Jobs to be done.
El cliente no te compra: te contrata para hacer un trabajo concreto en una situación concreta, y te despide cuando otra cosa lo hace mejor. Saber quién es te dice a quién llamar; saber qué intenta hacer te dice qué decirle.
Jobs to be done es el marco que explica la compra por el trabajo que el cliente intenta hacer y no por su perfil: el cliente contrata un producto para conseguir un avance concreto en una situación concreta. Se escribe con la frase cuando, quiero, para, y se comprueba contra lo que hace el cliente de verdad.
También: jtbd · trabajo por hacer
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
Nadie compra tu producto. Lo contrata para algo.
Jobs to be done parte de una idea sencilla: el cliente no compra un producto por tenerlo. Lo contrata para que le resuelva algo concreto en un momento concreto, y lo despide en cuanto deja de resolvérselo o aparece algo que se lo resuelve mejor. Ese algo es el trabajo: el avance que la persona intenta conseguir en la situación en la que está.
El malentendido que resuelve es el de describir al cliente solo por quién es: cargo, sector, tamaño, edad. Eso es la buyer persona y el ICP, y sirven para una cosa muy útil, saber a quién llamar. Lo que no explican es por qué compra. Dos directores financieros del mismo sector y con la misma facturación pueden comprar cosas opuestas, porque uno necesita cerrar el trimestre sin sustos y el otro tiene que enseñar números a un inversor en dos semanas. Y dos personas que no se parecen en nada pueden contratar exactamente lo mismo, porque tienen el mismo atasco.
La pregunta pasa de quién es a qué intenta hacer. Y la versión que de verdad mueve la aguja es más incómoda: para qué te usa el cliente de verdad, más allá de para qué lo construiste tú. Muchas veces la respuesta no coincide con lo que pone en tu web, y cuando no coincide, gana la del cliente.
- Gerente
- Pyme industrial
- 25 personas
- Decide solo
- Directora de operaciones
- Grupo de distribución
- 300 personas
- Decide con comité
Cuando entra un pedido grande quiero saber en una hora si llego a la fecha para no prometer lo que no puedo cumplir
Ejemplo genérico. Por la ficha de persona no tienen nada en común; por lo que intentan hacer el lunes por la mañana, son el mismo cliente.
Una frase, y la comprobación de que es verdad.
El trabajo se escribe en una frase con tres huecos: cuando pasa esto, quiero conseguir esto otro, para que ocurra lo que de verdad me importa. La situación, el avance y el resultado.
Lo que no entra en la frase es tu producto. Si en el trabajo aparece el nombre de una funcionalidad, no has escrito un trabajo, has escrito una funcionalidad con otra ropa. “Quiero exportar a Excel” no es un trabajo; lo que el cliente hace con ese Excel, sí. Tampoco entran adjetivos: “de forma fácil y rápida” vale para cualquier cosa y por eso no dice nada.
La frase es la parte fácil. Lo difícil es que sea cierta, y para eso hay un método que no necesita software. Se dibuja a mano, con un rotulador y en papel, la ruta que debería seguir el cliente para conseguir lo que esperas de él. Se enseña al menos a dos o tres personas de la empresa, para asegurarte de que trabajas con un modelo y no con una opinión. A cada paso de ese journey se le ponen dos métricas: el tráfico que llega y la conversión del paso. Y se compara con lo que hace el cliente de verdad.
El trabajo que escribes es un deseo, una hipótesis. Luego el cliente hace lo que le da la gana, como siempre y como debe ser. Lo normal es descubrir que del recorrido ideal no se cumple ni un paso, y volver a empezar. Y muchas veces el recorrido falla no porque a la gente no le interese, sino porque no entiende o no sabe cómo seguir.
El material para escribirlo sale de los clientes, no de una sala de reuniones. En una reunión de descubrimiento, o con quien acaba de comprar, valen tres preguntas: qué estabas usando antes, qué pasó el día que decidiste buscar otra cosa y qué habrías hecho si no existiéramos. El motivo de venta apuntado con las palabras del cliente es la fuente más barata de trabajos reales que tiene una empresa.
Un trabajo bien escrito cambia cuatro decisiones.
El marco no sirve de nada colgado en una pared. Sirve cuando, delante de una decisión, la respuesta cambia según preguntes quién es el cliente o qué intenta hacer.
Quién esHabla del perfil: «para directores financieros de pymes».
Qué intenta hacerHabla de la situación: «cuando cierras el trimestre y no te cuadra».
Quién esSe añade lo que pide el cliente más grande.
Qué intenta hacerSe quita lo que no ayuda a hacer el trabajo, aunque esté hecho.
Quién esEl tour enseña todas las funcionalidades.
Qué intenta hacerEl primer paso deja el trabajo hecho una vez.
Quién esSe cuentan altas, usuarios y facturación.
Qué intenta hacerSe cuenta cuántas veces queda hecho el trabajo.
El mensaje es el primero. La propuesta de valor se escribe en el idioma del trabajo, con la situación que el cliente reconoce como suya, no con la lista de lo que hace el producto. El trabajo te dice además qué está usando hoy el cliente para salir del paso; qué hueco ocupas frente a eso ya es cosa del posicionamiento.
El segundo es el producto. Mira qué funcionalidades no se usan nunca: mantenerlas es un despilfarro de recursos que nunca sobran, y la adopción de funcionalidad te dice cuáles son. Lo que ningún trabajo necesita sobra, por mucho que costara hacerlo.
El tercero es la activación. El aha moment no es el final del tour: es la primera vez que el trabajo queda hecho. Si el cliente se registra para saber si llega a una fecha, el primer paso tiene que contestarle eso, no enseñarle el menú.
Y el cuarto, la medida. La North Star dice a quién ayudas, cuánto y para cuándo, y la facturación es su consecuencia. Con el trabajo escrito, ese “cuánto” deja de ser abstracto: son las veces que el trabajo queda hecho. Por eso la respuesta a para qué te usan de verdad puede redefinir la propuesta de valor entera y, con ella, el product-market fit.
Cuatro formas de tener el trabajo escrito y no saber para qué te contratan.
Escribir la funcionalidad
“Quiero un panel con gráficas” es una petición, no un trabajo. Si la frase se puede cumplir solo con tu producto, está escrita desde tu producto. Pregunta qué hace el cliente con el panel y para qué, hasta que la respuesta no te nombre.
Sacarlo de la sala de reuniones
El trabajo que escribe el comité es el que al comité le gustaría que fuera. Sin enseñarlo dentro y sin compararlo con lo que hace el cliente medido paso a paso, es una opinión con formato de marco. Y la opinión del que más manda suele ganar la reunión.
Un trabajo que vale para todo
“Ahorrar tiempo”, “crecer” o “vender más” son verdad para cualquier cliente de cualquier empresa, y por eso no deciden nada. Un trabajo sirve cuando tiene una situación concreta delante: un momento del mes, un problema que acaba de pasar, alguien que se lo pide.
Usarlo para tirar el perfil
El trabajo no sustituye al perfil del cliente, lo completa. Sin el perfil no sabes a quién llamar; sin el trabajo no sabes qué decirle cuando conteste. Las dos preguntas van juntas, y la que suele faltar en las empresas es la segunda.
Lo que se pregunta sobre jobs to be done.
¿Qué es jobs to be done en marketing?
Es una forma de entender al cliente por lo que intenta conseguir y no por quién es. El cliente contrata un producto para resolver algo concreto en un momento concreto, y lo despide cuando deja de resolverlo. Cambia la pregunta de quién es el cliente a qué intenta hacer.
¿Cómo se escribe un job to be done?
Con una frase de tres huecos: cuando pasa esta situación, quiero conseguir este avance, para obtener este resultado. En la frase no aparece tu producto ni ninguna funcionalidad. Después se dibuja la ruta del cliente, se enseña a dos o tres personas de la empresa y se compara con lo que hace el cliente medido paso a paso.
¿En qué se diferencia jobs to be done de la buyer persona?
La buyer persona describe quién compra: cargo, sector, tamaño, lenguaje. Jobs to be done describe qué intenta hacer cuando compra. Dos personas muy distintas pueden contratar lo mismo por el mismo trabajo, y dos casi iguales pueden comprar cosas opuestas. No se sustituyen: una dice a quién llamar y la otra qué decirle.
¿Para qué sirve jobs to be done en una empresa?
Para cuatro decisiones: escribir el mensaje con la situación que el cliente reconoce, quitar del producto lo que ningún trabajo necesita, diseñar la activación para que el trabajo quede hecho la primera vez y medir cuántas veces queda hecho en lugar de contar solo altas.
Los que hacen falta para usar este.
Cómo se traduce una misión en indicadores y en trabajo de dos semanas.
La misión medible: a quién ayudas, cuánto y para cuándo. La facturación es su consecuencia, no la métrica.
La ficha de la persona que decide dentro del cliente: qué le preocupa, qué le hace decir que no y con qué palabras lo dice.
Qué haces, para quién y por qué tú. Si no cabe en una frase no está clara, y la web lo paga en conversión.
Las dos o tres acciones del sprint que mueven el objetivo. Si se caen, el sprint no ha servido aunque todo lo demás esté hecho.
El porcentaje de la facturación que entra por un solo canal. Pasado cierto peso, un cambio de algoritmo o de puja te toca la caja entera.
El reparto entre el trabajo que genera el resultado y el que lo acompaña. Ordena en qué se gasta el tiempo cuando la semana se llena de urgencias.