Tamaño de muestra.
Antes de lanzar un test hay que saber cuánta gente tiene que verlo para que concluya algo. Por debajo de esa cifra, el ganador que pinta la herramienta es azar. Se calcula con tu conversión y la mejora que te importa, y de ahí salen las semanas.
El tamaño de muestra de un test A/B es el número de visitas que necesita cada versión para distinguir del azar la mejora que se busca. Se calcula con la conversión base y la mejora mínima de interés: con un 2% de conversión y un +20% de mejora, al 95% de confianza y 80% de potencia, hacen falta 19.230 visitas por versión.
También: sample size · muestra mínima · tamaño muestral
Agencia Snowball, Barcelona · Revisado el
Cuánta gente tiene que pasar antes de que el resultado signifique algo.
Un test A/B no compara dos versiones de una página. Compara dos muestras de gente. Y dos muestras del mismo público, viendo exactamente la misma página, dan números distintos solo por cómo ha caído el reparto. El tamaño de muestra es el número de visitas que tiene que ver cada versión para que la diferencia que buscas asome por encima de ese ruido. Se calcula antes de lanzar, y fija el día en que el test se puede leer.
El malentendido que resuelve es creer que el test está listo cuando la herramienta pinta un ganador. La herramienta pinta ganador desde el primer día. Con trescientas visitas por lado, ese ganador es ruido con forma de decisión: un número que parece una conclusión y que el lunes siguiente puede haber cambiado de bando.
Pon números, con un ejemplo ilustrativo. Una página convierte al 2% y quieres saber si un cambio la lleva al 2,4%: un +20% relativo, cuatro décimas de punto. Si las dos versiones fueran idénticas, con 500 visitas por versión el azar ya produce diferencias de hasta ±1,74 puntos en 95 de cada 100 tests. Tus cuatro décimas quedan enterradas cuatro veces. Con 8.000 visitas por versión la horquilla sigue en ±0,43, todavía más ancha que lo que buscas. Hasta las 32.000 no baja a ±0,22.
El testing es estadística pura y dura, y la buena noticia es que casi todo el cálculo lo hacen las máquinas. Lo que no hacen es avisarte, antes de que montes nada, de si tu tráfico da para contestar la pregunta. Ese aviso es este número. Que 8 de cada 10 personas de una sala tengan los ojos azules no dice nada del 80% de la población: la sala es demasiado pequeña.
Dos datos tuyos, una constante y una división.
Visitas por versión = 15,70 × (1 − c) ÷ (c × m²). La c es tu tasa de conversión de hoy y la m la mejora relativa más pequeña que te interesa detectar, las dos en tanto por uno: un 2% es 0,02 y un +20% es 0,20.
El 15,70 no es un número mágico. Sale de dos exigencias que fijas tú, aunque la herramienta las traiga puestas. La primera es la confianza del 95%: aceptas que 5 veces de cada 100 declararás ganador a un cambio que no hace nada. Es la significancia estadística. La segunda es la potencia del 80%: si el cambio mejora de verdad lo que dices, el test lo caza 8 veces de cada 10. Pedir un 90% de potencia sube la constante a 21,01; conformarte con un 90% de confianza la baja a 12,37. Muchas calculadoras redondean a 16 —la regla de Lehr—, y por eso dos herramientas te dan cifras un 2% distintas con los mismos datos.
Recuadrada, la celda del ejemplo: 2% de conversión y +20% de mejora, 19.230 visitas por versión. 95% de confianza y 80% de potencia.
La matriz enseña las dos cosas que importan de la fórmula. Una: la mejora va al cuadrado. Pedir la mitad de mejora multiplica la muestra por cuatro. Con un 2% de conversión, ver un +20% pide 19.230 visitas por versión; ver un +10%, 76.919. Dos: la conversión está debajo. Cuanto más rara es la acción que mides, más gente necesitas: la misma mejora del 20% sobre un 10% de conversión se resuelve con 3.532.
De la muestra a los días hay una división más: visitas por versión × número de versiones ÷ visitas diarias de esa URL. Se redondea hacia arriba a semanas enteras y nunca baja de dos, porque un negocio no convierte igual el martes que el domingo y una semana a medias mete unos días y no otros. En el ejemplo, 19.230 × 2 son 38.460 visitas, y al 2% eso son unas 769 conversiones en total. Lo que manda son esos eventos, no las visitas.
Qué entra y qué no. Las visitas son las de la página donde va el cambio, no las de la web entera. La c es la del evento de conversión que vas a medir de verdad, no la del embudo completo. Y esa c tiene que salir de un conteo que aguante: si el tracking duplica compras o pierde la mitad de los formularios, la muestra que calculas es la de otro negocio. Cuando la analítica y la herramienta de testing no cuentan lo mismo —una discrepancia de plataforma de manual—, usa la conversión que cuenta la herramienta, que es la que va a decidir el test.
Con la muestra calculada, la pregunta es cuántas semanas cuesta.
La misma página del ejemplo, al 2% y buscando un +20%, con tres niveles de tráfico. La muestra no cambia; lo que cambia es cuánto tardas en reunirla.
Con 8.000 visitas al mes en la URL, el test necesita 21 semanas, casi cinco meses con la página congelada. Con 30.000, 6 semanas. Con 100.000, la ventana mínima de dos. Ese primer escenario no es casual: por debajo de 8.000 usuarios al mes por URL —dato contrastado con el equipo de VWO— un test A/B deja de ser representativo. Y como se ve, justo en el suelo y con una mejora generosa, el test ya pide más de veinte semanas. Si tu web mueve menos, no montes un A/B esperando que decida por ti: decide con research cualitativo, con grabaciones, mapas de calor y entrevistas. Eso no te libra de experimentar, solo cambia la herramienta.
Cuando la duración no cabe en tu calendario, las palancas salen de la propia fórmula. Pedir una mejora mayor, que en la práctica significa probar cambios que muevan mucho y no el color de un botón: doblar la m divide la muestra entre cuatro. Medir un paso más arriba, donde la c es más alta, sabiendo que contestas una pregunta más pequeña. Quitar versiones: cada una que añades reparte el mismo tráfico entre más bocas. O comprar el tráfico que falta con paid media hacia esa URL durante la ventana. Leída al revés, la misma cuenta te dice qué mejora mínima puede ver tu tráfico en el tiempo que tienes: eso es el efecto mínimo detectable.
Lo que no es palanca es bajar la exigencia a escondidas o parar antes de llegar. La muestra y la fecha de cierre se escriben en la hipótesis antes de lanzar, y el test se lee ese día, no el día que va ganando.
Test bilateral al 95% de confianza con 80% de potencia. Se calcula en tu navegador: no se guarda ni se envía nada.
Cuatro formas de tener el número y usarlo mal.
Calcularla con la mejora que esperas
La m es la mejora más pequeña que te haría cambiar de decisión, no la que confías en conseguir. Si metes un +30% porque estás convencido del cambio y el cambio da un +12%, has calculado un test que no puede verlo. Saldrá no concluyente y lo leerás como “no funciona”. El optimismo en la m es la forma más barata de fabricar tests que nunca concluyen.
Alargar el test hasta que salga
La muestra calculada es un compromiso, no un mínimo que se estira. Seguir sumando semanas porque “está a punto” es mirar el resultado una y otra vez hasta que el azar te dé la razón. Si al llegar a la muestra no hay ganador, esa es la respuesta: el cambio no mueve lo que necesitabas ver.
Añadir versiones sin recalcular
La muestra es por versión. Pasar de dos a tres versiones con el mismo tráfico alarga el test la mitad; a cuatro, lo dobla. Cada idea que se cuela “ya que estamos” tiene un precio en semanas, y casi nadie lo paga a sabiendas.
Cortar a media semana
Llegar a la cifra un miércoles y parar deja dos martes y un solo domingo dentro de la muestra. Hay que cumplir las dos cosas: la cifra y las semanas enteras. Vale para cualquier prueba de CRO, también en el checkout: el día de la semana también convierte.
Lo que se pregunta sobre tamaño de muestra.
¿Cómo se calcula el tamaño de muestra de un test A/B?
Visitas por versión = 15,70 × (1 − c) ÷ (c × m²), donde c es tu conversión actual y m la mejora relativa mínima que quieres detectar, las dos en tanto por uno. El 15,70 corresponde a un 95% de confianza y un 80% de potencia. Con un 2% de conversión y un +20% de mejora salen 19.230 visitas por versión.
¿Cuántos días tiene que durar un test A/B?
Los que tarde tu tráfico en reunir la muestra: visitas por versión por número de versiones, dividido entre las visitas diarias de esa URL. Se redondea a semanas enteras y nunca menos de dos. Con un 2% de conversión, buscando un +20% y 30.000 visitas al mes, son 6 semanas; con 8.000 al mes, 21.
¿Por qué unas calculadoras usan 16 y otras 15,70?
El 16 es la regla de Lehr, un redondeo de la misma constante para un 95% de confianza y un 80% de potencia. La diferencia es de un 2% en la muestra y no cambia ninguna decisión. Lo que sí la cambia es la potencia: pedir un 90% sube la constante a 21,01.
¿Qué hago si la muestra no cabe en mi tráfico?
Probar un cambio que mueva más, porque doblar la mejora buscada divide la muestra entre cuatro; medir un paso más arriba del embudo, donde la conversión es mayor; quitar versiones; o comprar tráfico para esa URL durante la ventana. Por debajo de 8.000 usuarios al mes por URL, decide con research cualitativo: grabaciones, mapas de calor y entrevistas.
Los que hacen falta para usar este.
Saber de dónde viene cada venta y poder demostrarlo cuando alguien lo discuta.
Saber de dónde viene cada venta. Sin esto, cualquier decisión de inversión es el cuento de la vieja.
Dos versiones de lo mismo enseñadas a la vez a públicos equivalentes para ver cuál convierte mejor. Con poco tráfico no separa la señal del ruido.
La probabilidad de que la diferencia entre dos versiones no sea casualidad. Cortar el test en cuanto la herramienta se pone verde es la forma más común de creerse un resultado falso.
Optimización de la conversión. Casi siempre es lo que hay que mirar ANTES de tocar los anuncios.
Lo que el usuario te deja medir. Hoy decide qué porcentaje de tus datos existe, y ningún arreglo técnico se lo salta.
Los datos que tienes porque te los dio tu cliente. El único activo de medición que no depende de una plataforma ajena.