Coste por visualización.
El CPV es lo que pagas por cada visualización de un vídeo. Es la métrica más barata de mover del panel —basta con cambiar el segundo en el que se cuenta— y la más fácil de confundir con interés real.
El CPV (coste por visualización) es lo que cuesta cada visualización de un vídeo: el coste del periodo dividido entre las visualizaciones que declara la plataforma. El número depende por completo del umbral que use esa plataforma para contar una visualización, que va de dos segundos a la reproducción completa, así que un CPV sin su umbral escrito al lado no se puede comparar con nada.
También: cost per view · coste por visualización · coste por reproducción
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
El precio de que empiece el vídeo, no de que te vean.
El CPV es lo que te cuesta cada visualización de un vídeo: el coste del periodo dividido entre las visualizaciones que declara la plataforma. La división no tiene truco. La palabra que decide todo lo demás no es “coste”, es “visualización”.
Existe por la misma razón que existe el CPM: es un precio por unidad de entrega, no por unidad de negocio. Con la impresión, la unidad es que el anuncio se enseñe; con el vídeo, que se ponga a rodar. Ninguna de las dos es algo que alguien haya decidido hacer contigo. Por eso el CPV cuelga del CPM y no del CPA: una vista no es una acción, es algo que le pasó a alguien mientras bajaba el dedo. Cómo se propaga un coste de entrega hasta el cliente está en la página de paid media, y aquí no se repite.
Lo que sí es de esta página es el problema del umbral. Cada plataforma decide a partir de qué segundo eso cuenta como una visualización, y no todas usan el mismo corte: hay columnas que suman a los dos o tres segundos, otras a los seis, otras exigen quince y otras la reproducción entera. En la misma cuenta puedes tener dos columnas con nombres casi iguales que cuentan cosas distintas. Cambiar de columna no cambia la campaña: cambia el denominador.
De ahí las dos cosas que hay que saber antes de aprobar una campaña de vídeo. Es la métrica más barata de mover del panel —se baja abriendo público, cambiando de ubicación o mirando un umbral más corto, sin tocar el anuncio— y es la más fácil de confundir con interés real. Con 800 € y 100.000 reproducciones arrancadas, el CPV de la misma campaña va de 0,014 € a 0,154 € según en qué segundo lo cuentes: 10,6 veces de diferencia, mismo vídeo y mismo dinero.
El umbral corto: el vídeo apenas ha empezado.
Lo justo para que se entienda de qué va.
Media pieza. Aquí ya hay una decisión de quedarse.
El vídeo entero, hasta el último fotograma.
CPV = coste ÷ visualizaciones. Lo que hay que auditar son los dos lados.
La fórmula se resuelve en un segundo. Lo que cuesta trabajo es dejar claro qué entra en el numerador y qué se está contando en el denominador, porque en vídeo los dos se ensucian con facilidad.
En el numerador va solo el coste del medio del mismo conjunto de anuncios y de las mismas fechas. Fuera honorarios, fuera herramientas y —esto es lo propio del vídeo— fuera la producción de la pieza. Un CPV de un céntimo y medio con un vídeo que ha costado varios miles de euros de producción no es un canal barato: es que el precio está en otra línea de la factura y no aparece en esta división. Si quieres el coste real de la atención que compras, la producción se reparte entre las visualizaciones de la vida útil del vídeo y se suma aparte.
En el denominador va la definición de vista que use esa columna, y ese dato no se deduce: se lee. Abre la descripción de la columna en tu panel y apunta el segundo. Sin ese número, el CPV no se puede comparar con nada, ni con el mes pasado si os cambiaron la columna por defecto.
La curva enseña por qué esto no es una pega de purista. La retención no cae recta. Del segundo 2 al 6 se va más de la mitad del público que había (55,2% a 25,9%); del 6 al 15 se va la mitad de lo que quedaba (10,8%); y al final del vídeo sigue ahí el 5,2%. Como el CPV es el coste dividido entre los arranques por la retención, el CPV es exactamente esa curva puesta del revés: 0,014 € a los dos segundos, 0,031 € a los seis, 0,074 € a los quince y 0,154 € por el vídeo entero. Cada segundo que le exiges al espectador multiplica el precio.
De aquí sale la regla práctica del cálculo: el CPV nunca se saca solo. Se sacan dos, el del umbral corto y el de la visualización completa, y se enseñan juntos. El primero dice cuánto cuesta que tu vídeo aparezca; el segundo, cuánto cuesta que alguien lo vea. Y el cociente entre los dos —10,6 veces en este ejemplo— es tu tasa de retención escrita en euros, que es la forma en la que un comité de dirección la entiende sin explicación.
Lo que no hace ninguna de las dos cuentas es llevar a nadie a ninguna parte. La visualización no mueve a la persona de sitio: el paso siguiente sigue siendo el clic, y ahí manda el CTR y lo que acabe costando el CPC. Un vídeo puede tener un CPV excelente y no generar una sola visita.
Un CPV solo no aprueba nada.
Estas dos campañas gastan lo mismo y tienen el mismo CPV al corte de dos segundos: 0,014 €. Con ese número delante, son idénticas. No lo son.
Arranca a mucha gente y la pierde en el segundo tres.
Arranca a menos gente y la mitad sigue ahí en el segundo seis.
La segunda compra menos entregas y más caras —10,87 € por mil, contra 8,00 €— y aun así entrega 2,4 veces más vídeo visto por el mismo dinero: 12.272 personas terminan la pieza frente a 5.193. Si la conversación de la reunión es el CPV, gana la primera. Si la conversación es el vídeo que se ha visto de verdad, gana la segunda. Y la que sostiene el negocio es la segunda.
Con eso claro, el CPV tiene tres usos legítimos. Uno: comparar dos versiones del mismo vídeo con el mismo umbral, el mismo público y la misma ubicación; ahí el CPV es una nota a la creatividad y se lee limpio. Dos: como precio de construir una audiencia de remarketing de gente que ha visto una parte concreta de la pieza, que es el único caso en el que la visualización tiene un uso posterior medible. Tres: como alarma temprana; un CPV que se mantiene mientras la retención cae es fatiga creativa asomando antes de que se vea en cualquier otro sitio del panel.
Y tiene tres usos en los que no sirve, por mucho que sea el número que la plataforma pone más grande. No sirve para aprobar presupuesto, porque no hay ningún CPV bueno en abstracto: no existe el umbral que te diga si un céntimo y medio está bien. No sirve para comparar plataformas, porque cada una cuenta en un segundo distinto. Y no sirve para justificar una campaña de generación de demanda que no ha movido nada por abajo: si tres meses de vídeo no han cambiado ni el tráfico de marca, ni las conversaciones que entran, ni la conversión del resto de los canales, el CPV barato no es un resultado, es la factura.
Se calcula en tu navegador. No se guarda ni se envía nada.
Cuatro formas de tener el número y usarlo mal.
Comparar CPV entre plataformas
Es el error más común y el más invisible, porque las dos cifras se llaman igual. Si una plataforma cuenta la visualización a los dos segundos y otra a los quince, no estás comparando precios: estás comparando definiciones. Sin el umbral escrito al lado de cada CPV, la tabla comparativa no significa nada.
Leer la visualización como interés
La mayoría de los vídeos arrancan solos y sin sonido. Eso quiere decir que buena parte de las visualizaciones que estás pagando son de gente que no eligió verlas y que no oyó nada. Una visualización es una oportunidad de que empiece tu mensaje, no una prueba de que haya llegado. El interés empieza a medirse donde alguien hace algo: el clic, la visita, la conversación.
Optimizar la campaña a visualizaciones
Si le pides al algoritmo el evento más barato, lo consigue: aprende a encontrar a quien deja los vídeos correr y te llena la cuenta de visualizaciones a precio de saldo. El CPV baja, el informe mejora y abajo no pasa nada. Y no se ve hasta que alguien cruza esas campañas con la atribución y descubre que el canal más barato del panel es el que menos ha traído.
Dar por bueno el recuento de la plataforma
Las visualizaciones las cuenta el reproductor de quien te cobra por ellas, y no hay forma de auditarlas por fuera: no dejan rastro en tu web ni en tu analítica. Es el caso más puro de discrepancia de plataforma, y el motivo por el que el CPV se usa como termómetro interno de una creatividad y nunca como métrica de negocio.
Lo que se pregunta sobre cpv (coste por visualización).
¿Cómo se calcula el CPV?
CPV = coste ÷ visualizaciones. En el numerador va solo el coste del medio del mismo conjunto de anuncios y las mismas fechas; no entran honorarios, herramientas ni la producción del vídeo, que en vídeo suele ser la partida más grande. En el denominador va lo que esa columna concreta llame visualización.
¿Qué cuenta como una visualización?
Depende de la plataforma y de la columna. Hay recuentos que suman a los dos o tres segundos, otros a los seis, otros a los quince y otros solo con la reproducción completa. En la misma cuenta pueden convivir dos columnas con nombres parecidos y umbrales distintos, así que el umbral se lee en la descripción de la columna antes de anotar el número.
¿Cuál es un buen CPV?
No existe un buen CPV en abstracto, y a diferencia del CPM tampoco se puede derivar un techo desde el CAC, porque una visualización no es una acción de negocio y no hay una tasa estable que la convierta en cliente. El CPV solo se compara contra sí mismo: la misma plataforma, el mismo umbral, el mismo público y la misma ubicación.
¿Es lo mismo el CPV que el coste por visualización completa?
No, y la distancia entre los dos es la información útil. Con una retención en la que al final del vídeo sigue el 5,2% del público, un CPV de 0,014 € al corte de dos segundos es un coste por visualización completa de 0,154 €: 10,6 veces más. Ese multiplicador es la tasa de retención escrita en euros.
¿Sirve el CPV para aprobar el presupuesto de vídeo?
No. Sirve para comparar dos versiones del mismo vídeo en las mismas condiciones, para poner precio a construir una audiencia de remarketing y como alarma temprana de fatiga creativa. El presupuesto se aprueba con lo que se mueve por abajo: tráfico, conversaciones, conversión de los demás canales.
Los que hacen falta para usar este.
Comprar atención en una subasta: qué se paga, por qué sube y cuándo deja de salir a cuenta.
Lo que cuesta que un anuncio se enseñe mil veces. Es el primer eslabón de la cadena: lo que sube aquí sale entero por abajo, en el CAC.
El tráfico por el que pagas de forma directa. Su precio lo fija una subasta contra tu competencia, así que se encarece solo cuando lo usas más.
Saber de dónde viene cada venta. Sin esto, cualquier decisión de inversión es el cuento de la vieja.
Coste de adquirir un cliente (inversión ÷ clientes nuevos). Se mira por canal, nunca solo el global.
Cada vía por la que entra un cliente nuevo. Se juzgan uno a uno: el número global esconde siempre el que ya no sale a cuenta.
El punto en el que meter más dinero sube el CAC más rápido que las ventas. No es un fallo de la campaña: es el techo del canal.