Feedback de usuarios.
Lo que te cuentan los usuarios cuando se lo preguntas a propósito, no lo que te llega cuando algo se rompe. Sirve para saber para qué te usan de verdad, y quien más te enseña es quien se fue.
El feedback de usuarios es la información que una empresa recoge a propósito de quienes usan su producto sobre lo que hicieron con él y por qué, mediante entrevistas, sesiones observadas y encuestas, en lugar de esperar a las quejas que llegan solas.
También: opiniones de clientes · entrevistas de usuario · voz del cliente
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
El feedback que te llega solo no es el que necesitas.
Todas las empresas reciben feedback sin mover un dedo: el ticket de soporte, la reseña, el correo enfadado, lo que comenta el comercial después de una llamada. El problema no es la cantidad, es quién lo manda. Escribe el que se queja y el que está encantado. El que se registró, no entendió nada y se fue en silencio no escribe nunca, y es justo el que te podía decir qué arreglar.
El feedback de usuarios bien hecho es lo contrario: información que vas a buscar tú, a la persona que eliges tú, con preguntas que has preparado. Y lo que buscas no es una opinión sobre el producto. Es una historia: por qué se dio de alta, qué uso real le da y por qué lo paga, o por qué dejó de pagarlo.
Detrás hay una pregunta que casi ninguna dirección tiene contestada, aunque lleve años al frente: ¿para qué usa de verdad el usuario tu producto, más allá de para qué lo construiste tú? Muchas veces te usan para cosas que no esperabas. Si lo descubres, lo puedes potenciar. La respuesta a veces redefine la propuesta de valor entera, y es media respuesta a si tienes product-market fit o lo estás empujando tú.
Fíjate en la esquina de arriba a la izquierda. Una encuesta como el NPS la pides tú, pero te devuelve una nota y poco más: sabes cuántos están descontentos, no qué les pasó. Abajo a la derecha está lo contrario, lo que registra la herramienta sin preguntar a nadie: ves qué hacen, pero no por qué. Las dos cosas valen. Ninguna de las dos sustituye a sentarte con alguien.
Primero a quién, luego qué le preguntas.
La herramienta la decide tu volumen. Para sacar conclusiones fiables de la activación con datos hace falta que pasen al menos 10.000 usuarios al mes por el registro. Por debajo de esa cifra no fuerces la analítica: siéntate a gente delante del producto o grábala usándolo. Vale más lo que ves que lo que crees que ves.
Con las pruebas pasa lo mismo. Por debajo de 8.000 usuarios al mes por URL, un test A/B deja de ser representativo, y ahí está la mayoría de las empresas de entre 1 y 20 millones. Eso no te libra de decidir con evidencia: te cambia la herramienta por grabaciones, un mapa de calor y entrevistas.
A quién llamas importa más que cuántas llamadas haces. Hay tres grupos y cada uno cuenta una cosa distinta. Quien se registró y nunca llegó a su momento aha te dice dónde se rompe la entrada. Quien es usuario activo cada semana te dice para qué te usa de verdad. Y quien se fue te dice lo que nadie más se atreve. Empieza por estos últimos: vale más una entrevista con quien se fue que cien encuestas a quien se queda.
Luego, el guion. La regla es una: pregunta por lo que hizo, no por lo que haría. La gente es mala prediciendo lo que hará y bastante buena recordando lo que hizo. Lo primero que hay que saber es cómo resolvía el problema antes de encontrarte, porque ese es tu competidor de verdad aunque no salga en ningún informe.
¿Cómo lo resolvías antes de encontrarnos?
¿Te parece útil una herramienta así?
¿Qué estaba pasando la semana que te registraste?
¿Qué es lo que más te gustó de la web?
Enséñame la última vez que lo usaste.
¿Qué funciones usarías más?
¿Qué pasó el día que decidiste pagar, o irte?
¿Pagarías más si tuviera tal cosa?
Las preguntas de la derecha parecen iguales y no sirven: piden una opinión sobre el futuro, y cualquier persona educada te dirá que sí. Graba la conversación, apunta las frases literales y no la resumas en la misma tarde. El resumen es tuyo; la frase es del cliente.
Una frase no es una decisión. Es una hipótesis con dueño.
El feedback que no cambia ninguna decisión es ruido bien archivado. Cada cosa que oyes se clasifica por lo que es y se manda a quien puede hacer algo con ella. Cuatro frases de ejemplo, construidas para el dibujo:
Lo uso sobre todo para mandarle los números al gestor.Un uso que no esperabas
Propuesta de valor: si es lo que más se repite, se potencia y se cuenta en la web.
Me registré y no sabía por dónde empezar.Fallo de onboarding
El primer paso tras el registro. Se arregla ahí, no en el correo de retención.
Ya lo hacía con una hoja de cálculo y me iba bien.El dolor no justifica el cambio
A quién captas: o el problema no duele, o no se lo estás enseñando a quien le duele.
Estaría bien que también hiciera tal cosa.Una petición
Hipótesis, no encargo: qué hace hoy sin ella y cuántos lo piden sin que se lo sugieras.
Una frase oída una vez es una anécdota. La misma frase en varias entrevistas, sin que tú la hayas sugerido, es un patrón. Y un patrón se contrasta con lo que hace la gente, no con lo que dice: los eventos de producto te confirman si el uso que te han contado es de tres usuarios o de la mitad de la base. Investigar no te libra de experimentar. Te dice qué merece la pena probar.
Dos destinos se repiten más que el resto. Si lo que oyes es un fallo de onboarding, se arregla en el registro: la baja no se arregla el mes en que se va el cliente, sino meses antes, cuando no encontró el porqué. Y si descubres funciones que nadie menciona, mira su adopción: duele, pero mantener lo que no se usa es un despilfarro de recursos que nunca sobran.
Lo que te cuenta quien se fue alimenta el motivo de baja del CRM, pero no lo sustituye. El campo dice qué. La entrevista dice cómo se llegó ahí, que es la parte que se puede arreglar.
Y no lo conviertas en un proyecto de una vez al año. Un estudio grande que se presenta en una reunión y se archiva envejece antes de que nadie lo use. Funciona mejor como hábito: unas pocas conversaciones cada mes, siempre con los tres grupos, las frases literales en un sitio que lee el equipo de producto y el comercial, y una revisión en la que cada patrón sale con un dueño y una fecha. Si una conclusión no tiene dueño, no es una conclusión: es una curiosidad.
Cuatro formas de preguntar mucho y no enterarte de nada.
Preguntar solo a quien se queda
Es lo cómodo: el cliente contento coge el teléfono y te dice cosas bonitas. Pero quien se queda ya está convencido. Lo que necesitas saber lo tiene quien no llegó a usarlo y quien se fue, y a esos hay que ir a buscarlos, porque no vienen.
Preguntar por el futuro
“¿Lo usarías?”, “¿pagarías por esto?”. Las dos respuestas son que sí y las dos son gratis. La pregunta útil es por la última vez que pasó algo, con fecha y con detalle. Si no lo recuerda, no le importaba tanto.
Que entreviste quien lo construyó
El que diseñó la función explica, defiende y acaba sugiriendo la respuesta que quiere oír. La entrevista la hace alguien que no se ofende y que aguanta el silencio. Calla más de lo que habla.
Construir lo que te piden, tal cual
La petición es la solución que se le ha ocurrido al usuario, no su problema. Pregunta qué intentaba hacer cuando la echó en falta. Muchas veces el problema se resuelve con algo que ya tienes y que no sabe que existe.
Lo que se pregunta sobre feedback de usuarios.
¿Cómo se recoge el feedback de los usuarios?
Pidiéndolo a propósito y a quien toca: entrevistas cortas con usuarios que no llegaron a activarse, con usuarios activos y con quienes se fueron, preguntando por lo que hicieron y no por lo que harían, más sesiones en las que les ves usar el producto. Lo que llega solo, como el soporte o las reseñas, complementa, pero no sustituye.
¿Entrevistas o encuestas?
Depende del volumen y de la pregunta. Por debajo de unos 10.000 usuarios al mes pasando por el registro, la analítica no da conclusiones fiables sobre la activación: ahí se decide sentándote con gente o grabándola. La encuesta te dice cuántos; la entrevista te dice por qué.
¿A quién hay que preguntar primero?
A quien se fue. El cliente contento te da la razón; el que se fue te dice qué falló, y no te va a escribir por su cuenta. Después, a quien se registró y no llegó a usar el producto, y por último a los usuarios activos, que te cuentan para qué te usan de verdad.
¿Qué se hace con el feedback una vez recogido?
Se clasifica por lo que es y se manda a quien puede actuar: un fallo de onboarding va al registro, un uso inesperado a la propuesta de valor, una petición a la lista de hipótesis. Una frase oída una vez es una anécdota; repetida sin sugerirla es un patrón que se contrasta con los datos de uso.
Los que hacen falta para usar este.
Lo que pasa entre que alguien se registra y el momento en que decide quedarse.
El porcentaje de registros que llega a usar el producto de verdad. En PLG, el número que manda.
La nota de 0 a 10 sobre si te recomendarían, resumida en un número de -100 a 100. Sirve para detectar antes de que se vayan, no para decidir.
La razón por la que se va cada cliente, apuntada en una lista cerrada y el mismo día. Sin eso, el churn es un número que no dice qué arreglar.
Porcentaje de usuarios activos que usan una funcionalidad concreta. Separa lo que se construyó de lo que se usa, que casi nunca es la misma lista.
Porcentaje de usuarios gratuitos que acaban pagando. Se mide por cohorte de alta y nunca sobre el total de la base, o el número acaba diciendo lo que apetezca oír.
Usuarios únicos que hacen algo en tu producto en un día. Solo significa algo cuando ese algo está definido con un evento y no con abrir la aplicación.