Checklist de onboarding.
La lista de pasos que ve el usuario nuevo al entrar. Funciona cuando es corta y termina en la acción aha; cada línea que no lleva hasta ahí le cuesta usuarios antes de que vea el valor.
La checklist de onboarding es la lista de tres a cinco pasos que el usuario nuevo completa en su primera sesión para llegar a la acción que le hace ver el valor del producto. Un paso que no lleva a esa acción no entra en la lista.
También: lista de primeros pasos · onboarding checklist
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
Una lista corta que termina en el valor, no en la última pantalla.
La checklist de onboarding es la lista de pasos que ve el usuario nuevo nada más terminar el registro, con su casilla y su barra de progreso. Es la pieza más visible del onboarding, y la que más se estropea, porque parece que no cuesta nada añadirle una línea.
Existe para contestar una pregunta que casi ninguna empresa tiene contestada: ¿qué necesitas que el usuario nuevo haga sí o sí al terminar el registro? En todo producto hay una acción concreta que convierte a un desconocido en usuario activado, la acción aha. La lista no es un inventario de lo que tu producto sabe hacer. Es el camino más corto hasta esa acción, troceado en pasos que se pueden hacer de uno en uno.
Sin lista, lo que pasa es conocido: el usuario termina el alta, aterriza en el producto y nadie le dice qué hacer ahora mismo. Se da una vuelta, no encuentra por dónde empezar y se va. No se queja ni contesta la encuesta: simplemente no vuelve. Meses después aparece en la baja como alguien que pagó y nunca vio el porqué.
El ejemplo más limpio es un software de facturación. Si ya sabes que el usuario quiere emitir facturas, no lo mandas al panel. Le preguntas si quiere hacer su primera factura ahora mismo, y si dice que sí, le pides una cosa cada vez: datos fiscales, cliente, concepto, logo y plantilla. Cinco pasos. Ninguno sobra, porque cada uno es un trozo de la misma factura, y la lista termina cuando la factura sale enviada.
El malentendido que resuelve es confundir la lista con un tour. El product tour enseña dónde están las cosas. La checklist hace que el usuario las use, en el orden en que le sirven, y se acaba cuando ha sacado algo.
Desde la acción aha hacia atrás, y cada paso cuesta gente.
Se escribe al revés de como se suele escribir. Primero la acción aha, en singular. Después, lo mínimo imprescindible para llegar a ella. Lo que no entra en esa cadena no entra en la lista.
La regla para cada línea es una pregunta: sin este paso, ¿el usuario llega a la acción aha? Si la respuesta es sí, el paso sobra. Da igual que sea útil, que marketing quiera el dato o que el equipo de producto esté orgulloso de esa pantalla. Cada campo que se pide sin necesitarlo para activar al usuario es fricción puesta a propósito.
Y hay una razón aritmética para ser tan estricto. Cada paso lo termina una parte de los que llegan a él, y la lista entera la termina el producto de todas esas partes. Es la misma cuenta que un embudo, solo que aquí los pasos los pones tú y puedes quitarlos.
Con tres ritmos de ejemplo se ve la forma. Si cada paso lo completa el 90% de quien llega, cinco pasos dejan al 59% y ocho al 43%. Con un 80%, cinco dejan al 33% y ocho al 17%. Con un 70%, cinco dejan al 17% y ocho al 6%. Por eso la lista cabe en tres a cinco pasos: no es una manía de diseño, es lo que queda de gente cuando la lista se alarga.
Dos cosas más entran en la construcción. La primera: la lista se hace en la primera sesión. Una acción aha que llega después de la primera sesión, si es que llega, es un usuario que ya se ha enfriado. La segunda: la lista se acaba. Cuando el último paso está hecho, desaparece. Una checklist que sigue ahí a los tres meses ya no guía a nadie: es decoración.
Cada paso candidato va a uno de tres sitios.
La lista no se diseña en blanco: se diseña recortando. Pon encima de la mesa todo lo que hoy le pides al usuario nuevo y reparte cada cosa.
Lo que va “después del aha” no se tira. Invitar a tu gestoría, configurar avisos, invitar compañeros o compartir un tablero son buenos empujones, pero dentro del producto y cuando el usuario ya ha visto para qué sirve. Antes, son una petición a alguien que todavía no tiene motivo para hacer caso. Ese segundo tramo lo llevan los avisos dentro del producto y el flujo de bienvenida, no la lista.
Con la lista en marcha, se mide paso a paso: cuántos llegan a cada casilla y cuántos la terminan. El paso donde más gente se queda es el siguiente que se recorta o se rehace. El porcentaje que acaba la lista no es el número de dirección; el número es la activación, que mide quién hace la acción aha. Y el tiempo que tarda en hacerla es el time to value. La lista es la herramienta que mueve los dos.
Y quién decide qué entra no es un detalle. Si la lista la escribe cada equipo con lo suyo, acaba siendo la suma de lo que cada uno quiere del usuario: el dato que pide comercial, la funcionalidad que estrena producto, la encuesta de marketing. Alguien en dirección tiene que poder nombrar la acción aha en una frase y tachar todo lo que no lleve a ella. Si no lo decides tú, lo decide el usuario que se registra y desaparece sin decir por qué.
Si quieres saber lo que te cuesta tu lista de hoy, mete tus números. La cuenta es la misma multiplicación del dibujo de arriba, con tus registros y tus pasos.
Supone el mismo porcentaje en cada paso. En tu producto cada paso tiene el suyo: la cuenta buena es multiplicar los tuyos, uno detrás de otro.
Cuatro formas de tener una lista que no activa a nadie.
Meter lo que quiere saber la empresa
El tamaño de la empresa, el cargo, cómo nos conociste. Son preguntas razonables para comercial y marketing, y ninguna lleva a la acción aha. Si el dato hace falta, se pide después, cuando el usuario ya tiene un motivo para darlo.
Rellenar la barra con pasos fáciles
Subir una foto o ver un vídeo se marcan en dos segundos y la barra avanza. Queda bien en el informe y no activa a nadie: el porcentaje que termina la lista sube mientras la activación se queda donde estaba.
Dejar la lista para cuando le venga bien
Una lista que se puede cerrar y retomar “cuando quieras” es un apáñate con casillas. Quien no la hace en la primera sesión no suele volver a hacerla, y acaba en el panel vacío sin saber qué hacer.
Darla por buena porque se completa
Una lista que termina mucha gente puede estar apuntando a la acción equivocada. Si los que la completan no vuelven, no son usuarios activos: han terminado un recorrido. La lista se valida contra quién se queda, no contra quién la acaba.
Lo que se pregunta sobre checklist de onboarding.
¿Qué es una checklist de onboarding?
La lista de pasos que ve el usuario nuevo al terminar el registro, con su casilla y su barra de progreso. No es un inventario de lo que hace el producto: es el camino más corto hasta la acción aha, troceado en pasos que se hacen de uno en uno, y se acaba cuando el usuario ha sacado algo.
¿Cuántos pasos debe tener una checklist de onboarding?
De tres a cinco. Cada paso lo termina solo una parte de quien llega, y la lista entera la termina el producto de todas esas partes: con un 80% por paso, cinco pasos dejan al 33% y ocho al 17%. Cada línea de más se paga en usuarios que no llegan al valor.
¿Qué pasos se ponen en la checklist?
Solo los que hacen falta para llegar a la acción aha. La prueba es una pregunta por línea: sin este paso, ¿el usuario llega igual? Si llega, el paso sobra. Lo que sirve después, como invitar compañeros, va a los avisos dentro del producto cuando ya ha visto el valor.
¿Checklist de onboarding y product tour son lo mismo?
No. El product tour enseña dónde están las cosas; la checklist hace que el usuario las use en el orden en que le sirven. Un tour se puede ver entero sin haber hecho nada. Una checklist bien hecha no se puede terminar sin haber sacado valor.
Los que hacen falta para usar este.
Lo que pasa entre que alguien se registra y el momento en que decide quedarse.
El tramo entre el registro y la primera vez que el producto sirve para algo. No es un tour por las funcionalidades: es empujar UNA acción concreta y quitar de en medio todo lo que estorbe antes de ella.
El porcentaje de registros que llega a usar el producto de verdad. En PLG, el número que manda.
La acción concreta que convierte un registro en usuario que se queda. Se fuerza pronto, no se espera.
Lo que tarda un usuario nuevo desde que se registra hasta que obtiene el primer resultado útil. Si es más largo que tu prueba gratuita, estás pagando por gente que nunca llegó a ver el producto funcionando.
Porcentaje de usuarios activos que usan una funcionalidad concreta. Separa lo que se construyó de lo que se usa, que casi nunca es la misma lista.
Porcentaje de usuarios gratuitos que acaban pagando. Se mide por cohorte de alta y nunca sobre el total de la base, o el número acaba diciendo lo que apetezca oír.