Marketing mix modeling.
Un modelo que cruza tus ventas y tu inversión semana a semana para estimar qué parte vende cada canal, cuánto venderías sin anuncios y dónde deja de pagarse el siguiente euro. No sigue a nadie, así que no depende de cookies.
El marketing mix modeling (MMM) es un modelo estadístico que estima cuánto aporta cada canal a las ventas a partir de la inversión y las ventas agregadas por semanas, sin seguir a ningún usuario. Separa la venta base, el calendario y el efecto de cada canal, y estima dónde el siguiente euro invertido deja de ser rentable.
También: mmm · modelo de mix de medios
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
Mirar la caja, no a las personas.
Casi todo lo que llamamos tracking y atribución intenta seguir a cada comprador: qué anuncio vio, en qué enlace hizo clic, por dónde acabó entrando. Después, un modelo de atribución reparte el mérito de su compra entre esos contactos. Todo eso depende de poder ver a la persona, y cada año se ve menos: el consentimiento que no se acepta, el navegador que borra lo que guardaste, el anuncio de radio o la lona de una fachada, que no tienen clic.
El marketing mix modeling, o MMM, renuncia a seguir a nadie. Coge tus ventas semana a semana y lo que invertiste en cada canal esas mismas semanas, y busca qué parte de los movimientos de las primeras se explica por los de la segunda. Si las semanas en que subiste redes vendiste más y las semanas en que no la subiste no, el modelo se lo apunta a redes. Si en noviembre vendiste más con anuncios y sin ellos, se lo apunta a la estacionalidad.
El malentendido es pensar que es un modelo de atribución más fino. No lo es. La atribución contesta a quién se le apunta cada venta. El MMM contesta otra cosa: qué parte de lo que vendes existe por cada canal y cuánto venderías si no pusieras un euro en anuncios. Y como no necesita una sola cookie, es la respuesta seria a la pérdida de señal, no un parche sobre ella.
Se ve mejor con un año inventado y de números redondos: 2.313.795 € de facturación, 248.000 € invertidos en redes y 176.000 € en búsqueda. El modelo parte cada semana en cuatro capas. La base, lo que venderías sin publicidad, es el 40,5% del año. El calendario pone el 9,0%. Búsqueda aporta el 18,4% y redes, el 32,2%.
La capa que más importa es la de abajo, y es la que ninguna plataforma te va a dar. La base es marca, clientes que repiten y recomendaciones: venta que entra igual aunque apagues todo. Cada plataforma se apunta su trozo de esa base como si lo hubiera traído ella, y por eso la suma de los paneles siempre sale más alta que tu facturación. El MMM la separa antes de repartir nada.
Una regresión con dos correcciones.
Ventas de la semana = base + calendario + la suma del efecto de cada canal + ruido. Lo que lo hace un MMM y no una regresión cualquiera es que el efecto de un canal no es su inversión por un coeficiente: antes pasa por dos transformaciones.
La primera es el arrastre. Un anuncio no vende solo la semana en que sale: una parte del efecto llega después, cuando el cliente se acuerda de ti o te busca por el nombre. El modelo lo resume en una retención, la parte del efecto de la semana pasada que sigue viva esta. Con una retención de 0,5, de cada euro de efecto la semana del gasto se lleva el 50,0%, la siguiente el 25,0% y la tercera el 12,5%. Con 0,2 se queda casi todo en la primera: 80,0%, 16,0% y 3,2%.
Sin arrastre, el modelo comete el mismo error que el last click: premia a los canales que venden en el momento y castiga a los que siembran. Redes, con su cola larga, parecería peor de lo que es; y búsqueda, que recoge lo que otros han sembrado, mejor.
La segunda es la saturación. El euro número cinco mil de la semana no hace lo mismo que el primero, porque el público que responde se va agotando. Cada canal tiene su curva, que sube deprisa al principio y se aplana después, y el modelo estima dónde empieza a doblarse. Esa curva es lo que convierte un MMM en una herramienta de presupuesto y no en un informe del pasado.
Qué entra: muchas semanas, más de un año y mejor dos, para que el modelo vea el calendario repetirse y no lo confunda con un canal. La inversión de cada canal en cada semana. Tus ventas reales, las de tu facturación, no las que declara cada panel: meter esas es meter la discrepancia entre plataformas dentro del modelo. Y lo que mueve ventas sin ser publicidad: precio, promociones, roturas de stock, festivos. Contadas siempre igual, aunque no sean perfectas: un dato imperfecto pero estable deja ver la tendencia.
Qué no entra: clics, usuarios ni cookies. Por eso aguanta la pérdida de señal, y por eso mismo no sirve para decidir qué creatividad funciona: trabaja con canales y semanas, no con anuncios. La herramienta tampoco es lo caro; hay modelos de código abierto y gratuitos. Lo caro es tener dos años de semanas limpias y a alguien que sepa leer lo que sale.
La media dice que va bien. El margen dice dónde parar.
El MMM sirve para mover el presupuesto de marketing entre canales. Y para eso el número que manda es el marginal: lo que devuelve el siguiente euro, no la media de todos los que ya has puesto.
Sigue el canal de redes del ejemplo. A 4.000 € por semana tiene un ROAS medio de 3,33x. Con un 40% de margen, el ROAS mínimo es 2,50x, así que por media el canal aprueba con holgura y la conversación habitual sería subirle el presupuesto. Pero el siguiente euro devuelve 1,85 €, por debajo del mínimo: cada euro que añades ahí pierde dinero aunque el canal entero gane.
El punto en el que el marginal vale justo el mínimo está en unos 2.750 € por semana. Ahí el ROAS medio sube a 3,87x y, sobre todo, el canal deja más dinero: 1.508 € a la semana, frente a 1.333 € con 4.000 €. Gastar menos deja más. La campaña de 9.000 € por semana lo lleva al otro lado: medio de 2,14x, marginal de 0,77x y −1.286 € cada semana que dura. En el año del ejemplo, redes cierra con un ROAS medio de 3,00x y búsqueda con 2,42x, y ninguna de las dos cifras dice dónde parar.
Con eso, tres movimientos. Primero, quitar el dinero de donde el marginal está por debajo del mínimo y llevarlo al canal con el marginal más alto, hasta que los marginales se parezcan. Segundo, no creerse el modelo sin comprobarlo. El MMM observa: ve que dos cosas se movieron juntas, no que una causara la otra. La prueba es la incrementalidad, apagar el canal en una parte y comparar. Si el test y el modelo no coinciden, manda el test y el modelo se reajusta con ese dato. Tercero, volver a estimarlo con las semanas nuevas cada pocos meses: las curvas cambian con la competencia, con el precio y con lo conocida que seas.
Y antes de todo eso, saber si te toca. Si inviertes en uno o dos canales con clic y se compra en dos días, no lo necesitas: apaga, compara y decide. Tiene sentido cuando hay varios canales, alguno sin clic, inversión suficiente para mover la facturación a la vista y semanas que se parezcan poco entre sí. Si has invertido lo mismo todas las semanas, el modelo no tiene nada que comparar: hay que variar a propósito antes de pedirle nada.
Cuatro formas de tener el modelo y decidir peor.
Mover dinero con el ROAS medio
El medio te dice si el canal, entero, se paga. No te dice qué hace el euro siguiente. Un canal puede tener una media espléndida y estar ya en la parte plana de su curva. Si el MMM solo te enseña el retorno medio por canal, has pagado un modelo de saturación y estás leyendo un informe de atribución.
Subir todos los canales la misma semana
Si redes y búsqueda suben y bajan siempre juntas, el modelo no tiene forma de separarlas y reparte el efecto según sus supuestos, no según tus datos. Pasa mucho en campañas de temporada, donde se enciende todo a la vez. Se arregla escalonando: mover un canal cada vez y dejar quietos los demás.
Dejar fuera el precio y las promociones
La semana del descuento suele ser también la semana de la campaña. Si el descuento no está en el modelo, el canal se lleva lo que vendió el precio. Igual con la rotura de stock: el canal parece que dejó de funcionar cuando lo que faltaba era producto que vender.
Tratar la salida como un veredicto
Un MMM es una hipótesis bien hecha sobre lo que causó tus ventas, no una medición. Con los mismos datos, dos supuestos distintos de arrastre dan dos repartos distintos. Lo que lo convierte en una decisión es contrastarlo con un experimento y revisarlo cuando cambia el negocio, no la elegancia del modelo.
Lo que se pregunta sobre marketing mix modeling.
¿En qué se diferencia el marketing mix modeling de la atribución?
La atribución sigue a cada comprador y reparte el mérito de su compra entre los anuncios que tocó. El marketing mix modeling no sigue a nadie: cruza las ventas totales de cada semana con lo invertido en cada canal y estima qué parte de las ventas explica cada uno, cuánto se vendería sin publicidad y dónde se satura cada canal. Por eso no depende de cookies ni de consentimiento.
¿Qué datos hacen falta para un marketing mix modeling?
Ventas reales por semana, las de tu facturación y no las que declara cada plataforma, durante más de un año y mejor dos, para que el modelo vea el calendario repetirse. La inversión de cada canal en cada una de esas semanas. Y lo que mueve ventas sin ser publicidad: precio, promociones, roturas de stock y festivos. Contado siempre igual, aunque no sea perfecto.
¿Sustituye el MMM a los tests de incrementalidad?
No, se necesitan los dos. El MMM es observacional: ve que la inversión y las ventas se movieron juntas, no que una causara la otra. Un test de incrementalidad, apagando el canal en una parte del público o del territorio, comprueba lo que dice el modelo. Cuando no coinciden, manda el test y el modelo se reajusta con ese dato.
¿Merece la pena un MMM en una empresa mediana?
Depende del mix, no del tamaño. Si inviertes en uno o dos canales con clic y se compra en pocos días, basta con apagar, comparar y decidir. Tiene sentido cuando hay varios canales, alguno sin clic como radio, exterior o influencers, inversión suficiente para mover la facturación y semanas con inversiones distintas entre sí. La herramienta puede ser gratuita; lo que cuesta es tener los datos limpios.
Los que hacen falta para usar este.
Saber de dónde viene cada venta y poder demostrarlo cuando alguien lo discuta.
La regla con la que se reparte el mérito de una venta entre todos los canales que la tocaron. Cambiar el modelo cambia quién parece que funciona.
Saber de dónde viene cada venta. Sin esto, cualquier decisión de inversión es el cuento de la vieja.
Cuántas de esas ventas no habrían pasado sin el anuncio. La pregunta cara, y la única que justifica de verdad el presupuesto.
El patrón que hace que tus meses no sean comparables entre sí. Confundir una caída de temporada con un problema de retención cuesta decisiones caras.
Lo que el usuario te deja medir. Hoy decide qué porcentaje de tus datos existe, y ningún arreglo técnico se lo salta.
Los datos que tienes porque te los dio tu cliente. El único activo de medición que no depende de una plataforma ajena.