Tasa de baja.
La parte de tu lista que se va con cada envío. No es una pérdida que esconder: es la única respuesta negativa que te dan sin cobrártela. Lo que preocupa es el pico, y también el cero.
La tasa de baja de un email es el porcentaje de destinatarios que se dan de baja de la lista a raíz de un envío: bajas únicas divididas entre correos entregados. Se lee contra el histórico propio del mismo tipo de envío, y al lado del clic, no contra una media de sector.
También: unsubscribe rate · tasa de desuscripción
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
La única respuesta negativa que no te cuesta nada.
La tasa de baja mide qué parte de los que recibieron un envío se fue de la lista a raíz de él. Es la métrica del email marketing con peor fama, porque es la única que se lee como una pérdida: cada baja es un contacto que costó traer y que no vuelve.
El malentendido está justo ahí. Cuando alguien recibe un correo que no quiere tiene tres salidas, y la baja es la más barata de las tres para ti. Puede ignorarlo: no abre, no borra, no se va, y sigue en tu lista sin leerte. Puede marcarlo como spam, y esa queja la paga tu reputación de envío, es decir, también los que sí querían leerte. O puede darse de baja: sale de la lista y, de paso, te dice algo de lo que le mandaste.
Dónde lo ves. En ninguna tasa. Solo en la apertura y el clic que no llegan.
Qué te cuesta. Nada hoy. Con los meses, los proveedores leen ese silencio y te van apartando de la bandeja.
Dónde lo ves. En la tasa de baja.
Qué te cuesta. Un contacto. A cambio, te dice algo de lo que le mandaste.
Dónde lo ves. En la tasa de quejas, que la herramienta cuenta aparte.
Qué te cuesta. Reputación de envío. La pagan también los que sí querían leerte.
Por eso la tasa de baja no es un marcador que haya que llevar a cero. Es una señal, y se lee en las dos direcciones. Un pico dice que mandaste lo que esa lista no quería: otra oferta, otro ritmo, otra cosa que la que se prometió al apuntarse. Y una tasa clavada en cero, con la apertura cayendo, puede decir lo contrario de lo que parece: que nadie se va porque nadie lo lee.
En las secuencias de cierre que escribimos, la baja va a la vista, justo debajo del botón, como segunda salida: o das el paso, o te das de baja. Dos salidas y ninguna tercera. Quien no lo quiere, que lo diga. Es una respuesta legítima y se toma como tal.
Y una baja de la lista no es un cliente que se va. Ese es el churn, y se mide en otro sitio. Hay quien se da de baja de tus correos y te sigue comprando, y hay quien sigue suscrito años sin volver a comprar nada. La tasa de baja dice cuánto aguanta tu lista lo que le mandas, no cuánto te quieren tus clientes.
Bajas únicas entre entregados, envío a envío.
Tasa de baja = bajas únicas ÷ correos entregados × 100. Treinta bajas en un envío que llegó a 10.000 buzones son un 0,30 %.
Lo que entra en el numerador son las bajas únicas: quien pulsa el enlace dos veces se ha ido una. Cuentan las que llegan por el enlace del pie y las del botón que el propio proveedor de correo pone junto al remitente. Desde 2024, Gmail y Yahoo exigen a quien envía en volumen que la baja funcione con un clic desde la bandeja, así que una parte creciente de tus bajas ya no pasa por tu página. Lo que no entra son las quejas de spam: son otra métrica y otra factura.
En el denominador van los entregados, no los enviados. El correo que dio un rebote duro nunca tuvo ocasión de irse, y si lo cuentas te baja la tasa sin que nadie se haya quedado. Y se mide siempre con la misma ventana: las bajas llegan tarde, hay quien se va días después desde un correo viejo, y un envío de ayer comparado con uno de hace un mes siempre sale mejor de lo que es.
Falta lo más importante, que es que la tasa es por envío y la lista vive por años.
La misma tasa no cuesta lo mismo a todas las frecuencias. Con un 1 % por envío y un correo al mes, al cabo de un año sigue el 88,6 % de la lista. Con uno por semana, el 59,3 %. La tasa por envío no dice cuánta lista pierdes: lo dice multiplicada por las veces que escribes. Es la cuenta que toca hacer antes de pasar la newsletter de mensual a semanal, no después.
Y por eso no se mezclan tipos de envío en el mismo número. El flujo de bienvenida pierde a quien se apuntó por otra cosa; la campaña, a quien se ha cansado. Son dos averías distintas y una media las junta en una que no existe.
Contra tu propia historia, y nunca sola.
No hay una tasa de baja buena que valga para todas las listas, y aquí no te vamos a dar una. Lo que dice algo es la diferencia contra tu normal, tus últimos envíos del mismo tipo al mismo público, y leída al lado del clic.
Se van más y responden menos. Mira qué cambió: la oferta, la frecuencia o el segmento que lo recibió.
Se van más, pero los que se quedan responden mejor. Un envío que polariza no es un envío malo: mira de qué segmento salen.
Nadie se va porque nadie lo lee. La lista está dormida y la factura llega en entregabilidad, no en bajas.
Repite lo que hizo que funcionara: a quién iba y por qué. El asunto es lo de menos.
Cuando llega el pico, la pregunta no es cuántos se han ido, es de dónde. Partida por segmento, una subida de la media casi siempre es una casilla concreta que recibió lo que no era para ella. Bajar la frecuencia a toda la lista para arreglarlo castiga justo a los que sí leen. Se corrige el envío a ese segmento, no el calendario entero.
Cuando llega el cero, se miran la tasa de apertura y la tasa de clic del mismo envío. Si bajan con él, no tienes una lista fiel: tienes una lista dormida. Ahí lo sano es la limpieza de lista, antes de que esos buzones que no reaccionan te la cobren en entregabilidad, que es lo que pasa cada vez que envías de más a quien no quiere: suben las bajas y las marcas de spam, y lo pagas en llegar a la bandeja.
Hay un tercer caso que merece mirada aparte: las bajas de los primeros correos de alguien que acaba de apuntarse. Ahí el problema casi nunca es el correo. Es la promesa con la que entró: si se apuntó por una cosa y recibe otra, se va en cuanto lo nota. Se arregla en el formulario y en lo que ofreces a cambio del correo, no en el asunto del tercer envío.
La calculadora hace la cuenta que casi nadie hace con sus números: cuánto se encoge tu lista en un año al ritmo de hoy, y cuántas altas al mes necesitas solo para quedarte donde estás.
Se calcula en tu navegador. No se guarda ni se envía nada.
Cuatro formas de tener el número y usarlo mal.
Esconder el enlace
Letra diminuta, gris sobre gris, o una página de baja que pide entrar en la cuenta. La baja que escondes no desaparece: se convierte en una queja de spam, que es justo la salida cara. En España, además, la ley obliga a ofrecer en cada comunicación comercial una forma sencilla y gratuita de dejar de recibirlas.
Celebrar el cero
Cero bajas en una lista grande no es fidelidad hasta que la apertura y el clic digan lo mismo. Si no lo dicen, es una métrica de vanidad al revés: un número que tranquiliza justo cuando debería preocupar.
Mirar la media del mes
La media junta el flujo de bienvenida, el de carrito, la newsletter y la promoción. Cada uno pierde gente por una razón distinta, y la media esconde cuál de ellos se está llevando la lista. La tasa se mira envío a envío y tipo a tipo.
Reaccionar a un envío pequeño
Con 500 entregados, tres bajas de más suben la tasa seis décimas, lo mismo que sesenta en un envío de 10.000. Antes de cambiar nada por un pico, mira cuánta gente lo recibió y si se repite en el siguiente.
Lo que se pregunta sobre tasa de baja.
¿Cómo se calcula la tasa de baja de un email?
Bajas únicas del envío divididas entre correos entregados, por 100. Entregados, no enviados: lo que rebotó no tuvo ocasión de irse. Cuentan las bajas del enlace del pie y las del botón del proveedor de correo; las quejas de spam van aparte. Treinta bajas en 10.000 entregados son un 0,30 %.
¿Qué tasa de baja es normal?
No hay una cifra que valga para todas las listas. Lo que dice algo es la diferencia contra tu normal: tus últimos envíos del mismo tipo al mismo público. Un pico sobre ese normal es un aviso; la misma cifra en otra lista puede no decir nada.
¿Es malo que la gente se dé de baja?
No. De las tres cosas que puede hacer alguien con un correo que no quiere, la baja es la más barata para ti: ignorarlo te deja una lista dormida y marcarlo como spam te cuesta reputación de envío. La baja es una respuesta legítima, y además te dice algo de lo que mandaste.
¿Por qué tengo cero bajas?
Puede ser buena señal o la peor. Mira la apertura y el clic del mismo envío: si caen con él, nadie se va porque nadie lo lee. Comprueba también que el enlace de baja funciona y se ve: una baja escondida acaba convertida en queja de spam.
Los que hacen falta para usar este.
El canal que ya es tuyo: a quién le escribes, cuándo y si llega.
El único canal donde la audiencia es tuya y no la alquilas a una plataforma. Su valor no está en enviar más, sino en a quién y cuándo.
Partir la lista por lo que la gente ha hecho, no por lo que es. Sin ella, cada envío le pide permiso a toda la base para hablarle a una parte.
Porcentaje de destinatarios que abren un envío. Desde que el correo de Apple los abre por su cuenta, mide bastante menos de lo que parece.
Emails que salen solos cuando alguien hace algo, no cuando alguien se acuerda. Se monta una vez y trabaja todos los días.
Que el correo llegue a la bandeja y no a spam. No depende del contenido tanto como de a quién le escribes y de cuánta gente te ignora.
La secuencia que recibe quien acaba de suscribirse, en el único momento en que te presta toda la atención. Se monta una vez y decide si esa dirección sirve para algo.