Ruta inversa de conversión.
El embudo de ida te dice dónde se cae la gente. La ruta inversa parte de quien sí compró y mira hacia atrás qué pasos dio: te dice qué recorrido funciona y qué hay que replicar en campañas y en la web.
La ruta inversa de conversión es el recorrido real que siguieron los clientes que sí compraron, leído desde la compra hacia atrás y ordenado por frecuencia. Sirve para saber qué camino replicar en campañas y en la web; la fuga se busca en el embudo de ida.
También: reverse conversion path · camino inverso de conversión · ruta de los que sí compran
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
El embudo leído desde la compra hacia atrás.
Cuando se monta un journey se dibuja un deseo: el recorrido que te gustaría que hiciera el cliente. Luego el cliente hace lo que le da la gana, como siempre y como debe ser. La ruta inversa de conversión es la forma de ver qué hizo de verdad: se coge a quien sí compró y se miran los pasos que dio antes, empezando por el último.
Es la otra mitad del embudo de conversión, y contesta una pregunta distinta. El embudo de ida sale de todos los que entran y cuenta cuántos llegan a cada paso: te dice dónde se cae la gente. La vuelta sale solo de los que compraron: te dice qué recorrido funciona, y por tanto qué replicar en campañas y en la propia web. Una enseña la fuga; la otra, el camino. Casi todos los equipos montan la primera vista y nunca piden la segunda.
El dibujo de abajo es un ejemplo construido: 200 compras de un mes en una tienda online, colocadas por posición contando desde la compra. Un paso antes, el 100% estaba en el checkout, que es justo lo que no dice nada. Dos pasos antes ya hay reparto: un 45% venía de la ficha de producto y un 37% de las reseñas. Tres pasos antes aparecen las entradas: ficha 37%, buscador 26%, categoría 19%, anuncio 10,5% y directo 7,5%. La información de la ruta inversa nunca está en el último paso. Está dos y tres pasos más atrás.
Un paso antes de comprar
- Checkout 100%
Dos pasos antes
- Ficha de producto 45%
- Reseñas 37%
- Landing 10,5%
- Carrito guardado 7,5%
Tres pasos antes
- Ficha de producto 37%
- Buscador 26%
- Categoría 19%
- Anuncio 10,5%
- Directo 7,5%
Ejemplo construido: 200 compras de un mes en una tienda online.
No es una fórmula. Es un filtro y un orden.
Cuatro pasos: quedarte solo con las sesiones que acabaron en compra, mirar los pasos que las precedieron, agrupar los recorridos idénticos y ordenarlos de más a menos compras.
Lo que hace falta antes es el setup, y no es opcional. Una herramienta de analítica —GA4, Amplitude o Mixpanel, con Clarity encima— y los eventos montados con Tag Manager en cada etapa del journey, hasta ver el embudo completo dentro de la propia herramienta. Sin un evento de conversión bien definido no hay desde dónde leer hacia atrás, y sin eventos en las etapas intermedias lo único que verás son visitas a páginas, no pasos del recorrido.
Con eso montado, el resultado es una lista corta. En el ejemplo salen cinco rutas distintas. La primera —anuncio, ficha, reseñas, checkout— se lleva el 37% de las compras. La segunda, que entra por el buscador, el 26%. La tercera, desde la newsletter pasando por categoría, el 19%. Entre las tres suman el 82%. Las otras dos, la de la landing y la del carrito guardado, se quedan en un 10,5% y un 7,5%.
- Anuncio
- Ficha de producto
- Reseñas
- Checkout
- Compra
- Buscador
- Ficha de producto
- Checkout
- Compra
- Newsletter
- Categoría
- Ficha de producto
- Checkout
- Compra
- Anuncio
- Landing
- Checkout
- Compra
- Directo
- Carrito guardado
- Checkout
- Compra
Las 3 primeras rutas explican el 82% de las compras del ejemplo.
Dos decisiones de montaje cambian lo que ves. La primera, cuántos pasos atrás miras: con tres o cuatro basta para que las rutas se agrupen; con diez cada compra es un recorrido único y no hay nada que ordenar. La segunda, qué cuentas como paso. Si mezclas eventos con páginas vistas, la misma ruta aparece partida en variantes que solo se diferencian por un scroll. Elige una granularidad y mantenla, porque el trabajo de verdad es volver a sacarla cada mes y ver qué ha cambiado.
Lo que se repite en quien compra se replica. Lo demás se investiga.
La ruta inversa sola enseña qué hicieron los que compraron. Para saber si un paso empuja o solo estaba de paso, se compara con quien no compró.
Las reseñas aparecen en el 37% de las compras del ejemplo y solo en el 6% de las sesiones sin compra. Ese paso no es decoración: quien llega a ver la prueba social compra bastante más. La ficha de producto está en el 82% de las compras y en el 48% de las sesiones sin compra, y el carrito guardado en el 7,5% frente al 3%: los tres empujan. La categoría, con un 19% frente a un 22%, no decide nada. Y la landing es el caso contrario: la recorre el 41% de las sesiones sin compra y solo el 10,5% de las compras.
De ahí salen dos decisiones distintas, y conviene no mezclarlas. La primera es de réplica: si la ruta que más vende pasa por la ficha y las reseñas, las campañas deberían llevar a la ficha con las reseñas a la vista, no a una página intermedia. Eso se hace ya. La segunda es de sospecha: esa landing es candidata a fuga, pero la ruta inversa no lo demuestra. Lo confirma el embudo de ida, mirando cuánta gente sale de ahí y hacia dónde. Muchas veces el proceso no falla porque la gente no esté interesada, sino porque no entiende o no sabe cómo continuar.
Por eso este trabajo cae del lado del CRO y no del de la puja. Antes de subir presupuesto a un canal, pregunta qué ruta siguen los que compran desde ese canal. Si no lo sabe nadie, estás optimizando a ciegas un recorrido que el cliente quizá ni hace. Y si para enseñártelo tu equipo o tu agencia tiene que sacarlo a un Excel, no tienes setup: tienes gráficos sueltos.
Cuatro formas de tener la ruta y leerla mal.
Leerla como si dijera dónde está la fuga
La ruta inversa solo contiene a los que llegaron. Un paso puede estar en el 80% de las compras porque está en el 80% de todas las visitas, y entonces no explica nada. Lo que separa un paso que empuja de uno que solo estaba ahí es la comparación con quien no compró. Sin ella, replicas lo que es común, no lo que funciona.
Confundirla con la atribución
La atribución reparte el mérito de una venta entre canales. La ruta inversa describe el recorrido dentro de tu web y tus pasos, canal incluido. Si solo miras el último clic, lo que tienes es el checkout al 100%, que es justo el dato que no dice nada.
Mezclarlo todo en un acumulado
Quien compra por primera vez no hace el mismo camino que quien repite, y cada segmento de cliente tiene el suyo. Se saca por separado, primero uno y luego el otro, y por cohortes de mes y no desde el primer día. Un año entero mezclado junta el recorrido de una web que ya no existe con el de la actual.
Sacarla una vez y darla por buena
Es un ejercicio lento, de investigación, y casi siempre hay que repetirlo porque descubres que del journey ideal no se cumple ni un paso. Cada cambio en la web o en las campañas mueve las rutas. Y no tomes decisiones un lunes con datos a medias: la analítica puede tardar hasta 24 horas en mostrar algunos datos personalizados.
Lo que se pregunta sobre ruta inversa de conversión.
¿Qué diferencia hay entre la ruta inversa y el embudo de conversión?
El embudo de ida sale de todos los que entran y cuenta cuántos llegan a cada paso: te dice dónde se cae la gente. La ruta inversa sale solo de los que compraron y mira qué pasos dieron antes: te dice qué recorrido funciona. Hacen falta las dos; casi todos los equipos montan solo la primera.
¿Cómo se saca la ruta inversa de conversión?
Con los eventos montados en cada etapa del journey en GA4, Amplitude o Mixpanel, se filtran las sesiones que acabaron en compra, se miran los tres o cuatro pasos anteriores, se agrupan los recorridos idénticos y se ordenan de más a menos compras. Tiene que verse dentro de la herramienta, no en un Excel aparte.
¿La ruta inversa me dice dónde pierdo ventas?
No por sí sola. Solo contiene a quien compró. Para saber si un paso empuja o solo estaba ahí, se compara con las sesiones sin compra; y si un paso pesa mucho más en quien no compra, es candidato a fuga, pero eso se confirma en el embudo de ida.
¿Cada cuánto hay que revisarla?
Cada vez que cambia la web o las campañas, y como mínimo una vez al mes, por cohortes y segmento a segmento. Es un trabajo lento y casi siempre hay que repetirlo, porque el journey ideal rara vez se cumple tal cual.
Los que hacen falta para usar este.
Arreglar lo que pierde ventas entre que alguien llega y que paga.
El camino real que hace alguien hasta comprar, con sus idas y vueltas. Nunca es entra, ve el producto y paga.
Optimización de la conversión. Casi siempre es lo que hay que mirar ANTES de tocar los anuncios.
Saber de dónde viene cada venta. Sin esto, cualquier decisión de inversión es el cuento de la vieja.
Grupo de clientes que empezó el mismo mes, seguido en el tiempo. La única forma honesta de ver la retención.
El que metió producto en el carrito y no llegó a pagar. La fuga más cara del ecommerce, porque el tráfico ya está comprado y pagado.
Los últimos pasos antes de pagar. El cuello de botella donde se muere una campaña buena sin que nadie lo mire.