Above the fold.
Lo que se ve de una página antes de hacer scroll. Es lo único que ve todo el que entra, así que ahí tiene que quedar claro qué vendes, a quién y qué hacer ahora.
Above the fold es la parte de una página web que se ve al cargarla sin hacer scroll. Como es lo único que ve todo visitante, tiene que contestar qué se vende, a quién va dirigido y qué hacer a continuación; el resto de la página es para quien ya ha decidido quedarse.
También: primer pantallazo · parte visible sin scroll
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
Lo único que ve todo el que entra.
Above the fold es la parte de una página que se ve al cargarla, sin tocar nada. El nombre viene de los periódicos: lo que quedaba por encima del doblez de la portada era lo que se leía en el quiosco, y ahí iba la noticia que tenía que vender el ejemplar. En una web el doblez es el borde inferior de la pantalla, y la regla es la misma: lo que está ahí arriba lo ve todo el mundo; lo que está debajo, solo quien ha decidido quedarse.
Por eso el primer pantallazo no es una zona de diseño, es una zona de decisión. En esos segundos el visitante contesta tres preguntas, lo sepa o no: qué me venden, si es para mí y qué tengo que hacer. Si las tres quedan contestadas, baja o pulsa. Si alguna no, se va, y en la analítica aparece como una visita que no hizo nada. Es la primera fuga de cualquier landing page, y la que más gente se lleva, porque es la única por la que pasa todo el mundo.
El malentendido habitual es pensar en el pliegue como una línea fija. No lo es. Depende del tamaño de la pantalla, de la barra del navegador, de si el teléfono va en vertical, del zoom. La misma página enseña cosas distintas en cada aparato, y quien la aprueba casi siempre la mira en el aparato en el que menos visitas entran.
En el ejemplo, el móvil corta la página a 660 px y el botón empieza justo en ese píxel: la imagen, que en el escritorio iba al lado del titular, en el teléfono se apila debajo y empuja la acción fuera de la pantalla. Nadie lo decidió así. Pasó porque la página se diseñó en grande y se encogió después, que es justo lo que evita trabajar en mobile first.
Cuatro piezas, y cuidado con lo que se cuela.
No hay fórmula. Hay un inventario de lo que cabe y un criterio para decidir qué entra: cada píxel de la primera pantalla tiene que contestar una de las preguntas del visitante o dejar sitio a lo que la contesta.
Las piezas que contestan son cuatro. Un titular que diga qué vendes en palabras del cliente, no en las tuyas: eso es la propuesta de valor condensada en una línea. Un subtítulo que diga a quién va y qué consigue. Una prueba corta de que no te lo estás inventando, que puede ser una cifra, un logo o una valoración: la prueba social que cabe en una línea, no el carrusel de opiniones. Y una sola petición clara, la llamada a la acción, con el mismo verbo que el botón.
Lo difícil no es poner esas cuatro, es que no se las coma todo lo demás. Una primera pantalla se llena sola de cosas que nadie ha decidido poner ahí: el aviso de cookies, la cabecera con el menú entero, la franja de envío gratis, el carrusel que pidió alguien de producto. Cada una tiene su motivo y ninguna contesta nada.
Las dos versiones llevan casi lo mismo. En la cargada, solo el 10% de los 660 px contesta algo: el titular asoma a medias y el botón no cabe. En la ordenada, el 50%. No se ha quitado el aviso de cookies, que tiene que estar si usas cookies que no son técnicas: se ha hecho pequeño y se ha dejado en el borde inferior. El consentimiento se puede pedir sin tapar la mitad de la oferta.
Y hay una pieza invisible que va antes que las cuatro: que la pantalla cargue. Si la imagen grande de arriba tarda, lo que ve el visitante durante esos segundos es un hueco en blanco, y el mejor titular del mundo no sirve de nada si llega tarde. Por eso la velocidad de carga se mide justamente sobre el elemento más grande de la primera pantalla.
Qué va arriba depende de cómo llega la gente.
No hay una primera pantalla correcta para todas las visitas. El que no te conoce necesita más contexto en menos sitio; el que ya te busca necesita un atajo.
El que llega en frío, desde un anuncio o una búsqueda genérica, necesita las cuatro respuestas arriba: cuatro piezas de ocho. El que llega en caliente, porque ha buscado tu marca o vuelve desde un correo tuyo, ya sabe qué haces y si es para él: le sobran dos de esas piezas y le falta una, que suele ser el precio, porque vuelve a comprobarlo. Si las dos visitas aterrizan en la misma página, la primera pantalla se escribe para la fría, que es la que más se pierde, y la caliente tiene el botón igual de a mano.
Lo demás no desaparece: baja. Cómo funciona, los casos largos, la garantía y las preguntas frecuentes son para quien ya se ha quedado y quiere asegurarse antes de decir que sí. Meterlos arriba no los hace más leídos; hace que lo de arriba se lea peor.
Para saber si tu primera pantalla funciona, tres comprobaciones en este orden. La primera, abrirla en un móvil con datos, no con el wifi de la oficina, y mirar solo lo que se ve sin tocar. La segunda, la prueba de los cinco segundos: enseñársela a alguien que no te conoce, quitársela y preguntarle qué vendes, a quién y qué tenía que hacer; si duda en una, ahí está el trabajo. La tercera, mirar los datos: un mapa de calor dice cuánta gente baja de la primera pantalla y en qué pulsa, y un test A/B confirma si el cambio mueve las ventas o solo el gusto de quien lo aprobó. Todo esto es CRO en su versión más barata: se arregla con un editor de textos y una tarde.
Cuatro formas de tener la primera pantalla y desperdiciarla.
Aprobarla en el ordenador de la oficina
Una pantalla grande enseña el titular, el botón y las opiniones de una vez. El teléfono, desde el que seguramente entra buena parte de tus visitas, enseña la mitad, y en otro orden. Compruébalo en tu analítica. Si la primera pantalla se valida en el escritorio, lo que se valida es la versión que menos gente ve.
Querer meterlo todo arriba
El reflejo de quien ha oído que lo de abajo no se lee es apretar: letra más pequeña, tres botones, un carrusel que rota. El resultado es una pantalla en la que no se lee nada. La gente baja si la primera pantalla le ha dado un motivo; el trabajo de arriba es dar ese motivo, no contarlo todo.
Dejar que se la coma lo que no vende
Avisos que tapan media pantalla, cabeceras con veinte enlaces, franjas de promoción, ventanas de suscripción al segundo de entrar. Nadie las puso con mala intención y entre todas se quedan con el sitio de la oferta. Cuenta los píxeles que contestan algo: si no llegan a la mitad, ya sabes por dónde empezar.
Perseguir el píxel exacto del pliegue
No existe un número que valga para todas las pantallas, y diseñar para uno concreto deja fuera a las demás. Lo que funciona es ordenar por importancia: lo que contesta qué vendes va primero en cualquier aparato, y la petición queda lo más arriba posible sin empujar al titular. Si la tasa de rebote de una página es alta, la primera sospechosa es esta pantalla.
Lo que se pregunta sobre above the fold.
¿Qué significa above the fold?
Significa por encima del doblez. Viene de la portada de los periódicos, donde lo que quedaba sobre el pliegue era lo que se leía en el quiosco. En una web es lo que se ve al cargar la página sin hacer scroll: la única parte que ve absolutamente todo el que entra.
¿Qué tiene que ir en el above the fold?
Cuatro cosas: un titular que diga qué vendes en palabras del cliente, un subtítulo que diga a quién va y qué consigue, una prueba corta de que funciona y una sola llamada a la acción. Lo demás, como el detalle de cómo funciona, los casos largos o las preguntas frecuentes, va debajo, para quien ya se ha quedado.
¿A cuántos píxeles está el pliegue?
No hay un número fijo. Depende del tamaño de la pantalla, de la barra del navegador, de la orientación del teléfono y del zoom, así que la misma página corta en sitios distintos en cada aparato. Lo útil es mirar desde qué pantallas entran tus visitas reales y ordenar la página por importancia, no diseñar para un píxel concreto.
¿La gente hace scroll o se queda en la primera pantalla?
Hace scroll si la primera pantalla le ha dado un motivo. Por eso el trabajo de arriba no es contarlo todo, es convencer de que vale la pena seguir. Cuánta gente baja en tu página concreta lo dice un mapa de calor de scroll, no una regla general.
Los que hacen falta para usar este.
Arreglar lo que pierde ventas entre que alguien llega y que paga.
Una página con un único trabajo y una sola salida. Si tiene menú de navegación, ya no lo es.
Optimización de la conversión. Casi siempre es lo que hay que mirar ANTES de tocar los anuncios.
Qué haces, para quién y por qué tú. Si no cabe en una frase no está clara, y la web lo paga en conversión.
Lo que le pides al visitante que haga. Una por pantalla: pedir dos cosas a la vez es no pedir ninguna.
El que metió producto en el carrito y no llegó a pagar. La fuga más cara del ecommerce, porque el tráfico ya está comprado y pagado.
Los últimos pasos antes de pagar. El cuello de botella donde se muere una campaña buena sin que nadie lo mire.