CTR.
El CTR es la nota que la plataforma le pone a tu creatividad antes de decidir cuánto te cobra. Mismo CPM y tres veces más clics es un tercio de coste por visita, sin haber tocado la puja.
El CTR (click through rate) es el porcentaje de veces que un anuncio o un resultado de búsqueda recibe un clic sobre las veces que se ha enseñado: clics divididos entre impresiones, por cien. Con 1.200 clics de 100.000 impresiones, el CTR es del 1,20%.
También: click through rate · ratio de clics · porcentaje de clics
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
No es un número de informe. Es lo que te cobran.
El CTR es el porcentaje de veces que alguien hace clic sobre las veces que se le ha enseñado el anuncio. Si el anuncio se ha visto cien veces y ha recibido un clic, el CTR es del 1%. Esa es toda la definición, y es también el motivo por el que casi nadie la usa bien: suena a métrica de curiosidad, a cuánta gente pica.
Lo que es de verdad es una nota. En paid media no compras clics: compras impresiones, y su precio lo fija una subasta contra todo el que quiera a la misma persona. Lo que entra en esa subasta no es solo tu dinero. También entra si a la gente le interesa lo que enseñas, y el CTR es la medida más directa que tiene la plataforma de eso. Un anuncio con mejor CTR sale de la misma subasta más barato, y el que la plataforma reparte más presupuesto solo entre creatividades y audiencias no cambia la regla: la refuerza.
El malentendido que resuelve es este: no se mira el CTR para saber si el anuncio gusta, se mira porque el CTR es el multiplicador entre lo que pagas por que te vean y lo que acabas pagando por cada visita. Con las mismas 100.000 impresiones a 8 € de CPM —800 € en los dos casos— un anuncio con un 1,80% trae 1.800 visitas a 0,44 € cada una, y uno con un 0,60% trae 600 a 1,33 €. Tres veces el precio, sin haber tocado la puja.
El mismo dinero le compra tres veces más visitas. No porque haya pujado más: porque más gente ha querido entrar.
Ha ocupado exactamente el mismo espacio y ha costado exactamente lo mismo. La diferencia la ha puesto quien lo vio.
Una división, y dos denominadores que engañan.
CTR = clics ÷ impresiones × 100. La fórmula no tiene truco. El truco está en qué cuentas como clic, qué cuentas como impresión y sobre qué trozo de la cuenta lo calculas.
Qué cuenta como clic. Las plataformas informan de más de uno. Hay un clic en el enlace —el que llega a tu web— y hay clics en el anuncio que no van a ningún sitio: el que abre la galería, el que despliega el texto, el que entra en tu perfil. El segundo número siempre es más alto y siempre es el que se enseña en la reunión. El único que sirve para decidir es el primero, porque es el único que puede acabar en una venta y el único que se puede cruzar con lo que ves en tu propia analítica.
Qué cuenta como impresión. Una impresión no es una persona. Es una vez que se ha enseñado el anuncio, y la misma persona cuenta tantas veces como se le enseñe. Por eso el CTR baja solo cuando sube la frecuencia: el denominador crece con gente que ya lo ha visto y ya ha decidido que no. Cuando esas dos líneas se cruzan —frecuencia arriba, CTR abajo, con el mismo anuncio— eso tiene nombre y es fatiga creativa, no un CTR malo.
Sobre qué trozo. El CTR de la cuenta es una media ponderada, y una media ponderada esconde el sitio donde se te está yendo el dinero dentro del sitio que funciona. La regla es la misma que ya se aplica al coste de adquirir un cliente y al retorno: desglosado, nunca solo la media global de la cuenta. Se mira por ubicación, por formato, por público y por anuncio.
En el desglose de arriba la campaña entera va a un 1,20% y nadie tiene por qué alarmarse. Dentro, la mejor ubicación consigue un 1,80% con 720 clics de 40.000 impresiones, y la peor consigue un 0,33%: 50 clics de 15.000. Son 15.000 impresiones pagadas —el 15% de la tanda— comprando 5,4 veces menos visitas por el mismo dinero. Ese es el número que justifica una decisión; el 1,20% no justifica ninguna.
Y un aviso, porque se pierde de vista siempre: el CTR no es una métrica de anuncios. En SEO es exactamente la misma división —clics entre veces que tu página ha aparecido en la lista de resultados— y ahí lo mueven el puesto y el titular en vez de la puja. Misma fórmula, otro denominador y ninguna factura detrás, pero el mismo trabajo: que quien te vea quiera entrar.
El CTR no decide solo. Decide con lo que pasa después del clic.
La pregunta que llega siempre es cuánto es un buen CTR. No hay respuesta en abstracto: cambia por plataforma, por formato, por ubicación y por lo caliente que esté el público. Un 1% en una audiencia que no te conocía y un 1% en remarketing no son el mismo resultado. La única comparación que aguanta es contra tu propia línea, con el mismo formato en el mismo sitio.
Lo que sí tiene respuesta es qué hacer con el número, y para eso hace falta el de al lado: cuántos de los que entran hacen lo que tenían que hacer, la tasa de conversión. Con esos dos, la misma tanda de 800 € solo puede estar en cuatro sitios, y cada uno pide una decisión distinta.
El anuncio atrae y la página cumple. Es la única casilla en la que subir presupuesto no es una apuesta.
El anuncio promete algo que la página no da, o llama a quien no iba a comprar. El creativo no es el problema: cambiarlo baja el CTR y no arregla nada.
Quien entra compra, pero entra poca gente. Aquí el techo está en la creatividad y en el precio de la impresión, no en la web.
Ni convence al que lo ve ni al que entra. Cada euro que sigue ahí es un euro que no está probando otra cosa.
Las cuatro casillas salen de la misma cuenta: 800 € entre los clientes que deja cada combinación. Con un CTR del 2,40% y una conversión del 2,50% el cliente sale a 13,33 €. Con el mismo CTR y una conversión del 0,50%, a 66,67 €. Con un CTR del 0,60% y la conversión buena, a 53,33 €. Y con las dos malas, a 266,67 €: veinte veces la primera. El CTR alto de la segunda casilla es el más peligroso de los cuatro, porque es el que se enseña como buena noticia.
De ahí sale la única forma sana de usarlo. El CTR se usa hacia arriba, para explicar por qué el clic te cuesta lo que te cuesta, y nunca como objetivo. Como objetivo se rompe en dos minutos: hay anuncios que suben el CTR llamando la atención de gente que no va a comprar nunca, y salen carísimos con un CTR excelente. Un CTR que sube mientras el CPA empeora es una señal de que el anuncio está atrayendo al público equivocado, no una mejora. Tu agencia te reporta clics; lo que tú necesitas es facturación.
Y el orden importa. Antes de pelear décimas de CTR, mira si el problema está después del clic. En un cliente marketplace el problema nunca fue la creatividad del anuncio: era el checkout. Quitar elementos clicables que generaban fugas dobló las ventas —un x2 que se sostuvo en el tiempo— sin tocar una sola campaña. La campaña y la web son un solo sistema, y subir el retorno por el lado de la conversión suele salir más barato que subirlo por el lado del anuncio. Cuando el destino ya aguanta, entonces sí: lo que queda en tus manos es la creatividad como input, material nuevo con ritmo de producción y datos de conversión limpios.
Se calcula en tu navegador. No se guarda ni se envía nada.
Cuatro formas de tener el número y usarlo mal.
Compararlo con el de otro
El CTR de referencia de un sector es un número sin dueño: mezcla plataformas, formatos, ubicaciones y públicos que no son los tuyos. Comparar tu 1,20% con un 2,00% de un informe no dice nada, porque no sabes qué clic cuenta el otro ni sobre qué impresiones. Contra lo que se compara es contra tu mismo formato, en la misma ubicación, la semana anterior.
Ponerlo como objetivo
En cuanto el CTR es la meta, se optimiza el CTR y no el negocio. Se puede subir con un titular que provoque, con una imagen que no tiene que ver con lo que vendes o con una promesa que la página no cumple: todo eso funciona a la primera y todo eso encarece el cliente. El CTR es un diagnóstico, no una diana.
Leer solo la media de la cuenta
Es el mismo fallo que mirar solo el retorno global: la media esconde la ubicación que se está comiendo el presupuesto dentro de la campaña que va bien. Lo que hay que pedir en la reunión mensual es el desglose por ubicación y por anuncio, con impresiones y clics al lado, no el porcentaje de arriba del informe.
Culpar a la creatividad de todo
Un CTR que cae puede ser un anuncio gastado, pero también puede ser frecuencia alta, competencia nueva en la misma subasta o un problema de medición que hace que los clics no lleguen enteros al informe. Antes de encargar otro creativo, conviene comprobar cuál de las cuatro es: cambiar el anuncio cuando el problema está en el precio del clic o en los datos cuesta un mes y no mueve nada.
Lo que se pregunta sobre ctr.
¿Cómo se calcula el CTR?
CTR = clics ÷ impresiones × 100. Con 1.200 clics de 100.000 impresiones, el CTR es del 1,20%. Dos avisos sobre los dos términos: cuenta el clic en el enlace, no cualquier clic en el anuncio, y recuerda que una impresión no es una persona, así que el denominador crece con gente que ya lo ha visto.
¿Cuánto es un buen CTR?
No existe un CTR bueno en abstracto: cambia por plataforma, formato, ubicación y por lo caliente que esté el público. Un 1% en una audiencia que no te conocía y un 1% en remarketing no son el mismo resultado. La única comparación que aguanta es contra tu propia línea, con el mismo formato en el mismo sitio, y el CTR bueno es el que baja el coste por clic sin empeorar el coste por cliente.
¿Por qué el CTR cambia lo que pago?
Porque en publicidad pagada compras impresiones, no clics. Con las mismas 100.000 impresiones a 8 € de CPM —800 €— un anuncio con un CTR del 1,80% trae 1.800 visitas a 0,44 € cada una y uno con un 0,60% trae 600 a 1,33 €. Tres veces el precio de la visita, con el mismo presupuesto y la misma subasta.
¿El CTR solo se mide en anuncios?
No. En orgánico es la misma división: clics entre las veces que tu página ha aparecido en la lista de resultados. Lo que lo mueve ahí es el puesto y el titular, no la puja, y no hay factura por clic detrás. Misma fórmula, otro denominador y el mismo trabajo: que quien te vea quiera entrar.
¿Un CTR alto garantiza ventas?
No, y el CTR alto con mala conversión es el caso más caro de los cuatro posibles, porque se enseña como buena noticia. Con la misma tanda de 800 €, un CTR del 2,40% con una conversión del 2,50% deja el cliente a 13,33 €; el mismo CTR con una conversión del 0,50% lo deja a 66,67 €. Un CTR que sube mientras el CPA empeora indica público equivocado, no mejora.
Los que hacen falta para usar este.
Comprar atención en una subasta: qué se paga, por qué sube y cuándo deja de salir a cuenta.
El tráfico por el que pagas de forma directa. Su precio lo fija una subasta contra tu competencia, así que se encarece solo cuando lo usas más.
Optimización de la conversión. Casi siempre es lo que hay que mirar ANTES de tocar los anuncios.
Conseguir que una página tuya sea la respuesta que se enseña cuando alguien pregunta, sin pagar por el clic. Se hace página a página, contra una intención.
Cada vía por la que entra un cliente nuevo. Se juzgan uno a uno: el número global esconde siempre el que ya no sale a cuenta.
El punto en el que meter más dinero sube el CAC más rápido que las ventas. No es un fallo de la campaña: es el techo del canal.
Lo que te cuesta cada acción de la que la plataforma se atribuye el mérito. No es el CAC: mide dentro de la cuenta, no dentro del negocio.