y nunca resta.
¿Cambia el cálculo si tengo freemium o prueba gratuita?
La fórmula no cambia: cambian la ventana y el umbral. Un plan gratis sin caducidad convierte más despacio y tolera paybacks más largos a cambio de un CAC más bajo. Una prueba con fecha comprime la decisión, así que el corte natural va pegado al final de la prueba. Elegir uno u otro depende de si tu producto se disfruta con el hábito repetido o se entiende de un vistazo, no de la moda del sector.
Si la conversión es baja, ¿toco el precio o el onboarding?
Depende de dónde se rompa, y por eso el número hay que partirlo en dos: activación por cierre. Si la activación está baja, el arreglo es el onboarding: tocar el precio ahí solo cambia la etiqueta de algo que el usuario todavía no ha visto funcionar. Si la activación está alta y el cierre bajo, el problema es el empaquetado: tu plan gratis le resuelve el trabajo entero.
Los que hacen falta para usar este.
Lo que pasa entre que alguien se registra y el momento en que decide quedarse.
El porcentaje de registros que llega a usar el producto de verdad. En PLG, el número que manda.
Un plan gratuito para siempre, con límites. Solo funciona si el límite duele justo cuando el usuario ya ha visto el valor.
Acceso completo durante un tiempo limitado. Lo que decide si convierte no son los días, sino qué obliga a hacer el usuario dentro.
Product-led growth: el producto se vende solo. Solo aplica si el cliente entiende el valor sin que nadie se lo explique.
Porcentaje de usuarios activos que usan una funcionalidad concreta. Separa lo que se construyó de lo que se usa, que casi nunca es la misma lista.
Usuarios únicos que hacen algo en tu producto en un día. Solo significa algo cuando ese algo está definido con un evento y no con abrir la aplicación.