Omnicanalidad.
Que el cliente cambie de canal a mitad de compra sin empezar de cero. No depende de cuántos canales tengas, sino de que todos compartan el mismo cliente, el mismo stock y el mismo pedido.
La omnicanalidad es el modelo de venta en el que todos los canales de una empresa, de la tienda física a la web, la app y la atención telefónica, comparten un mismo cliente, un mismo stock, un mismo pedido y una misma política, de modo que el cliente puede empezar una compra en un canal y terminarla en otro sin repetir nada.
También: omnichannel · venta omnicanal
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
Estar en todos los canales no es omnicanalidad. Que se hablen entre sí, sí.
La omnicanalidad es que tu cliente pueda empezar una compra en un canal y acabarla en otro sin notar el salto. Mira el producto en la web, lo compra en la tienda, lo devuelve por mensajería, y en ningún momento tiene que volver a explicar quién es ni qué compró. Para él hay una sola empresa. Que por dentro haya cinco departamentos es problema tuyo, no suyo.
El malentendido habitual es confundirla con la multicanalidad. Multicanal es tener tienda, web, app, correo y teléfono. Omnicanal es que esos cinco lean y escriban en el mismo sitio. Una empresa puede tener tienda física y ecommerce, estar en todos los canales posibles y seguir siendo cinco negocios pequeños pegados con celo: la tienda no sabe qué ha comprado ese cliente en la web, la web no sabe qué hay en el almacén de la tienda y atención al cliente no ve ninguno de los dos.
La diferencia no se ve en el escaparate, se ve en los datos. El cliente ya no compra en un canal: hace un recorrido que salta de uno a otro, y su journey real rara vez respeta el organigrama. Si cada canal guarda su propia ficha, tienes cinco clientes que en realidad son la misma persona, y ninguna de las cinco fichas cuenta la historia entera.
Cuatro cosas unificadas por debajo, y una manda sobre las otras tres.
No hay fórmula. Hay cuatro capas que tienen que ser una sola para todos los canales: el cliente, el stock, el pedido y la política de precios y devoluciones. Cada recorrido que cruza canal tira de algunas de ellas.
Mira en la web, compra en la tienda
Compra en la web, recoge en la tienda
Compra en la web, devuelve en la tienda
En la tienda no está su talla y se la mandan a casa
Le llega un correo con lo que miró y compra en la tienda
La tabla enseña el orden sin necesidad de decirlo. De los cinco recorridos de ejemplo, la capa de cliente la necesitan los cinco; el stock, el pedido y la política, tres de cinco cada una. Si la tienda no sabe quién es la persona que tiene delante, no hay recorrido cruzado que funcione, por mucho stock compartido que haya detrás.
Esa ficha única es, en la práctica, tu CRM o tu base de clientes, y lo que la alimenta son datos de origen propio: el correo o el teléfono que el cliente te da en la caja, en el pedido online y en la llamada. Si cada canal lo pide en un formato distinto, o la tienda directamente no lo pide, la ficha no se une nunca.
El stock es la segunda capa y la que más se nota cuando falla. Una web que vende algo que no está en ningún sitio, o una tienda que dice “no nos queda” cuando hay diez unidades en el almacén, provoca una rotura de stock que no existe: el producto está, lo que no está es el dato. Y la política cierra el círculo. Si el precio de la web y el de la tienda no coinciden, o la tienda no acepta devoluciones de lo comprado en la web, el cliente aprende muy rápido que sois dos empresas.
Se sube peldaño a peldaño, y no se salta ninguno.
La omnicanalidad no es un proyecto que se lanza un lunes. Es una escalera, y cada peldaño solo aguanta si el de abajo ya está puesto.
- Una ficha. La tienda identifica al cliente en la caja, con el mismo dato que usa la web: correo o teléfono.
- Stock visible. La web enseña qué hay en cada tienda, y la tienda ve lo que hay en el almacén.
- Pedido cruzado. Recoger, devolver y enviar desde cualquier punto. El pedido no pertenece a un canal.
- Venta atribuida. Sabes qué venta de tienda empezó en un anuncio o en un correo, y la cuentas.
La pregunta de dirección no es “¿somos omnicanales?”, es “¿en qué peldaño estamos?”. Y se contesta con un dato muy sencillo de pedir: de las ventas de la tienda del último mes, ¿cuántas tienen un cliente identificado? Si la respuesta es casi ninguna, todo lo demás es decoración. No tiene sentido montar recogida en tienda ni campañas que lleven gente a la tienda si después no puedes saber quién vino.
Y antes de subir, una pregunta previa: ¿tus clientes cruzan de verdad? Si vendes solo en la web y la tienda es un punto de recogida, la escalera es corta. Si tienes red de tiendas y una parte de tus clientes compra en los dos sitios, el último peldaño es el que cambia la conversación: una venta de tienda que empezó en un anuncio no aparece en el ROAS de ese anuncio. Sin un modelo de atribución que sepa leer la venta física, el canal online parece peor de lo que es y la tienda, mejor.
Lo que sí se puede medir desde el primer peldaño es si el cliente que compra en dos canales vale más que el que compra en uno. Compara su recompra y su gasto con los de quien solo usa un canal. Si no hay diferencia, la omnicanalidad es un coste de servicio que te puedes ahorrar. Si la hay, ese es el argumento para pagar la integración, y el número sale de tus datos, no de una presentación.
Cuatro formas de decir omnicanal y seguir siendo cinco tiendas.
Abrir canales antes de unir los que hay
Una app, un marketplace o un chat nuevo es un canal más, no más omnicanalidad. Si los que ya tienes no comparten cliente ni stock, cada canal nuevo añade otra ficha suelta y otro sitio donde el dato se contradice. Primero se une, después se abre.
Empezar por la tecnología
Comprar la plataforma de integración antes de decidir qué dato identifica al cliente en cada canal es pagar por un tubo sin saber qué va a pasar por él. La decisión que desbloquea todo es pequeña y no es técnica: qué se le pide al cliente en la caja, y quién se encarga de pedirlo.
Incentivos que enfrentan a los canales
Si el equipo de tienda cobra por lo que se vende en la caja, una recogida de un pedido online es trabajo sin comisión, y una devolución de la web le resta. Nadie lo dice en voz alta, pero el cliente lo nota en el mostrador. Lo que se paga es lo que se hace.
Cobrar el servicio sin contarlo
Recoger en tienda, enviar desde tienda y devolver en cualquier punto tienen un coste de manipulación y de transporte que no aparece en la ficha del producto. Si no lo metes en tu coste logístico, un pedido cruzado puede parecer la mejor venta del día y ser la que menos margen deja.
Lo que se pregunta sobre omnicanalidad.
¿Qué es la omnicanalidad en retail?
Es que el cliente pueda empezar una compra en un canal y terminarla en otro sin notar el salto: ver en la web, comprar en la tienda y devolver por mensajería sin repetir quién es ni qué compró. Exige que todos los canales compartan cliente, stock, pedido y política de precios y devoluciones.
¿Qué diferencia hay entre multicanal y omnicanal?
Multicanal es estar en varios canales. Omnicanal es que esos canales lean y escriban en el mismo sitio. Una empresa multicanal tiene una ficha de cliente por canal; una omnicanal tiene una sola, y la tienda sabe lo que ese cliente compró en la web.
¿Por dónde se empieza a montar la omnicanalidad?
Por identificar al cliente en todos los canales con el mismo dato, normalmente el correo o el teléfono, y empezar a pedirlo en la caja de la tienda. Después se comparte el stock, luego el pedido y al final la atribución de las ventas físicas. Cada paso se apoya en el anterior.
¿Cómo sé si la omnicanalidad me compensa?
Compara la recompra y el gasto de los clientes que compran en dos canales con los de quienes solo usan uno. Si no hay diferencia, la integración es un coste que te puedes ahorrar. Si la hay, ese número, sacado de tus datos, es el que justifica la inversión.
Los que hacen falta para usar este.
Los números propios de vender producto: catálogo, cesta, devoluciones y recurrencia.
Vender producto por internet con catálogo, cesta y checkout. Los números que lo gobiernan no son los del embudo B2B: mandan el ticket, el margen por referencia y cuántas veces vuelve el mismo cliente.
El camino real que hace alguien hasta comprar, con sus idas y vueltas. Nunca es entra, ve el producto y paga.
Los datos que tienes porque te los dio tu cliente. El único activo de medición que no depende de una plataforma ajena.
Ofrecer un producto distinto que acompaña al que el cliente ya se lleva. No compite con la compra: la completa.
El porcentaje de pedidos que vuelve, y lo que cuesta que vuelva. Se resta del margen, no de la facturación: por eso una tienda con buen ROAS puede estar perdiendo dinero.
El fichero con el que tu catálogo llega a Google, Meta o un marketplace: un producto por fila, con precio, stock e imagen. Casi todo lo que falla en Shopping falla aquí, no en la campaña.