Efecto mínimo detectable.
Tu tráfico pone un suelo a lo que un test puede demostrar. El efecto mínimo detectable es ese suelo: la mejora más pequeña que tu muestra sabría distinguir del azar. Se calcula antes de lanzar, no después de tres semanas sin conclusión.
El efecto mínimo detectable (MDE) es la mejora más pequeña que un test puede demostrar con el tráfico y el tiempo de que dispone. Se calcula antes de lanzarlo: con un 2% de conversión y 4.000 visitas por variante, el mínimo detectable es un 43,9% de mejora relativa.
También: minimum detectable effect · mde · mejora mínima detectable
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
El número que te dice si el test puede llegar a contestar.
Un test A/B no contesta “¿esto funciona?”. Contesta una pregunta bastante más estrecha: ¿este cambio es lo bastante grande como para que mi tráfico lo distinga del azar? El efecto mínimo detectable —MDE— es la respuesta a esa segunda pregunta, y se conoce antes de lanzar nada.
El malentendido que resuelve es el más caro de la disciplina. Un test vuelve “no concluyente” y en la reunión se traduce por “el cambio no funciona, siguiente”. Son dos cosas distintas. “No funciona” significa que la versión nueva no mejora nada. “No concluyente” significa que la mejora, si la hubo, era más pequeña que lo que tu muestra podía ver. La primera es información. La segunda es un instrumento demasiado corto, y confundirlas hace que tires a la basura cambios que sí funcionaban.
Pon números. Una página que recibe 8.000 visitas al mes, un 2% de conversión y un mes de test: quedan 4.000 visitas por variante. Con esa muestra, la mejora más pequeña que el test puede demostrar es de un +43,9% relativo. O sea que si tu cambio mejora la conversión un 8% de verdad —que en una web es un cambio bueno— el test va a decir “no concluyente” con total seguridad. No porque el cambio no sirva: porque el instrumento no llega.
Por eso el MDE es lo primero que se calcula de un experimento que se vaya a medir con un test. No es un tecnicismo de analista: es la decisión de si merece la pena gastar tres semanas de calendario en esa pregunta.
Tres datos tuyos y una constante que no se toca.
MDE relativo = raíz de (15,70 × (1 − c) ÷ (n × c)), donde c es tu tasa de conversión de hoy y n las visitas que recibe cada variante. El 15,70 sale de exigir un 95% de confianza y un 80% de potencia: es lo que tu herramienta usa por defecto, aunque no te lo enseñe.
Lo importante de la fórmula no es la constante, es dónde está la n: debajo de una raíz. Cuadruplicar el tráfico no divide el listón por cuatro, lo divide por dos. Con un 2% de conversión, pasar de 4.000 a 30.000 visitas por variante —siete veces más gente— solo baja el mínimo detectable del 43,9% al 16,0%. Esa raíz es la razón de que el tamaño de muestra de un test crezca de forma tan brutal cuando quieres detectar cambios pequeños.
Sobre qué entra y qué no. La n son las visitas de esa URL, no las de la web entera: si el cambio está en una landing concreta, el tráfico que cuenta es el suyo. Y son visitas por variante: un test a dos versiones parte tu tráfico por la mitad antes de empezar, y uno a cuatro versiones lo parte por cuatro. La c es la conversión de la acción que vas a medir de verdad, no la del embudo entero; medir “clics en el botón” da un MDE mucho más bajo que medir compras, porque hay más eventos, pero entonces el test contesta sobre el botón y no sobre la venta. Y la ventana mínima son dos semanas completas, para que entren los lunes y los domingos.
De aquí sale una cifra que conviene tener a mano antes de prometer nada: con un 2% de conversión, ver una mejora del 10% exige 153.838 visitas repartidas entre las dos versiones. A 8.000 visitas al mes son más de diecinueve meses de test. No es que sea difícil, es que no se puede.
Con el MDE delante, un test solo puede estar en tres sitios.
El número no se archiva en un informe: decide si el test se lanza, si se lanza otro o si el problema se ataca por otro lado.
Tienes tráfico de sobra para arbitrar cambios finos: un titular, el orden de dos bloques, un botón. Lanza y respeta la ventana.
El test sirve, pero solo para cosas que muevan mucho. Ordena el backlog por tamaño esperado del efecto, no por lo fácil que es implementarlo.
Vas a esperar semanas para que te digan “no concluyente”. Decide con research cualitativo: grabaciones, heatmaps, entrevistas.
La tercera zona es la que se vive en la mayoría de las empresas medianas, y por eso existe una regla de suelo: por debajo de 8.000 usuarios al mes por URL —dato contrastado con el equipo de VWO— un test A/B deja de ser representativo. Es la muestra estadística de toda la vida: que 8 de cada 10 personas de una sala tengan los ojos azules no dice nada del 80% de la población. Si tu web mueve menos de eso, no montes un A/B esperando que decida por ti. Decide con research cualitativo: grabaciones, mapas de calor, entrevistas. Eso no te libra de experimentar, solo cambia la herramienta.
Cuando el MDE sale absurdo hay exactamente tres salidas, y ninguna es estadística. Una: probar un cambio más grande. Si tu test solo ve mejoras del 40% para arriba, deja de testear el color del botón y rehaz la página entera, porque solo un cambio de ese tamaño va a asomar por encima del ruido. Dos: comprar el tráfico que falta. Meter presupuesto de paid media a esa URL durante la ventana del test es a menudo más barato que esperar seis meses, y tiene la ventaja de que el tráfico comprado se puede cortar en seco cuando el test cierra. Tres: medir más arriba. Si la compra es un evento raro, mide el paso anterior —el añadir al carrito, el inicio de formulario— sabiendo que estás contestando una pregunta más pequeña.
Y una advertencia de fondo, porque el MDE se usa muchas veces para justificar volumen de tests. El objetivo no es lanzar el máximo número de experimentos posible. Se han visto proyectos que, tocando solo 4 o 5 cosas, logran más que otros que lanzan 15 tests a la semana durante meses. Antes de tocar nada van tres preguntas: cuál es tu North Star, qué cuello de botella quieres superar y qué objetivo tiene realmente este test. El MDE es lo que ordena el backlog de experimentos después de contestarlas, no lo que las sustituye. Y cada test sigue naciendo de una hipótesis con fundamento, no de un “a ver qué pasa”.
Test bilateral al 95% de confianza con 80% de potencia, a dos variantes. Se calcula en tu navegador: no se guarda ni se envía nada.
Cuatro formas de tener el número y usarlo mal.
Calcularlo después
El MDE calculado cuando el test ya ha terminado sirve para explicar por qué no concluyó, y para nada más. Su valor entero está en decidir antes: si el número sale por encima de lo que el cambio puede mover de forma razonable, ese test no se lanza y esas tres semanas se usan en otra cosa. Es la diferencia entre un plan y una autopsia.
Meter el tráfico de toda la web
El dato es el de la URL que cambia, dividido entre el número de variantes. Coger la sesiones totales de la web infla la muestra por cinco o por diez y produce un MDE optimista que no existe. El mismo error, con otra cara: contar visitas cuando el test se decide por usuarios únicos, o al revés.
Leerlo como una promesa
Un MDE del 44% no dice que vayas a mejorar un 44%. Dice que por debajo de esa mejora no vas a ver nada. Es un límite de resolución del instrumento, no una previsión de resultado; confundirlo lleva a prometer en comité una subida que nadie ha estimado. Lo que sí puede salir de ahí es un aprendizaje validado: cuánto tiene que mover un cambio para que esta web pueda demostrarlo.
Parar el test en cuanto se pone verde
Fijar un MDE y una duración y luego cortar el martes porque la herramienta marcó ganador anula el cálculo entero: mirando cada día, tarde o temprano cualquier test cruza el umbral por azar. La ventana se decide antes y se respeta, y el resultado se lee junto a su significancia estadística. Todo esto vale para la web y vale igual para una prueba de CRO en el checkout: el instrumento no mejora porque tengas prisa.
Lo que se pregunta sobre efecto mínimo detectable.
¿Cómo se calcula el efecto mínimo detectable?
MDE relativo = raíz de (15,70 × (1 − c) ÷ (n × c)), donde c es tu conversión actual en tanto por uno y n las visitas que recibe cada variante. El 15,70 es la constante de un test bilateral al 95% de confianza con un 80% de potencia. Con un 2% de conversión y 4.000 visitas por variante, el mínimo detectable es un 43,9%.
¿Cuánto tráfico hace falta para que un test A/B decida?
Por debajo de 8.000 usuarios al mes por URL —dato contrastado con el equipo de VWO— un test A/B deja de ser representativo. Con esa cifra y un 2% de conversión, un mes de test solo detecta mejoras del 43,9% para arriba, así que el test devolverá no concluyente casi siempre.
¿Qué hago si el efecto mínimo detectable me sale demasiado alto?
Hay tres salidas y ninguna es estadística: probar un cambio más grande, comprar tráfico para esa URL durante la ventana del test, o medir un paso más arriba del embudo donde hay más eventos. Y si tu web mueve menos de 8.000 usuarios al mes por URL, decide con research cualitativo: grabaciones, mapas de calor y entrevistas.
¿El MDE es lo mismo que el resultado que voy a obtener?
No. Un MDE del 44% no significa que vayas a mejorar un 44%: significa que por debajo de esa mejora el test no distinguirá nada del azar. Es el límite de resolución del instrumento, no una previsión de resultado.
Los que hacen falta para usar este.
Cómo se comprueba una idea antes de creérsela, y cuándo un resultado significa algo.
Dos versiones de lo mismo enseñadas a la vez a públicos equivalentes para ver cuál convierte mejor. Con poco tráfico no separa la señal del ruido.
Un cambio hecho a propósito para contestar una pregunta, con el criterio de éxito decidido antes de mirar el resultado. Sin pregunta ni criterio no hay experimento: hay un cambio.
Optimización de la conversión. Casi siempre es lo que hay que mirar ANTES de tocar los anuncios.
El tráfico por el que pagas de forma directa. Su precio lo fija una subasta contra tu competencia, así que se encarece solo cuando lo usas más.
Lo que sabes después del experimento y no sabías antes, escrito para que siga sirviendo dentro de un año. El único resultado que no caduca cuando cambias la creatividad.
La lista ordenada de lo que vas a probar y en qué orden. Convierte las ideas sueltas de una reunión en trabajo de las próximas semanas.