Remarketing.
Volver a pagar por alguien que ya te conocía. Es el canal con el mejor ROAS del panel y el que más mérito ajeno se lleva: la venta la había calentado la campaña que trajo a esa persona, y el clic final se lo apunta el recordatorio.
El remarketing es la publicidad que se sirve solo a gente que ya ha tenido contacto con la marca: visitantes de la web, carritos abandonados o listas de clientes. Su retorno es el más alto de cualquier canal por construcción, porque su público está seleccionado por estar más cerca de comprar, así que no se lee como un rendimiento sino como un recordatorio.
También: retargeting · retargeting publicitario · audiencias de remarketing
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
El canal que llega justo antes de la venta.
El remarketing —o retargeting, que es lo mismo con otro nombre— es publicidad que se sirve solo a gente que ya ha tenido contacto contigo: alguien que entró en la web, vio una ficha de producto, dejó un carrito abandonado o está en tu lista de clientes. La lista no la compras: la escribe tu propio tráfico. Por eso el remarketing no es un canal de adquisición, es un canal de recuperación que vive del canal que sí adquiere.
Y por eso su número es siempre el mejor del panel. Un ROAS de 12 en remarketing y de 2,4 en captación no dice que el remarketing sea cinco veces mejor; dice que uno le habla a gente que no te conocía y el otro a gente que ya había puesto un producto en el carrito. El ROAS del remarketing está inflado por construcción. No por mala fe de nadie: por la definición de su público.
El recorrido real de una compra explica el resto. Alguien llega por un anuncio, aterriza en una página de categoría —no en la ficha—, mira un producto y se va. Vuelve días después por un email o por un anuncio de remarketing, mete algo al carrito y lo abandona otra vez. Llega, por fin, al checkout, ve el gasto de envío y se va. Cuando por fin compra, hay tres contactos de pago detrás y una sola venta.
Ahí empieza el melón de la atribución. Last-click te dice que un canal cerró la venta; multi-touch te dice que fue otro quien la calentó tres días antes. Ninguno de los dos miente del todo y los dos pueden estar equivocados a la vez. Lo que sí es sistemático es a quién beneficia el error: con last-click, la venta entera se la lleva el último contacto de pago, y el último contacto de pago es, casi por definición, el remarketing.
Llega por un anuncio y aterriza en una página de categoría, no en la ficha del producto.
CaptaciónMira un producto y se va sin dejar ni el correo.
Sin costeVuelve días después por un anuncio que le enseña ese mismo producto.
RemarketingMete algo al carrito y lo abandona otra vez.
Sin costeVuelve por el anuncio del carrito. Llega al checkout, ve el gasto de envío y se va.
RemarketingAl día siguiente entra escribiendo la marca y compra.
DirectoEl último clic de pago fue el del anuncio del carrito, así que la venta entera se la apunta el remarketing. La captación que trajo a esa persona se queda a cero.
3 contactos de pago, 2 de ellos de remarketing, y una sola venta que reparten entre tres candidatos a apuntársela.
Una venta, tres contactos de pago, dos de ellos de remarketing, y una regla de reparto que le da el 100% al último. Eso no es un fallo de configuración: es lo que hace el modelo por defecto de casi todos los paneles.
La audiencia no es un presupuesto. Es un stock.
Una audiencia de remarketing tiene tres piezas y ninguna es creativa: el evento que mete a alguien dentro, la ventana de días que se queda y las exclusiones.
El evento es qué hay que hacer para entrar en la lista: visitar, ver una ficha, añadir al carrito, comprar. La ventana es cuántos días se queda ahí quien entra. Y las exclusiones son a quién se saca: el que ya compró, el que ya está dentro de un flujo de email que le va a llegar igual, el que solo estaba comparando precios. Sin exclusiones bien puestas pagas por enseñarle el sofá a quien lo tiene ya en el salón, y esos clics vuelven a entrar como conversiones.
Ese diseño es lo que le pone al remarketing un techo aritmético del que casi nunca se habla. La lista no crece porque tú subas el presupuesto: crece con la gente que traiga el canal de captación y se vacía con la ventana. Con números redondos, un sitio que recibe 1.000 visitantes únicos al día y una ventana de 30 días tiene una lista de 30.000 personas. Si el 2% compra y se excluye, quedan 29.400 a las que se les puede servir el recordatorio.
A partir de ahí la cuenta la cierra el CPM. Cubrir esas 29.400 personas una sola vez son 29.400 impresiones, que a 10 € el mil cuestan 294 €. Cubrirlas seis veces, 1.764 €. Ese es el presupuesto que el canal absorbe antes de repetirse más de seis veces sobre la misma gente. El euro siguiente no compra alcance nuevo: compra la séptima impresión al mismo señor.
- Visitantes únicos al día
- 1.000
- Por los días de la ventana (30)
- 30.000
- Menos los que compran (2%), que se excluyen
- −600
- Audiencia a la que se le puede servir el recordatorio
- 29.400
Lo que enseña la tabla es que el remarketing no escala solo. Para meterle el doble de dinero hace falta el doble de gente arriba, y para tener el doble de gente arriba hay que abrir la segmentación de la captación —que es exactamente la mecánica del colapso del canal paid: para gastar más necesitas más audiencia, y al ampliarla pierdes público cualificado—. Subir el presupuesto de remarketing sin tocar el de captación no trae más ventas. Sube la frecuencia.
Su buen número no prueba nada. Apagarlo, sí.
La pregunta que hay que hacerle al remarketing no es cuánto ROAS trae. Es cuántas de esas ventas no habrían pasado igual sin él.
Son dos preguntas distintas y la primera no contesta la segunda. Una campaña que solo llega a gente que ya iba a comprar puede dar un retorno espectacular y un beneficio de cero: has pagado por estar delante en el momento en que alguien ya había decidido. Eso se llama incrementalidad y tiene su propia página, con la fórmula del lift y las tres formas de montar la prueba. Aquí basta con quedarse con por qué hace falta justo en este canal: es el único donde la sospecha es estructural, porque su público está seleccionado precisamente por estar más cerca de comprar. No es un canal difícil de medir. Es un canal fácil de medir mal.
Cada euro llega a alguien de la lista que todavía no había visto el recordatorio.
La lista ya está cubierta. Lo que compras es la segunda, la tercera y la cuarta vez.
Misma gente, más veces. Aquí el presupuesto compra fatiga, no ventas nuevas.
Mientras la lista se renueva más rápido de lo que la cubres, cada euro llega a alguien nuevo y el canal suma. En cuanto la has cubierto —294 € en este ejemplo—, el alcance se queda quieto y lo único que crece es el número de veces que la misma persona te ve. Con 3.000 € al mes sirves 300.000 impresiones sobre 29.400 personas: una frecuencia media de 10,2. El panel seguirá enseñando un ROAS excelente, porque las ventas de esa gente entran igual. Eso es lo que hace que el ROAS que enseña la propia plataforma, sin contrastarlo con nada, no sirva para dirigir.
Antes de subir el presupuesto, la palanca barata suele estar en el otro lado. Si la gente llega al checkout y se va por el gasto de envío, no hay recordatorio que lo arregle: eso es CRO, y sale más barato que la puja. Y si vendes a base de recuperar carritos, lo primero es comprobar que el email de recuperación sale de verdad. Todo el mundo dice que ya lo tiene montado; pocos han comprobado que manda algo. Pide ver el último email que salió, no la pantalla de configuración.
Y el sitio del remarketing en el plan es el que le corresponde a todo el paid media: acelerar los otros canales y probar audiencias, no cargar con el peso del crecimiento. Un remarketing bien puesto es un canal pequeño, barato y aburrido que recoge lo que otro ha traído. Cuando se convierte en la partida grande del presupuesto, casi siempre es porque la captación se ha quedado corta y nadie lo ha querido decir.
Cuatro formas de tenerlo montado y estar perdiendo dinero.
Comparar su ROAS con el de captación
Son dos campañas con el mismo objetivo y con públicos que no se parecen en nada. Ponerlos en la misma tabla siempre da la misma conclusión —mover presupuesto de captación a remarketing— y esa conclusión cierra el grifo que llena la lista. Dos meses después no hay a quién recordarle nada, y el canal bueno del panel se apaga solo. El remarketing se compara consigo mismo en el tiempo, no con el canal que lo alimenta.
No excluir a quien ya compró
Es el error más común y el más fácil de arreglar. Sin la exclusión, buena parte del presupuesto se va en perseguir a clientes que ya tienen el producto en casa, y lo peor no es el gasto: es que sus visitas y sus recompras entran como conversiones del canal. La audiencia se ensucia, el retorno sube y el número queda todavía más lejos de la realidad.
Tratar cualquier carrito como una intención de compra
Jugar a combinar productos para ver qué encaja no es lo mismo que un carrito abandonado. Si la audiencia de carrito mete a los dos en el mismo saco, estás pagando por perseguir a gente que estaba mirando escaparates. Antes de montar la campaña hay que saber cómo usa el carrito tu cliente, y eso se ve en los datos, no en la pantalla de configuración de la herramienta.
Estirar la ventana a ver si sale más audiencia
Pasar de 30 a 180 días no te da seis veces más audiencia útil: te da la misma audiencia más gente que ya se olvidó de ti, y una frecuencia media que miente porque mezcla al de ayer con el de hace medio año. La ventana se elige por el tiempo que tarda de verdad una decisión de compra en tu categoría. Si no lo sabes, ese es el dato que hay que sacar antes de tocar nada.
Lo que se pregunta sobre remarketing.
¿Qué diferencia hay entre remarketing y retargeting?
Ninguna de fondo: son la misma técnica —servir anuncios solo a gente que ya ha tenido contacto contigo— y el nombre depende de la herramienta con la que se monta, no de lo que hace. En una plataforma la audiencia se llama de remarketing y en otra de retargeting; el evento que mete a alguien dentro, la ventana de días y las exclusiones son las mismas tres piezas en las dos.
¿Por qué el ROAS del remarketing es siempre tan alto?
Porque su público está elegido por estar más cerca de comprar: gente que ya vio la ficha o que dejó un carrito. A eso se le suma que el modelo de atribución por defecto de casi todos los paneles da la venta entera al último contacto de pago, y el último contacto de pago es casi siempre el recordatorio. El número está inflado por construcción, no por mala fe: no se compara con el de la campaña de captación que trajo a esa persona.
¿Cuándo deja de sumar el remarketing?
Cuando ya has llegado a toda tu lista y el presupuesto solo compra repetición. La audiencia es un stock que llena el canal de captación: si un sitio recibe 1.000 visitantes únicos al día y la ventana es de 30 días, la lista son 30.000 personas menos las que compran. Cubrirla una vez a 10 € de CPM cuesta 294 €; cubrirla seis veces, 1.764 €. Por encima de ahí el alcance no se mueve y lo único que sube es la frecuencia.
¿Cómo se sabe cuánto aporta de verdad el remarketing?
Apagándolo y midiendo, no con una fórmula. Se aparta una parte del público —un holdout dentro de la plataforma, unas provincias sin campaña o un apagado completo durante un periodo— y se compara con el resto. Eso es un test de incrementalidad, y es la única lectura honesta de este canal: su retorno declarado incluye ventas que habrían pasado igual, y ningún reparto de atribución puede separarlas.
Los que hacen falta para usar este.
Comprar atención en una subasta: qué se paga, por qué sube y cuándo deja de salir a cuenta.
El tráfico por el que pagas de forma directa. Su precio lo fija una subasta contra tu competencia, así que se encarece solo cuando lo usas más.
Optimización de la conversión. Casi siempre es lo que hay que mirar ANTES de tocar los anuncios.
Saber de dónde viene cada venta. Sin esto, cualquier decisión de inversión es el cuento de la vieja.
Cada vía por la que entra un cliente nuevo. Se juzgan uno a uno: el número global esconde siempre el que ya no sale a cuenta.
El punto en el que meter más dinero sube el CAC más rápido que las ventas. No es un fallo de la campaña: es el techo del canal.
Lo que te cuesta cada acción de la que la plataforma se atribuye el mérito. No es el CAC: mide dentro de la cuenta, no dentro del negocio.