Roadmap.
La lista ordenada de lo que vas a hacer en los próximos meses para mover tu North Star. Dice qué va antes y qué va después, no qué día. Es una apuesta, y se reordena cada vez que un sprint te enseña algo.
Un roadmap es la lista ordenada de las apuestas que una empresa va a ejecutar en un horizonte de tres a seis meses para acercarse a su North Star. Fija el orden y no las fechas, y se reordena cada vez que un resultado cambia lo que se sabe.
También: hoja de ruta · plan de producto
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
Qué va antes y qué va después. No qué día.
Un roadmap es la lista ordenada de lo que vas a hacer en los próximos meses para acercarte a tu North Star. Ordenada es la palabra que trabaja. Una lista de cosas que hacer la tiene cualquier empresa; lo que casi nadie tiene escrito es en qué orden y por qué ese orden y no otro.
El malentendido que resuelve es el del calendario. Mucha dirección entiende el roadmap como un diagrama de barras con fechas de entrega, y lo defiende como se defiende un compromiso. Pero tú no sabes hoy lo que vas a saber dentro de dos meses. Un roadmap con fechas en todo es una promesa sobre lo que todavía no sabes, y la única forma de cumplirla es dejar de aprender. Lo que sí sabes es qué apuesta va antes y cuál después. Eso es el roadmap: un orden de apuestas, revisable.
Vive entre dos relojes. Por encima está la North Star, que se fija y se le da recorrido: de seis meses a un año antes de tocarla. Por debajo está el sprint, quince días en los que sí se sabe quién hace qué. El roadmap es el tramo de en medio: el horizonte de los objetivos que cada departamento se pone al bajar la North Star por la cascada, de tres a seis meses. Sin él, los sprints se montan sobre la marcha y se pierde el rumbo; sin sprints, el roadmap es una diapositiva.
Existe por una razón muy práctica. Cuando sabes hacia dónde vas, organizar equipos y prioridades deja de ser un ejercicio de fe. Sin un orden escrito, cada lunes se vuelve a discutir qué es lo importante, y gana quien más alto habla o quien tiene el cargo. Con el orden escrito y razonado, la discusión se tiene una vez, se apunta, y solo se reabre cuando aparece un dato nuevo.
Se escribe desde la meta. Y con menos detalle cuanto más lejos.
Se empieza por arriba, no por la lista de pendientes. Qué número tiene que moverse en seis meses, y desde ahí hacia atrás: qué tiene que haber pasado justo antes, y antes de eso. Es el formato del escalador de los sprints, aplicado a un horizonte más largo.
Las apuestas salen de una sesión de ideación, que es un brainstorming con números y puntuaciones, no una lista de ocurrencias. Cada idea se puntúa con ICE y se ordena. El orden de las primeras posiciones baja al backlog de experimentos, que es la cola que alimenta cada sprint; el resto se queda en el roadmap esperando su turno. Las dos piezas no son lo mismo: el backlog dice qué hipótesis entran en los próximos quince días, el roadmap dice hacia dónde van los próximos doce sprints.
La regla de construcción que más roadmaps salva es esta: el detalle cae con la distancia. Lo que entra ahora lleva todo escrito. Lo de dentro de un mes lleva la apuesta y la métrica. Lo de dentro de cinco meses lleva una pregunta. Escribir con el mismo detalle lo de mañana y lo de mayo es trabajo tirado, porque lo de mayo va a cambiar antes de llegar.
- La apuesta
- La métrica que tiene que mover
- Quién la lleva
- Jornadas que cuesta
Email de recuperación de carrito, dos toques. Mide carritos recuperados, lo lleva marketing y cuesta tres jornadas.
- La apuesta
- La métrica que tiene que mover
- Quién la lleva
- Jornadas que cuesta
Rehacer el onboarding. Se sabe qué número tiene que mover; quién y cuánto cuesta se decide cuando le toque.
- La apuesta
- La métrica que tiene que mover
- Quién la lleva
- Jornadas que cuesta
Abrir un segundo mercado. De momento es una pregunta escrita, no un proyecto con fecha.
En el dibujo, la columna de ahora tiene los cuatro campos escritos; la de después, dos; la de más adelante, uno. No es dejadez, es honestidad: lo que no sabes no se escribe como si lo supieras. Y no lo confundas con el plan de marketing, que dice a qué cliente vas, con qué mensaje, por qué canales y con cuánto dinero. El plan dice qué. El roadmap dice en qué orden.
Un sprint que trae un resultado reordena el roadmap entero.
El roadmap no se revisa porque toque en el calendario. Se reordena cuando un sprint se cierra y ha cambiado lo que sabes. Si no ha cambiado nada, no se toca.
El ejemplo se lee así. Antes del sprint, el segundo idioma en la web iba primero con 294 puntos (7 × 6 × 7) y el email de recuperación segundo con 288 (6 × 6 × 8). Detrás, la página de precios nueva con 210, rehacer el onboarding con 162 y el programa de referidos con 160. El sprint trae dos resultados. Una versión corta del email funciona, y su confianza pasa de 6 a 9: 432 puntos, primer puesto. Una prueba de demanda del segundo idioma no trae a casi nadie, y su confianza baja de 6 a 2: 98 puntos, último. Nadie ha cambiado de opinión sobre el impacto ni sobre lo que cuesta cada apuesta. Ha bastado con saber algo más.
Eso es lo que significa que el roadmap sea una apuesta y no una promesa. El que iba primero acaba último y no pasa nada, porque nadie se había comprometido a una fecha de entrega del segundo idioma. Si se hubiera prometido para marzo, en marzo estaríais traduciendo una web que nadie ha pedido.
Para que esto funcione, el resultado tiene que estar escrito. Cada tarjeta que se cierra lleva dos líneas de qué salió y qué se aprendió; si no, la confianza de una apuesta se mueve por intuición y el reorden vuelve a ser una opinión. Lo único que te tiene que servir del roadmap es saber qué hay que hacer y cuánto te acerca a la meta, y eso solo se sabe si alguien apuntó lo que pasó.
El ritmo práctico: se reordena al cierre de cada sprint, en la misma reunión en la que se mira qué ha salido, que es la retro tipo starfish. La North Star no se toca en esa reunión. Y de vez en cuando hay que parar y mirar atrás entero: si todo cuadra y tiene sentido, se sigue; pero casi siempre hay cosas que reajustar. Ahí el roadmap se reescribe, no solo se reordena. Mientras tanto, los quick wins que caben en un sprint van entrando sin pedir permiso al roadmap: compran tiempo mientras las apuestas grandes arrancan.
Cuatro formas de tener roadmap y no ir a ninguna parte.
Ponerle fecha a todo
Un diagrama de barras con entregas a seis meses convierte cada aprendizaje en un retraso. El equipo deja de contar lo que ha descubierto porque descubrir algo mueve una fecha que alguien ha prometido. Fecha, como mucho, para lo del sprint en curso. El resto se ordena.
Reescribirlo cada mes
El extremo contrario. Si la dirección cambia de rumbo cada mes y lo llama experimentación, el roadmap no es una apuesta: es el humor de la semana. Se reordena con resultados, no con ocurrencias. Y si lo que cambia cada mes es la meta, el problema no está en el roadmap, está en la North Star.
Defenderlo por lo que ya se ha invertido
Da igual el backlog, da igual el coste hundido. Si una apuesta lleva tres sprints comiendo jornadas y lo que se ha aprendido dice que tu cliente ideal no la necesita, sale del roadmap. Que quede bonito no es un criterio. Que resuelva lo que el cliente necesita, sí.
Que sea la suma de los deseos de cada departamento
Si cada área mete sus tres proyectos y el roadmap es la grapa que los une, no hay orden: hay reparto. El orden sale de cuánto acerca cada apuesta a la North Star, y eso obliga a que algo de alguien vaya el último. Por eso no se sustituye con OKR: los OKR dicen adónde llega cada equipo este trimestre; el roadmap, qué se hace antes para llegar.
Lo que se pregunta sobre roadmap.
¿Qué es un roadmap?
Es la lista ordenada de lo que vas a hacer en los próximos tres a seis meses para acercarte a tu North Star. No es un calendario de entregas: dice qué va antes y qué va después, y se reordena cuando un resultado cambia lo que sabes.
¿Cómo se prioriza un roadmap?
Se escribe desde la meta hacia atrás y cada apuesta se puntúa con ICE: impacto, confianza y facilidad del 1 al 10, multiplicados. Se ordena de mayor a menor, y lo de arriba baja al backlog del sprint. Cuando un sprint trae un resultado, se vuelve a puntuar y el orden cambia.
¿Un roadmap tiene que llevar fechas?
Solo lo del sprint en curso. Lo demás va por horizontes: ahora, después y más adelante, con menos detalle cuanto más lejos. Una fecha a cinco meses es una promesa sobre algo que todavía no sabes, y convierte cada aprendizaje en un retraso.
¿Qué diferencia hay entre roadmap y backlog?
El backlog de experimentos es la cola de hipótesis que entra en los próximos quince días. El roadmap es el horizonte de meses del que sale esa cola: hacia dónde van los próximos doce sprints y en qué orden.
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