Parámetros UTM.
Las cinco etiquetas que se pegan al final de un enlace para que la analítica sepa de dónde viene la visita. Ponerlas es trivial; lo difícil es que todo el que pega un enlace escriba siempre lo mismo.
Los parámetros UTM son las cinco etiquetas —source, medium, campaign, content y term— que se añaden al final de una URL para que la herramienta de analítica registre de dónde viene cada visita. Describen el clic de entrada, no el recorrido posterior, y su valor se compara letra a letra: sin un vocabulario cerrado y escrito, el mismo origen acaba apareciendo con varias grafías distintas en el informe.
También: parámetros utm · utm parameters · etiquetas utm · etiquetado de campañas
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
Cinco etiquetas pegadas a un enlace, y una convención que las sostiene.
Un parámetro UTM es un trozo de texto que se añade al final de una URL, detrás de un signo de interrogación, para que la herramienta de analítica sepa de dónde viene esa visita. No cambia la página que se abre: la etiqueta. El nombre viene de Urchin Tracking Module, la herramienta de medición que Google compró y que acabó convirtiéndose en Analytics; el acrónimo se quedó y la convención de las cinco claves también, hasta el punto de que hoy la leen todas las herramientas del mercado y no solo las de Google.
Existen porque el navegador no cuenta de dónde viene el clic. Cuando alguien entra desde una newsletter, desde un anuncio o desde un mensaje, lo único que llega a tu servidor es la URL que ha pedido. El referente, cuando llega, dice el dominio y poco más, y desde un cliente de correo o desde una app a menudo no llega nada. La UTM es la respuesta a eso: si el dato no viene solo, lo escribes tú en el enlace antes de repartirlo.
El malentendido que conviene deshacer antes de seguir es que la UTM sigue al usuario. No sigue nada. Solo describe el clic de entrada: la herramienta la lee al aterrizar, la guarda en la sesión y desde ahí construye el origen. Todo lo que pase después —cuánto mérito se lleva ese origen frente a los otros puntos de contacto, cuántos días cuenta, si la venta se atribuye o no— es cosa del sistema de medición y del modelo de atribución, no de la etiqueta. La UTM se limita a poner el nombre de la puerta por la que se entró; el informe de último clic que sale después se construye sobre ese nombre, pero no lo decide ella.
Y por eso el fallo habitual no es técnico. Pegar una UTM es trivial y hay formularios que las generan solas. Lo que se rompe es la otra mitad del trabajo, la que casi nadie escribe: qué palabras se pueden usar en cada campo. Sin ese vocabulario cerrado, tres semanas después el informe tiene varias maneras de escribir el mismo origen, la suma de cada una no es la suma de nada, y el etiquetado ha pasado de ser un dato a ser ruido.
¿De dónde viene el clic?
newsletterEl sitio o la plataforma concreta: newsletter, google, meta, linkedin, el nombre del socio que te enlaza. Es el más específico de los tres obligatorios y el que más grafías distintas acumula con el tiempo.
¿De qué tipo es ese tráfico?
emailLa familia a la que pertenece el clic, no la plataforma otra vez: cpc, email, social, referral, affiliate. Es la única columna que agrupa canales, y por eso es la que más duele cuando se rellena mal.
¿De qué acción forma parte?
2026-01-rebajasLa acción concreta, con la fecha delante para que ordene sola y se siga entendiendo dentro de seis meses. Un nombre sin fecha se repite al año siguiente y mete dos periodos en la misma fila.
¿Qué pieza dentro de la campaña?
bloque-cabeceraEl creativo, el bloque del correo, el botón. Solo se rellena si dentro de la misma campaña hay más de una pieza que quieras comparar entre sí; si no la hay, sobra.
¿Qué palabra clave?
(se deja vacío)Resto de cuando las campañas de búsqueda se etiquetaban a mano. Hoy lo rellena la plataforma o se deja vacío: casi ninguna decisión de dirección depende de este campo.
La sintaxis se aprende en un minuto. El vocabulario es el trabajo.
URL base, un signo de interrogación, y pares clave igual a valor unidos con ampersands. Cinco claves y ni una más. Ahí acaba la parte técnica.
La regla que decide todo lo demás no está en la sintaxis, está en cómo trata la herramienta ese valor: es una cadena de texto y se compara letra a letra. Para el informe de Analytics, Facebook, facebook y FB son tres orígenes distintos, y nadie los junta después por ti. De ahí sale la primera mitad de la convención, que es puro formalismo y se puede escribir en una línea: todo en minúsculas, sin acentos, sin espacios —guiones en su lugar—, y sin repetir en el valor la palabra que ya dice el campo.
La segunda mitad es la que cuesta, y es una lista cerrada por campo. El origen es el sitio o la plataforma de donde sale el clic, y la lista se escribe entera: los cuatro o cinco de medios de pago que uses, los envíos de correo, las redes, los socios que te enlazan. El medio es la familia y solo admite un puñado de valores: cpc, email, social, referral, affiliate. La campaña lleva la fecha delante, para que ordene sola y se entienda dentro de seis meses. Y el contenido solo se rellena cuando dentro de la misma campaña hay más de una pieza que de verdad vas a comparar.
Una cosa más, y es la que convierte la convención en algo que aguanta: el enlace se genera, no se escribe. Una hoja o un formulario con desplegables en los tres campos obligatorios elimina de golpe la clase entera de errores, porque hace imposible teclear una grafía nueva. Si quien pega el enlace tiene que acordarse de la convención, la convención está apostando a la memoria de seis personas distintas y va a perder.
Y hay dos sitios donde no se etiqueta, porque etiquetar empeora el dato. El primero, los enlaces internos de tu propia web: la herramienta lee la UTM al aterrizar, así que un enlace etiquetado de una página tuya a otra arranca una sesión nueva y hace que tu web se atribuya a sí misma el origen que la visita ya traía. Si lo que quieres es saber qué botón se pulsa, eso es un evento, no un parámetro de URL. El segundo, las campañas de buscador con el enlace de cuentas activo: ahí el identificador del clic ya trae el detalle de campaña, y añadir una UTM a mano encima solo crea una segunda versión de la verdad que no coincide con la primera.
Una convención sin dueño dura tres semanas.
Lo que se decide aquí no es un número. Son dos cosas: qué palabras valen y quién las aplica. La segunda es la que se olvida y la que hace que la primera dé igual.
La lista de quien pega enlaces con etiqueta es más larga de lo que parece desde dirección: quien monta las campañas, quien programa la newsletter y las automatizaciones, quien publica en redes, el comercial que manda su propio enlace en un correo de seguimiento, el socio que te enlaza desde su web, la agencia. Un vocabulario que conocen tres de los seis está roto desde el primer día, y se rompe justo por el eslabón que nadie mira.
Un documento corto con la lista cerrada de valores por campo. Un dueño único, porque una lista que se amplía por consenso deja de ser cerrada el primer mes.
Quien pega un enlace no teclea el valor: lo elige de un desplegable. Si hay que recordarlo, la convención está apostando a la memoria de seis personas distintas.
Diez minutos mirando la tabla de origen y medio. No hay forma de detectar el desvío desde el documento: solo se ve en la salida.
Si en la tabla aparecen a la vez meta y Meta, ya está roto. Aquí no hay umbral que negociar: con una repetición basta, porque a partir de ahí ninguna suma es la suma entera.
El directo y el origen no asignado subiendo mientras la inversión no baja casi siempre son enlaces sin etiquetar, o una redirección intermedia que se come los parámetros por el camino.
Prueba, nueva, el nombre de la persona que montó la campaña. Se entienden la semana que se escriben y son ilegibles en el cierre del trimestre, que es cuando hacen falta.
utm_medium con el valor facebook en vez de cpc. Suena inofensivo y deja el informe sin la única columna que agrupaba por tipo de tráfico, que era la razón de tener el campo.
Las cuatro señales se leen en la tabla de origen y medio, sin herramientas y sin pedirle nada a nadie. Y hay una manera rápida de saber si la revisión está de verdad hecha: pide la tabla ordenada por sesiones y cuenta cuántas filas distintas describen el mismo sitio. Si la respuesta es más de una, el número que se está usando para decidir presupuesto está partido en pedazos, y el reparto que sale del embudo de la herramienta hereda ese corte entero.
Conviene saber también dónde se acaba lo que esto arregla, porque el etiquetado tiene fama de resolver más de lo que resuelve. Una convención impecable te dice de dónde vino el clic y nada más. No te dice si la venta habría pasado igual sin ese anuncio, que es la pregunta de la incrementalidad. No arregla que la plataforma reporte unas conversiones y tu analítica otras, que es una discrepancia con causas propias. Y donde el consentimiento se deniega, la etiqueta llega en la URL pero no se guarda en ningún sitio. Las UTM bien puestas son el suelo de la medición: el trozo que sí controlas del todo, y por eso el primero que no tiene excusa. El techo lo pone lo que hagas con esos datos de origen propio una vez dentro.
Cuatro formas de etiquetar y quedarte sin dato.
Etiquetar los enlaces internos
Es el más común y el más caro, porque no falla el enlace: falla el informe entero. Un enlace etiquetado de una página tuya a otra reinicia la sesión y borra el origen real de la visita, así que tu propia web empieza a aparecer como uno de tus mejores canales de captación. La UTM se pone en el enlace que entra de fuera, y solo ahí.
Escribir el valor a mano
Cinco personas escribiendo el mismo origen a mano dan cinco grafías, y ninguna se equivoca: cada una escribe lo que le parece razonable. El error no está en la persona, está en haberle dado un campo de texto libre donde tenía que haber un desplegable. Mientras se teclee, la convención se degrada sola.
Confundir el origen con el medio
Poner la plataforma en los dos campos deja el informe sin la única columna que agrupaba por tipo de tráfico. El origen contesta de dónde; el medio contesta de qué clase. Si los dos contestan lo mismo, has cambiado la posibilidad de comparar el correo contra el pago contra las redes por un dato que ya tenías.
Dejar la convención sin dueño ni revisión
Un documento escrito una vez y guardado donde nadie lo busca no es una convención, es un recuerdo. Sin alguien que la mantenga, la actualice cuando entra una plataforma nueva y la mire una vez al mes contra el informe, el etiquetado vuelve al punto de partida en un trimestre, con la diferencia de que ahora todo el mundo cree que está medido.
Lo que se pregunta sobre utm.
¿Qué son los parámetros UTM?
Son etiquetas de texto que se añaden al final de una URL, detrás de un signo de interrogación, para que la herramienta de analítica registre de dónde viene la visita. No cambian la página que se abre: la etiquetan. Describen el clic de entrada y nada de lo que pasa después.
¿Cuántos parámetros UTM hay y cuáles son obligatorios?
Cinco: source, medium, campaign, content y term. Los tres primeros se rellenan siempre. El de contenido solo si dentro de la misma campaña hay más de una pieza que quieras comparar. El de término es un resto de las campañas de búsqueda etiquetadas a mano y hoy casi siempre se deja vacío.
¿Hay que etiquetar los enlaces internos de la web con UTM?
No, y es el error más caro de los cuatro habituales. La herramienta lee la UTM al aterrizar, así que un enlace etiquetado de una página tuya a otra reinicia la sesión y borra el origen real: tu propia web empieza a aparecer como canal de captación. Para saber qué botón se pulsa se usa un evento, no un parámetro de URL.
¿Por qué el mismo origen aparece varias veces en el informe?
Porque el valor es una cadena de texto y se compara letra a letra: Facebook, facebook y FB son tres orígenes distintos y nadie los junta después. Es lo que pasa cuando no hay una lista cerrada de valores por campo y cada persona escribe lo que le parece razonable.
Los que hacen falta para usar este.
Saber de dónde viene cada venta y poder demostrarlo cuando alguien lo discuta.
Saber de dónde viene cada venta. Sin esto, cualquier decisión de inversión es el cuento de la vieja.
El tráfico por el que pagas de forma directa. Su precio lo fija una subasta contra tu competencia, así que se encarece solo cuando lo usas más.
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Los datos que tienes porque te los dio tu cliente. El único activo de medición que no depende de una plataforma ajena.
Meta dice 40, Analytics dice 35 y tu facturación dice 52. Por qué pasa siempre y a cuál se le hace caso.