Doble opt-in.
Pedir a quien se apunta que lo confirme con un clic desde su propio correo. Entra menos gente en la lista, pero cada dirección existe, es de quien dice ser y ha pedido estar.
El doble opt-in es el sistema de alta en una lista de correo en el que la suscripción solo se activa cuando la persona hace clic en un correo de confirmación enviado a la dirección que ha escrito. Deja fuera las direcciones mal escritas, falsas o de terceros, y deja prueba del permiso.
También: double opt-in · confirmación de suscripción
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
Un clic de más que separa una dirección de un permiso.
Cuando alguien se apunta a tu lista, el formulario recibe un texto. Nada más. No sabe si ese texto es una dirección que existe, si la ha escrito su dueño o si la ha metido un bot que rellena formularios a ciegas. Con el opt-in simple, ese texto entra directo en la lista y empiezas a escribirle. Con el doble opt-in, el formulario no da de alta a nadie: manda un correo a esa dirección con un botón, y la suscripción solo existe cuando alguien hace clic desde ese buzón.
El malentendido es tratarlo como un trámite legal o una manía de los técnicos. Es un filtro de calidad puesto en la puerta. El email marketing trabaja con un activo que es tuyo, la lista, y la lista vale lo que vale la gente que hay dentro, no el número que sale arriba del panel. Una dirección mal escrita no compra. La de otra persona marca tu correo como spam. Un bot no abre nada y te ensucia todas las métricas. Y una dirección mal tecleada puede acabar en un dominio que no existe, o en un buzón vigilado, y eso te penaliza a ti.
Deja además algo que el simple no deja: la prueba. El consentimiento para escribir a alguien con fines comerciales tiene que poder demostrarse —el RGPD lo pide así en su artículo 7.1—, y “rellenó el formulario” se discute. “Hizo clic en el correo que le mandamos a esa dirección, este día a esta hora”, no. En España la ley no exige el doble opt-in por su nombre. Exige que puedas demostrar el permiso, y esta es la forma más limpia de hacerlo.
- 01Escribe una dirección en el formulario
- 02Pulsa enviar
- 03Ya está en la lista
- La dirección real, de quien la ha escrito
- La dirección mal tecleada
- La dirección de otra persona
- La que ha metido un bot
- 01Escribe una dirección en el formulario
- 02Pulsa enviar y lee: revisa tu correo
- 03Le llega un correo con un solo botón
- 04Hace clic desde su propio buzón
- 05Ya está en la lista
- La dirección real, de quien la ha escrito
- La dirección mal tecleada
- La dirección de otra persona
- La que ha metido un bot
Tres piezas, y la que falla casi siempre es la segunda.
El doble opt-in se mide con un número: tasa de confirmación = confirmados ÷ altas en el formulario. Lo que se pierde por el camino no se pierde en un solo sitio, y cada fuga se arregla de una forma distinta.
La primera pieza es la pantalla que aparece al enviar el formulario. No vale un “gracias”: tiene que decir “te acabamos de mandar un correo, ábrelo y confirma”. Si no lo dice, la gente cierra la pestaña y la confirmación se queda esperando en un buzón que nadie va a mirar.
La segunda es el correo de confirmación, y es donde se rompe casi siempre. Sale en segundos, desde el mismo remitente que vas a usar después, con un asunto que diga lo que es y un solo botón. Es un correo de servicio: ni catálogo, ni oferta, ni cinco enlaces. Si no llega a la bandeja, el problema no es del formulario, es de tu entregabilidad, y lo primero que se mira es si el remitente está autenticado.
La tercera es lo que hay detrás del clic. Si la persona se apuntó por un lead magnet, la descarga va detrás de la confirmación, no antes. Es el incentivo que hace que la gente haga clic, y además es justo: si la dirección no es suya, no se lleva el regalo.
Leído sobre el ejemplo: de 1.000 altas, a 930 les llega el correo, y los 70 que faltan son direcciones mal escritas, bots y envíos que caen en spam. Lo abren 760: 170 no lo han visto. Confirman 650: 110 lo abrieron y no hicieron clic. La tasa de confirmación sale del 65%. Los 70 primeros son exactamente lo que querías dejar fuera. Los 280 siguientes son gente real que pierdes por el montaje, y esos se recuperan.
Dos cosas que no entran en la cuenta. Un único recordatorio a los pendientes al día siguiente es razonable; más de uno es insistir a quien todavía no te ha dado permiso. Y los que no confirman no se quedan en la lista de marketing “por si acaso”: se quedan como alta pendiente hasta el plazo que fijes, y después se borran.
No todas las direcciones entran por la misma puerta.
El doble opt-in cuesta suscriptores. La pregunta no es si es mejor en abstracto, es si en esa puerta concreta el riesgo de dirección mala compensa la gente que pierdes. Se decide por origen, no para la lista entera.
Cualquiera puede escribir cualquier cosa, y nadie lo ha comprobado.
Cuanto mejor el regalo, más direcciones de usar y tirar. El regalo va detrás del clic.
Letra mal leída, dirección del compañero. El clic es lo único que la valida.
Si la dirección es mala te enteras con la entrega. Basta una casilla clara y la baja en cada envío.
No hay permiso de origen. Confirmar a quien no pidió nada es mandar spam pidiendo permiso.
3 de 5 puertas piden doble opt-in. La que no lo pide es la única en la que la dirección ya se ha validado con otra cosa.
Donde menos hace falta es en el cliente. Quien te compra ha dado su dirección para recibir el pedido, y si es falsa te enteras con la entrega. En España, la LSSI permite escribir a tus clientes sobre productos parecidos a lo que compraron si se lo dijiste al recoger la dirección y le das una baja fácil en cada correo (artículo 21.2). Una casilla clara en el checkout basta.
Donde más hace falta es en el regalo: sorteo, descuento grande, plantilla gratis. Cuanto mejor el incentivo, más gente escribe una dirección de usar y tirar o la de un conocido. Ahí el doble opt-in no te quita suscriptores: te quita ruido que ibas a pagar después en rebotes duros y en quejas.
Y hay un caso que no se arregla con nada: la lista comprada o heredada. Mandarle un correo de confirmación a gente que nunca pidió nada es mandarle spam pidiendo permiso, y las quejas llegan en el primer envío. Sin permiso de origen, ni simple ni doble.
Con el número delante, la tasa de confirmación se mira formulario por formulario, no en global. Si una puerta confirma mucho menos que las demás, el fallo está en esa puerta: en lo que promete, en el aviso de la pantalla o en el tráfico que le llega. Una vez dentro, cada suscriptor trae el primer dato fiable que vas a tener de él, qué pidió al entrar, y con eso ya se puede segmentar desde el primer día. El primer envío del flujo de bienvenida sale después del clic, nunca antes.
Cuatro formas de tenerlo puesto y que no sirva.
Juzgarlo por el tamaño de la lista
Se activa, la lista crece más despacio y alguien concluye que se está perdiendo gente. Los que faltan son los que nunca iban a leer. Lo que se compara antes y después no es el número de suscriptores: es la tasa de apertura, los clics y las quejas sobre la gente que sí entra.
Un correo de confirmación que parece publicidad
Logo enorme, tres ofertas, redes sociales y el botón al final. Se confunde con una promoción, acaba en la pestaña de promociones o en spam, y quien lo abre no encuentra qué tiene que hacer. Un correo, un asunto que diga lo que es, un botón.
Escribirles antes de que confirmen
La dirección pendiente se mete ya en la newsletter o en la secuencia de bienvenida, por no perder el momento. Eso es tener opt-in simple con un paso de decorado: entra todo lo que el filtro tenía que dejar fuera, y encima la prueba ya no prueba nada.
No guardar la prueba
El clic solo demuestra algo si queda registrado con su contexto: qué formulario, qué texto de consentimiento se aceptó, fecha y hora del alta y fecha y hora del clic. Si la herramienta no lo guarda, o se pierde al cambiar de plataforma, tienes el filtro pero no tienes la prueba.
Lo que se pregunta sobre doble opt-in.
¿Qué es el doble opt-in?
Es un alta en dos pasos: la persona escribe su dirección en el formulario y recibe un correo con un botón de confirmación. Solo entra en la lista cuando hace clic desde ese buzón. Así quedan fuera las direcciones mal escritas, las de otras personas y las que meten los bots.
¿Es obligatorio el doble opt-in en España?
No por su nombre. Lo que exige el RGPD en su artículo 7.1 es que puedas demostrar que la persona dio su consentimiento, y el doble opt-in es la forma más limpia de demostrarlo, siempre que guardes el formulario, el texto aceptado y la fecha y hora del alta y del clic.
¿Qué diferencia hay entre opt-in simple y doble opt-in?
Con el simple, lo que se escribe en el formulario entra directo en la lista. Con el doble, entra solo si alguien confirma desde ese buzón. El simple da una lista más grande y el doble una lista más pequeña de gente que existe y quiere estar.
¿Qué hago con los que no confirman?
No les escribas como si fueran suscriptores. Un único recordatorio al día siguiente es razonable; después se quedan como alta pendiente hasta el plazo que fijes y se borran. Si un formulario concreto confirma mucho menos que los demás, revisa ese formulario, no la lista.
Los que hacen falta para usar este.
El canal que ya es tuyo: a quién le escribes, cuándo y si llega.
Partir la lista por lo que la gente ha hecho, no por lo que es. Sin ella, cada envío le pide permiso a toda la base para hablarle a una parte.
El único canal donde la audiencia es tuya y no la alquilas a una plataforma. Su valor no está en enviar más, sino en a quién y cuándo.
Lo que el usuario te deja medir. Hoy decide qué porcentaje de tus datos existe, y ningún arreglo técnico se lo salta.
Que el correo llegue a la bandeja y no a spam. No depende del contenido tanto como de a quién le escribes y de cuánta gente te ignora.
Emails que salen solos cuando alguien hace algo, no cuando alguien se acuerda. Se monta una vez y trabaja todos los días.
La secuencia que recibe quien acaba de suscribirse, en el único momento en que te presta toda la atención. Se monta una vez y decide si esa dirección sirve para algo.