Autoridad de dominio.
Una puntuación de 0 a 100 que una herramienta externa le pone a tu dominio para estimar cuánto respaldo ha acumulado. No la publica ningún buscador, no la calculas tú y no responde de ninguna venta.
La autoridad de dominio es una puntuación de 0 a 100 con la que una herramienta externa —Moz, Ahrefs o Semrush— estima el respaldo que un dominio ha acumulado en forma de enlaces de otras webs. No es una nota oficial de ningún buscador y no mide tráfico ni ventas.
También: domain authority · domain rating · authority score
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
Una nota que te pone un tercero, no un dato de tu negocio.
La autoridad de dominio es una puntuación de 0 a 100 con la que una herramienta externa estima cuánto respaldo ha acumulado un dominio en forma de enlaces de otras webs. Moz la llama Domain Authority, Ahrefs la llama Domain Rating y Semrush la llama Authority Score. Google no la llama nada: no existe una nota oficial de un buscador, y ninguna de las tres herramientas ve por dentro cómo se ordenan los resultados.
El malentendido que hay que resolver es de categoría, no de matiz. En un comité, “estamos en 42” se dice con el mismo tono con el que se dice una cifra de facturación, y no son la misma clase de cosa. La facturación la certifica tu contabilidad. El 42 lo produce el modelo de un proveedor que te vende la suscripción a ese modelo, con los datos que ese proveedor ha conseguido rastrear. Otra herramienta, el mismo día y el mismo dominio, te da otro número, y ninguna de las dos está equivocada: están midiendo cosas parecidas con reglas distintas.
Lo que hay debajo sí es real. Cada backlink es una web que ha decidido mandar a su gente a la tuya, que es la forma que tiene internet de la prueba social: alguien que no te conoce se fía antes de ti si otros ya se han fiado. La autoridad de dominio intenta resumir ese respaldo acumulado en un solo número para poder ordenar dominios en una lista. Sirve para eso, dentro del SEO, y se rompe en cuanto se saca de ahí.
El material de partida. Se recogen rastreando la web, así que ninguna herramienta tiene la lista entera: tiene la suya.
Cuarenta enlaces del mismo sitio no son cuarenta respaldos. Lo que pesa es cuántas webs distintas te enlazan, y cuánto respaldo tiene cada una de ellas.
Cada herramienta pasa esas señales por un modelo propio que no publica entero. Ahí se decide qué enlace cuenta, cuánto y con qué descuento.
Sale una puntuación comparable contra otros dominios medidos con esa misma herramienta el mismo día. Con nada más.
Tu tráfico, tus leads, tus ventas y tu margen. El número no los ha visto nunca. Por eso puede subir el trimestre en que peor vendes, sin contradecirse.
Los dos primeros eslabones se mueven con trabajo tuyo. Los dos últimos son de un tercero que te vende la suscripción al modelo con el que te puntúa.
No lo calculas tú. Lo estima un proveedor.
Entran los dominios distintos que te enlazan y el respaldo estimado de cada uno. No entra tu tráfico, no entran tus conversiones y no entra la calidad de lo que vendes. Tampoco entra tu enlazado interno, que decide cómo se reparte la fuerza dentro de tu web pero no toca este número.
Como el número no lo pones tú, la cifra que sí puedes auditar es la de debajo: cuántos dominios distintos te enlazaban hace un trimestre y cuántos te enlazan hoy. Esa lista tiene nombres, se puede leer una a una y se puede decidir si cada una de esas webs tiene algo que ver con lo que vendes. La puntuación es el resumen; la lista es el trabajo.
Y hay una propiedad de la escala que cambia por completo cómo se leen los objetivos: está comprimida arriba. Los puntos no valen todos lo mismo, ni de lejos.
“Subir diez puntos” se escribe igual en las dos puntas de la escala y no cuesta lo mismo. Con un factor de tres por cada diez puntos, pasar del 30 al 40 pide el triple de respaldo del que tienes, y pasar del 60 al 70 pide ochenta y una veces ese mismo punto de partida. Un objetivo redactado en puntos, sin decir en qué tramo, es una frase sin coste asociado: no se puede presupuestar, y no se puede saber si el equipo va bien o va fatal.
La misma compresión explica por qué compararte con un competidor mucho más grande no informa de nada accionable. Si él está en 70 y tú en 40, la distancia no son treinta puntos de trabajo: son veintisiete veces el respaldo que has acumulado hasta hoy. Eso no se cierra con más artículos. O se cierra por otro sitio, o no se cierra, y decidir cuál de las dos cosas es una decisión de dirección, no de calendario editorial.
El número tiene tres usos, y solo uno aguanta una decisión.
El primero sirve: filtrar dónde merece la pena pedir un enlace. El segundo sirve con cuidado: leer tu propia tendencia a doce meses, siempre con la misma herramienta y el mismo día del mes, porque las tres escalas no son intercambiables. El tercero no sirve: ponerlo como objetivo del negocio.
Incluso en el uso que sí sirve, el número del dominio se queda a medio camino. Lo que te llega no lo reparte el dominio: lo reparte la página concreta que te enlaza, entre todos los enlaces que salen de ella.
Los tres sitios tienen la misma puntuación de dominio. Lo único que cambia es cuántos enlaces salen de la página concreta que te enlaza, y el reparto es uno dividido entre esos enlaces: de la primera te llega cuarenta veces lo que te llega de la tercera.
De ahí sale el criterio para elegir: primero que la web tenga algo que ver con lo que vendes, después que el enlace salga de una página que no reparta su respaldo entre doscientos, y por último la puntuación del dominio. En ese orden. Un enlace relevante desde una web mediana mueve más que uno perdido en un directorio con una puntuación estupenda. Y apunta a la página que quieres que gane, normalmente tu página pilar del tema, no a la portada: la portada ya la encuentran.
Lo que convierte esto en una decisión de dirección y no en una tarea de agencia es el destino. Si la subida del número no aterriza como lead o como reunión en el pipeline, no tienes un canal de adquisición: tienes un número bonito sin destino. El marcador que hay que exigir en la reunión es cuántas búsquedas con intención de compra tienes ganadas y cuánto pipeline ha salido de ellas. La autoridad de dominio es una pieza del cómo, y el cómo no se presenta en un comité como si fuera el resultado.
Cuatro formas de mirar ese número y tomar la decisión contraria.
Ponerlo en el tablero de mando
Sube solo con el tiempo, se enseña bien en una reunión y no responde de ninguna venta: cumple los tres requisitos de una métrica de vanidad. Un KPI es un número que, cuando se mueve, cambia lo que haces la semana siguiente. Este casi nunca lo hace, así que no ocupa una fila del tablero de mando. Vive en el informe del canal, con los dominios de referencia nuevos al lado.
Comprarlo
Se puede comprar y funciona, en el sentido literal y peor: el modelo cuenta enlaces, así que el número sube. Lo que no sube es el negocio, porque quien te enlaza no ha mandado a nadie a tu web. Se paga dos veces, la factura y el riesgo de una penalización manual que se lleva por delante también el respaldo que sí te habías ganado. Es la única partida de marketing donde el resultado inmediato y el resultado a dos años apuntan en direcciones opuestas.
Cambiar de herramienta hasta que el número gusta
Tres proveedores, tres modelos, tres escalas. Un 55 de una no es un 55 de otra, y una serie histórica que a mitad de camino cambia de herramienta no es una serie: son dos trozos pegados. Se elige una, se anota la fecha de medición y se mide siempre igual, aunque la que salga peor sea la que se queda.
Despublicar páginas viejas sin redirigir
Retirar no es despublicar. Al retirar o fusionar artículos hace falta una redirección 301 a la pieza que ocupa su sitio, y no basta con quitarlos: una página que desaparece deja un error a quien la tenía enlazada y tira a la basura el respaldo acumulado que sostenía justo el número que estás intentando subir. Es un trámite de diez minutos y decide si años de enlaces siguen contando.
Lo que se pregunta sobre autoridad de dominio.
¿Cuánto es una buena autoridad de dominio?
No hay un número bueno en abstracto, porque la escala está comprimida arriba y no se compara entre herramientas. El único listón que sirve es el de los dominios que ya salen en las búsquedas por las que quieres aparecer: si están muy por encima de ti, la distancia no son puntos, son varias veces el respaldo que has acumulado hasta hoy.
¿Cómo se sube la autoridad de dominio?
Consiguiendo que más dominios distintos y relevantes te enlacen, y que lo hagan desde páginas que no repartan su respaldo entre cientos de enlaces salientes. No hay atajo que no tenga factura: comprar enlaces sube el número porque el modelo cuenta enlaces, y no sube el negocio porque quien te enlaza no manda a nadie a tu web.
¿Es lo mismo Domain Authority, Domain Rating y Authority Score?
Es la misma idea con tres modelos distintos: Domain Authority es de Moz, Domain Rating de Ahrefs y Authority Score de Semrush. Las tres van de 0 a 100 y ninguna es traducible a las otras. Se elige una, se mide siempre con ella y se anota la fecha, o la serie histórica deja de serlo.
¿Sirve la autoridad de dominio como KPI?
No. Sube sola con el tiempo, se enseña bien en una reunión y no responde de ninguna venta. Un KPI es un número que, cuando se mueve, cambia lo que haces la semana siguiente. Este vive en el informe del canal, con los dominios de referencia nuevos al lado, no en el tablero de mando.
Los que hacen falta para usar este.
Que te encuentren buscando y que te citen preguntando. Dos canales con la misma materia prima.
Un enlace que otra web te hace. La autoridad no la declaras tú: la firman otros.
Conseguir que una página tuya sea la respuesta que se enseña cuando alguien pregunta, sin pagar por el clic. Se hace página a página, contra una intención.
Número que solo sabe subir y no cambia ninguna decisión. Casi siempre es un acumulado sin denominador ni cohorte debajo.
Indicador que dice si una parte del negocio va donde tiene que ir. Se elige uno o dos por área: la lista de veinte no la mira nadie.
El grupo de páginas que cubre un tema desde ángulos distintos, con una cabeza que las recoge. Es lo que evita que compitan entre ellas.
Cómo se cosen entre sí tus propias páginas. Decide qué se entiende como importante dentro de tu web y qué queda huérfano.